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Parsifal, 26 de agosto
Última función del festival. Sé que nunca iré a Bayreuth a ver el Anillo completo, pero creo que si alguna vez vuelvo será siempre para asistir a ese monumento artístico que es Parsifal, quizás alguna otra más, pero siempre Parsifal. Una de mis óperas favoritas, siendo —para mí— la escena de la transfiguración, la composición escénico-musical más hermosa que existe (no busco debatir, cada uno tendrá la suya y lo aceptaré, incluso si es el porompompero). Ahora bien, he de decir que chuparse dos noches seguidas en la Festspielhaus tiene mandanga, te pasas unas 14 horas allí arriba y, pese a la belleza que embriaga, la cosa demanda cierto aguante físico. Aunque supongo que estoy equivocado, pues no me olvido de algún caballero aparentemente germánico de edad octogenaria o nonagenaria que bebía plácidamente cerveza sin salpicar su smoking. Sobre el ver y dejarse ver del festival escribiré en otro post.
Entrando en materia. Heras-Casado no será Furtwängler, Kna o Thielemann, pero esa orquesta sueña de maravilla, algo hará bien. Sin quitar méritos al granadino, yo creo que sonaría bien incluso si me pongo yo a dirigirlos en ese foso invisible, siguiendo las instrucciones de Muti en su famoso video. No tanto como Bychkov la noche anterior, pero fue braveado en los saludos. Ya he dicho que sin saber decir por qué, la orquesta no me sonó tan sublime como en Tristan.
Insisto en que si vuelvo será a Parsifal, pero esta vez no me supuso el shock emocional que me generó mi primera visita, en 2017, con Haenchen en el podio y Schager, Pankratova, Zeppenfeld y cía. en escena. Creo que el ser la primera visita, así como la extraordinaria dirección artística de Laufenberg tuvieron algo que ver. De horrores escénicos hablaremos luego. Aun así, he de reconocer que el increíble coro del festival consiguió llenarme los ojos de lágrimas con su primer canto del primer acto, "Nun achte wohl und laß mich seh'n" creo que es. Sólo eso, que la música logre emocionarte justifica la entrada, el viaje, el asiento incómodo, la cerveza cara, los pretzels,..... todo eso ya no importa, en ese momento el mundo se para y sois sólo tu y esa música celestial.
En cuanto a voces. Absolutamente bestiales Schager y Garanca. La letona, por cierto, estuvo firmando autógrafos la tarde anterior, soy poco dado a idolatrías pero no pude evitar fotografiarme con ella, casi más por insistencia de mi mujer. Decidido a defender la música patria aun en el gran feudo wagneriano, no me contuve de pedirle a doña Elina, que habla español perfecto, "Señora, por favor, no deje de cantar zarzuela", a lo que me respondió con una sonrisa enamorante, "Lo hago, lo hago. Pero no me da el tiempo para hacerlo todo lo que quisiera"; acabé la breve conversación diciéndole "disfrutamos mucho su Luisa Fernanