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 Asunto: LA FINTA SEMPLICE (A Coruña)
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«La finta semplice»: ellos, el sexo débil
Hugo Álvarez Domínguez
CRÍTICA MUSICAL

La obra, con un montaje inspirado en el mundo de Barbie, se estrenó el viernes en la ciudad y este domingo repite función
27 sep 2025 . Actualizado a las 17:31 h.
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El primer pensamiento ante el regreso a A Coruña de una rareza como La finta semplice (que escuchamos en 1999) es la pérdida irreparable que supuso la desaparición del Festival Mozart en el 2014, tras 16 ediciones. Tuvo citas memorables y permitió acceder a una oferta musical hoy impensable aquí. Permítanme recordar con nostalgia lo que muchos han olvidado.
Sorprende que Amigos de la Ópera apueste por esta obra que Mozart compuso con 13 años. No escapa de particularidades formales ortopédicas o libreto de escaso interés; y es musicalmente desigual, con ecos de lo que vendrá (Senti l'ecco es una genialidad; Ella vuole ed io vorrei anticipa la tradición buffa rossiniana, y en el concertante final asoman Cosí fan tutte o Nozze di Figaro). De agradable escucha, quizá era la ocasión para apostar por reparto español.
El libreto, típico enredo de equívocos con final feliz, posee ideas que hoy difícilmente pasarían el filtro de la cultura de la cancelación. Gianmaria Aliverta plantea un montaje esquemático inspirado en el mundo de Barbie, en el que un universo llamado patriarcado (de hombres heterobásicos, musculosos y cerveceros) cae ante la astucia de las féminas, que parten como chachas (en el peor sentido) para acabar empoderadas bajo la bandera de Rosina, única mujer hecha y derecha de partida. Al final, las mujeres (sin importar su clase) se convierten en nuevas Barbies mientras los hombres dejan atrás a Ken para rendirse al rosa con atributos femeninos: la astucia femenina triunfa y los hombres son el sexo débil.
Aliverta, sobre escenografía minimalista con aires de cómic, trabaja arquetipos movidos como muñecos, apostando por una comedia básica y funcional. La propuesta es sencilla y honesta; y, aunque resulte algo desnuda, sirve al objetivo sin esconder la economía de medios de un montaje capaz hasta de reírse de sí mismo, que mejora en la segunda parte. ¿Se podría encargar a la ESAD de Galicia? Seguramente, pero eso no invalida lo presentado.
La Sinfónica de Galicia (OSG) tuvo en Giuseppe Sabbatini un aliado de excepción para un brillante ejercicio de estilo por sonoridad, flexibilidad y articulación: el mejor Mozart que se recuerda a la orquesta en tiempo. Sorprendió no contar con el titular de la OSG, que tiene en Mozart su especialidad; pero la notable e inspirada batuta de Sabbatini logró que no se le echase de menos.
En el reparto hubo voces no especialmente sonoras; pero en estilo. Destacó la Rosina de Diana Alexe, lírico-ligera homogénea con un atractivo punto de velo oscuro en el centro y detalles de clase en el fraseo, además de actriz consumada: se lució en Senti l'ecco o Amoretti. Interesante el Cassandro de Christian Pursell, por lo redondo del timbre y lo bien intencionado del canto; mientras que el Polidoro de Anthony Webb aportó voz sana y conocimiento de estilo, con deje anglosajón.
El resto, algo por debajo, incluyó a Angela Schisano, buena cantante con instrumento genérico; Marina Zyatkova, soubrette suficiente en Ninetta; Caio Durán, apurado por arriba, y David Cervera, mejor por sonoridad que por una articulación borrosa.
Orquesta, batuta y soprano protagonista fueron lo mejor de un acercamiento aceptable a una obra sencilla que explica el futuro de un genio.


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 Asunto: Re: LA FINTA SEMPLICE (A Coruña)
NotaPublicado: 01 Oct 2025 21:10 
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https://www.beckmesser.com/critica-moza ... -semplice/
Mozart en otoño
La finta semplice, de Wolfgang Amadeus Mozart, ópera bufa en tres actos. Libreto de Carlo Goldoni, adaptado por M. Coltellini. Reparto: Diana Alexe (Rosina); Christian Pursell (Cassandro); Anthony Webb (Polidoro); Angela Schisano (Giacinta); Marina Zyatkova (Ninetta); Caio Duran (Fracasso); David Cervera (Simone). Orquesta Sinfónica de Galicia; director musical, Giuseppe Sabatini. Dirección de escena, Gianmaria Aliverta; Diseño de iluminación, Darío Autrán; Diseño de vestuario y utilería, Eli Siles; Regidor, Jaime Rodríguez Roa; Maestro repetidor, Ernesto Alemán. Producción de Amigos da Ópera de A Coruña. Palacio de la Ópera de A Coruña, 26 de septiembre.
Mozart en otoñoLa finta semplice, de Wolfgang Amadeus Mozart, ópera bufa en tres actos. Libreto de Carlo Goldoni, adaptado por M. Coltellini. Reparto: Diana Alexe (Rosina); Christian Pursell (Cassandro); Anthony Webb (Polidoro); Angela Schisano (Giacinta); Marina Zyatkova (Ninetta); Caio Duran (Fracasso); David Cervera (Simone).Orquesta Sinfónica de Galicia; director musical,Giuseppe Sabatini. Dirección de escena, Gianmaria Aliverta; Diseño de iluminación, Darío Autrán; Diseño de vestuario y utilería, Eli Siles; Regidor, Jaime Rodríguez Roa; Maestro repetidor, Ernesto Alemán. Producción de Amigos da Ópera de A Coruña. Palacio de la Ópera de A Coruña, 26 de septiembre.

In illo tempore…

Un viejo amigo respondía siempre “buena hora para recibir un giro” cuando se hablaba de la hora que era. De Mozart siempre se podrá decir lo mismo: bienvenido sea, siempre y en cualquiera de sus formas de manifestarse. Pero hubo un tiempo en que Mozart florecía en A Coruña al final de la primavera: tres lustros “bien servidos”, de 1998 a 2014, de Festival Mozart que dejaron una huella imborrable en la afición coruñesa.
Y en la Orquesta Sinfónica de Galicia. Que gracias a aquella experiencia y su participación como orquesta residente del Festival Rossini de Pésaro, esta de la mano del inolvidable Alberto Zedda, se convirtió en una soberbia orquesta de foso. Es indudable que toda capacidad se beneficia del ejercicio de la actividad y que algo puede haberse perdido en años de escasez mozartiana.
Pero como quien tuvo retuvo, la afinidad por la música del de Salzburgo y la calidad operística de la OSG regresan a nada que haya en el podio un director que comprenda al compositor y sepa motivar a la orquesta. Que es precisamente lo que sucedió en la primera función de esta Finta semplice desde la obertura -en tres movimientos como era moda y/o norma en los tiempos de su estreno-.
Bien es verdad que antes de empezar a gozar de la música hubo que hacer algo parecido a lo que pasa cuando se quiere escuchar una grabación antigua de una versión de referencia. En este caso, un proceso de adaptación a la extraña acústica del Teatro Colón y a su reducido foso, que obliga a reducir los efectivos de cuerdas y proyecta de forma extraña e irregular el sonido, aunque una vez adaptado a esto el oído, solo quedaba disfrutar de lo que allí sonaba.
Y se pudo disfrutar, vaya si se pudo. El desempeño de la Sinfónica y de Sabatini fue seguramente lo mejor de la noche en el lo que respecta a la música, con una interpretación totalmente en estilo que supo llevar a sonido la corrección y los ramalazos de genio que ya le asomaban a su preadolescente autor..
Vocalmente, por voz y por interpretación tanto musical como teatral, Diana Alexe brilló con luz propia, con una Rosina muy de carne y hueso, incluso dentro de las limitaciones del libreto y los límites marcados por la dirección escénica. Esta, firmada por Gianmaria Aliverta, es una proyección del universo Barbie creado por Greta Gerwig, con el mismo tipo de autocomplacencia pero bastante menos carga de profundidad. Que no es lo mismo escribir un guion para un filme a estrenar en 2023 que el libreto para una ópera estrenada en 1769 (por cierto, las fechas de nacimiento y muerte de Mozart en la ficha del programa de mano están totalmente equivocadas).
La escenografía está dominada por lo que podríamos llamar una sencillez a mínimos. La poquedad de elementos facilitaría el movimiento de los cantantes, reducido en la práctica a movimientos laterales sin apenas ninguno de la línea de candilejas al foro y viceversa. Esto produce una sensación de planitud, que no plenitud, muy adecuada al ambiente de tira dibujada que posiblemente haya estado en la intención del regista.
El color, producido por una iluminación más que eficaz y con un total predominio de los tonos pastel, refuerza el sentido de cada escena y forma parte de lo que podríamos llamar el decorado. Hay unos cuantos cambios que le dan a la obra el poco sentido dramático que permite el libreto: sobresale entre ellos el previo a Senti l’ecco, que ayuda, y cómo, a comprender y sentir la emoción del canto de la Rosina de Alexe.
Esta expresó con una gran interpretación, voz limpia y brillante y gran gestualidad facial y corporal. Y esto pese a tener los pies “atornillados” al suelo, lo que daba a sus movimientos un carácter casi de marioneta de guante. Destacó por frescura de voz y línea de canto el Polidoro de Anthony Webb y cumplió con corrección el resto del reparto.
La función fue a más desde una primera parte más plana – más que plana, podríamos decir incluso- a una segunda con mayor dinamismo teatral dentro, insisto, de las limitaciones del libreto. Quedará en mi memoria la repercusión de la iluminación como elemento dramático y los destellos del genio apenas vislumbrados en la traducción a sonido de la partitura. Sobre todo, esos concertantes que “suenan a Mozart” y, en especial, el que cierra la obra.

Julián Carrillo Sanz


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 Asunto: Re: LA FINTA SEMPLICE (A Coruña)
NotaPublicado: 01 Oct 2025 21:16 
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https://www.operaactual.com/critica/cua ... del-mundo/
Cuando Barbie convirtió a los Ken del mundo
A Coruña
29 / 09 / 2025 - José Luis JIMÉNEZ

Dice mucho de la historia operística una ciudad que la representación de un título como La finta semplice no sea un estreno, y que la vez anterior no fuera siglo y medio antes, sino que hace relativamente poco, en el extinto Festival Mozart de 1999. El pasado reciente de A Coruña en lo que a lírica se refiere sigue proyectando su larga sombra sobre un presente de líneas un tanto indefinidas. Los Amigos de la Ópera han apostado no solo por recuperar este título —menor dentro de la obra mozartiana— sino atreverse a estrenar sobre el Teatro Colón una producción propia, aunque con unos mimbres evidentemente low-cost, flamenco hinchable incluido. El resultado de la propuesta de Gianmaria Aliverta es un tanto contradictorio, porque si bien el espíritu capta la esencia de la trama bufa, su desarrollo incurre en más de una reiteración a lo largo de la función.
En esta propuesta la historia se desarrolla en un lugar llamado Patriarcado, donde ellos son mayormente como el muñeco de Ken: metrosexuales, holgazanes, machistas, y con la única preocupación de su aspecto musculado y exudar testosterona. Ellas, por el contrario, son sirvientas con cofia que barren y planchan. En este contexto, la finta semplice no podía ser otra que Barbie. Serán sus artimañas las que, a lo largo de la ópera, consigan que estos Ken caricaturizados, cobardones envueltos en masculinidad tóxica, acaben abrazando el rosa —con vestuario de Eli Siles— y culminen así su viaje al lado luminoso de la sociedad. La idea es simpática, pero la comicidad no acaba de funcionar, de arrancar siquiera una media sonrisa. Sobre el escenario, escasísimos elementos y rosa, mucho rosa.

Tampoco es que el libreto de Marco Coltellini —que adaptaba un original de Carlo Goldoni— permita muchas licencias. Algunos pasajes han envejecido terriblemente mal: «incluso si la mujer es infiel, si la mujer es ingrata, cuando te mira y te sonríe, quieras o no quieras, tienes que perdonarla»; «yo quiero un marido capaz de tratarse como a mí me guste (…) que no coma, que no beba, que de nosotras todo reciba y que nos deje mandar». Y como estos, un buen puñado más. El contexto es bufo, desde luego, pero incluso así todo esto muestra de dónde viene parte importante de la cultura mediterránea… La versión elegida en A Coruña mantuvo el grueso de los diálogos en recitativo secco. Por el contrario, de las páginas musicales se echaron en falta el aria de Cassandro «Non c’è al mondo» y la de Polidoro «Sposa cara, sposa bella», que fueron omitidas.
La finta semplice (1769) fue la primera ópera bufa que escribió el jovencísimo Mozart con apenas 12 años, y no es descartable que papá Leopold echara algo más que una mano para un género que a su hijo le era desconocido hasta esa fecha. No hay grandes páginas para los solistas, ni por melodías de especial mérito, ni por exigencias técnicas sobresalientes. La partitura es agradable y la brevedad de muchos números permiten ir sorteando la sensación de tedio. Si en el foso está la Sinfónica de Galicia, ya hay mucho ganado para que, al menos, el apartado orquestal funcione con garantías. Giuseppe Sabbatini aprovechó el buen hacer del conjunto —por colores, por empaste, por sonoridad— para estar más pendiente de los cantantes, a los que cuidó a lo largo de la función. A la batuta, solvente en términos generales, se le podría haber pedido, sin embargo, algo más de viveza en ciertos pasajes.
Por último, se contó con un cast entre lo funcional y lo correcto del que sobresalieron los intérpretes de Rosina y Cassandro. Diana Alexe es una soprano ligera con evidentes limitaciones de volumen, y que condensa su interés en la franja superior del instrumento, con un registro agudo brillante, de hermoso color y coloraturas adecuadas. Gustó en sus dos arias principales, «Senti l’eco» y «Amoretti, che ascosi qui siete», y en general supo lo que se hacía respirando el aire pizpireto de la producción con naturalidad. Christian Pursell fue, de largo, la voz más interesante del elenco: sonora y homogénea en toda la extensión, emisión firme, de centro amplio, con un color más baritonal que de bajo dibujando también un buen Cassandro en lo escénico. El Polidoro de Anthony Webb mostró un material interesante e intenciones para matizar su canto, con algún desliz en el forte. Al Fracasso de Caio Duran le penalizó un instrumento escaso con tendencia a blanquear en las notas agudas. Angela Schisano (Giacinta) y Marina Zyatkova (Ninetta) cumplieron, no así David Cervera (Simone), con una emisión trasera y borrosa.
Caía el telón de una función estimable dentro de sus propias limitaciones y la pregunta iba tomando forma: ¿no hay en España cantantes nacionales para conformar un elenco con el que lograr, cuanto menos, un resultado artístico como el de esta Finta? * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL


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 Asunto: Re: LA FINTA SEMPLICE (A Coruña)
NotaPublicado: 01 Oct 2025 21:19 
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https://scherzo.es/la-coruna-la-finta-s ... la-musica/
LA CORUÑA / ‘La finta semplice’: triunfó la música
29/09/2025 / Luis Suñén


La Coruña. Teatro Colón. 28-IX-2025. Temporada Lírica de Amigos de la Ópera. Diana Alexe, Christian Pursell, Anthony Webb, Angela Schisano, Marina Zyatkova, Caio Durán, David Cervera. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director musical: Giuseppe Sabbatini. Director de escena: Gianmaria Aliberta. Mozart: La finta semplice.

Si en algo se parecen este año la Temporada Lírica de La Coruña y el Festival de Salzburgo es en que en los dos se han programado óperas del Mozart juvenil. Aquí esta Finta semplice, allá Mitridate, sólo un año posterior. Pura casualidad pero también, quién sabe, una cierta disposición a rescatar un repertorio marginado por las grandes obras del salzburgués, las escritas a partir de Idomeneo inclusive, pero a las que no dejan de evocar por momentos sus hermanas menores. Por cierto, si pueden vean en la página del Festival las explicaciones que al respecto da en menos de tres minutos su director musical Adam Fischer.
La finta semplice está llena de hallazgos impensables en un chavalín de doce años, que debe lidiar con un libreto del que poco podría entender y en el que el machismo es burlado por la astucia de unas mujeres que se juegan su porvenir en un matrimonio con caballeros no precisamente ejemplo de sutileza en el amor. Goldoni era un genio del equívoco y de las relaciones humanas sometidas a la presión del tópico social. Y el todavía niño Mozart responde a la adaptación de Coltellini con una medida expresividad vocal y un correlato en la orquesta que parece corresponder a alguien mucho más maduro. Desde luego, unos cuantos compositores de su tiempo no hubieran escrito música comparable en cien años que vivieran.
La finta semplice se había dado por vez primera en La Coruña en el Festival Mozart de 1999 y cabría preguntarse hasta qué punto tiene sentido rescatar lo que es, sobre todo, una curiosidad cuando todavía falta tanto por incorporar al conocimiento del aficionado local, que dispone, además, de la grabación en audio dirigida por Peter Schreier y del video salzburgués de 2006, bastante mejor la primera que el segundo. Pero también es verdad que la producción, de la que hablaremos enseguida, ha debido salir muy barata, lo que cubre la siempre bienvenida aportación propia. Es verdad que no parece fácil recolocarla en el mercado, más aún si tenemos en cuenta que tampoco lo es encontrar un elenco que se prepare una pieza como esta, con tanto recitativo —por más que la tijera de podar haya hecho su labor— aunque sin arias de especial riesgo y, en todo caso, con escasísimas posibilidades de volverla a hacer en toda su carrera. Pero bienvenida sea en tanto en cuanto nos ha hecho a muchos volver sobre un terreno que teníamos algo abandonado.
La puesta en escena de Gianmaria Aliverta traslada la acción a lo que podríamos llamar el “universo Barbie” reducido a los cuatro rasgos del mismo, reiterados hasta la exasperación y aplicables a un roto y a un descosido. La historia que presenta el libreto es, al fin, y a estas alturas de los tiempos, tan banal para un espectador de hoy como lo pueden ser la muñeca y su novio para cualquier aficionado a la ópera. A este seguramente la traslación de las Luces al neón le parezca una bobada y a los jóvenes a los que les hayan animado a ir al teatro a ver esta función probablemente también. Lo único que consigue Aliverta es caricaturizar aún más a unos personajes que se definen solos, molestar el seguimiento de la acción con la constante tonificación muscular de los hombres hasta el punto de llegar a resolver un recitativo mientras hacen flexiones. Afortunadamente, digámoslo en su favor, deja a las mujeres, la parte más inteligente de la trama, que sean ellas mismas, aunque no se comprende muy bien por qué viste igual a Giacinta y a Ninetta, señora y doncella, aunque, en realidad y al cabo, dé lo mismo. Mejor no hablar de la idea de esos como mimos que acompañan la acción haciendo lo que se les pide. No ha tenido buena suerte escénica Mozart últimamente en La Coruña, del fiasco de Carlos Saura a esta nonada.
El reparto que tenía que lidiar con semejante propuesta escénica, a la vez leve e incómoda, ha cumplido sobradamente. La Rosina de Diana Alexe —pizpireta y fácil en la coloratura— y la Ninetta de Marina Zyaktova rayaron a la altura propia de quien tuviera papeles tan poco habituales perfectamente asimilados mientras quedó un puntito por debajo la Giacinta de Angela Schisano. Entre los hombres destacó el Polidoro de Anthony Webb, excelente de estilo en todo momento a pesar de lo incómodo de vestuario y movimientos, sobre el correctísimo Christian Pursell (Cassandro) y el cumplidor Caio Durán (Fracasso) mientras David Cervera (Simone) no tuvo su mejor noche. Todas y todos, en general, muy acertados en los recitativos, esa prueba de fuego tan poco gratificante de ordinario de cara al público.
Pero los verdaderos triunfadores de la velada fueron una Orquesta Sinfónica de Galicia espléndida en todo momento, sonando maravillosamente, y su director para la ocasión, el otrora tenor —nada menos que Kammersänger de la Ópera de Viena— Giuseppe Sabbatini. El maestro, que lleva años embarcado en una carrera que no pareciera equiparable a la que desarrollara como cantante, demostró que sabe perfectamente cómo acompañar a las voces, que domina el oficio de foso como si se hubiera dedicado siempre a ello y es un mozartiano de muchos quilates. Supo sacar lo mejor de la partitura, controlar las dinámicas con el suave sentido dramático —por llamarlo de alguna manera— que la acción propone y subrayar inteligentemente los rasgos que se supone deben definir a un Mozart adolescente, pero Mozart al fin y al cabo. Magnífico al clave, técnicamente impecable pero también luminosamente imaginativo, Ernesto Alemán.


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 Asunto: Re: LA FINTA SEMPLICE (A Coruña)
NotaPublicado: 02 Oct 2025 3:27 
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https://bachtrack.com/es_ES/coruna-teat ... embre-2025
Mozart adolescente, Barbie contemporánea: una noche lírica insólita
Por Pablo Sánchez Quinteiro, 29 septiembre 2025
Programar La finta semplice de Mozart dentro de la Temporada Lírica coruñesa, y hacerlo, por añadidura, con una producción propia, no era en absoluto una decisión exenta de riesgo. Se trata de una ópera rara vez representada, que plantea retos musicales y escénicos. Sin embargo, la velada se saldó con brillantez, ofreciendo al público una noche operística plenamente disfrutable. La obra, concebida por un Mozart de apenas doce años, es de naturaleza lineal: todas las escenas se suceden en el mismo espacio, sin subtramas ni cambios de lugar, lo que limita el margen de imaginación escénica. Además, el libreto está dominado por recitativos llenos de humor, pero demasiado extensos para el gusto actual. Es comprensible que fueran objeto de recortes. Pero más sorprendente fue, en cambio, la supresión de un par de arias en el segundo acto, lo que desequilibró la proporción entre recitativos y números musicales, llegando los primeros a ocupar casi la mitad de su duración.
La escasez de referentes convierte a La finta semplice en un apasionante “libro en blanco” donde cualquier mirada resulta inevitablemente novedosa. En ese marco, la puesta en escena de Gianmaria Aliverta tuvo el acierto de apoyarse en una referencia contemporánea tan reconocible como el universo de la película Barbie. El contraste entre la torpeza de los personajes masculinos y la astucia femenina, tan sabiamente expuesta en la obra inspiradora de Goldoni, se tradujo aquí en una lectura pop y colorista. Con humor irreverente, luces y elementos económicos pero efectivos, la escenografía creó un juego fresco y vistoso. El tercer acto, sin embargo, se resintió de cierta dilución visual, cayendo en un excesivo minimalismo.
En el foso, la Sinfónica de Galicia rindió a un nivel sobresaliente, con excelentes intervenciones solistas y un sonido maleable, plenamente adecuado al estilo mozartiano. Se percibió la huella de Slobodeniouk y González-Monjas en el fraseo elegante y el empaste camerístico que realzó la frescura de la partitura. Bajo la batuta de Giuseppe Sabbatini, la música fluyó con naturalidad: tempi acertados, dinámicas equilibradas y un sentido teatral que permitió extraer toda la magia de una partitura en la que asoman por doquier destellos del futuro genio bufo de Mozart, capaz de transformar la simplicidad del enredo en puro teatro musical.
La soprano Diana Alexe fue una de las triunfadoras de la noche en el papel central de Rosina. Voz bien timbrada, de esmalte atractivo, a la que supo imprimir carácter. No obstante, enfocó su interpretación más hacia la vertiente cómica que hacia la sensualidad. Y ciertamente, algunas de las melodías más inspiradas de Mozart —de un lirismo ya casi romántico en su aliento— parecieron quedar en segundo plano, cuando pedían mayor vuelo poético. Con todo, en su emotiva "Amoretti, che ascosi qui siete" mostró un fraseo elegante y controlado, y un dibujo vocal cuidado, con gran apoyo de la batuta que supo darle espacio. Christian Pursell ofreció una interpretación vocal robusta y bien proyectada, con una línea de canto poderosa, timbre rico en armónicos y crescendi bien modelados. Escénicamente se desenvolvió con soltura, encarnando a la perfección tanto la autoridad de Cassandro como su vertiente más cómica.
Caio Durán, como Fracasso, aportó carácter y agilidad escénica, pero su línea de canto se mostró limitada: ni dúctil ni especialmente flexible, con agilidades poco convincentes. Aun así, defendió con oficio su gran aria "Guarda la donna al viso". El Simone de David Cervera resultó ser el eslabón más débil del reparto: escénicamente careció de relieve y vocalmente mostró un instrumento limitado.
La Giacinta de Angela Schisano ofreció un canto de línea lírica y expresiva, brilló especialmente en "Che scompiglio", dramática anticipación del aria de la reina de la noche, mientras que Marina Zyatkova, en Ninetta, destacó por su vocalidad ágil y fluida, manejando con acierto un vibrato algo amplio, pero siempre controlado. Finalmente, el otro gran triunfador de la velada fue Anthony Webb, Polidoro, que unió, a una voz plena, con buen legato y magnífico agudo, una capacidad actoral sobresaliente. Arrancó las mayores carcajadas de la noche sin caer en la caricatura fácil.
Y por encima de la labor individual destacó una gran labor concertadora plena de dinamismo y empuje rítmico, a la altura del Mozart de sus grandes óperas bufas. Hubo en los tres concertantes frescura, equilibrio y energía, en un conjunto vocal que funcionó con una precisión casi camerística y un pulso teatral impecable.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com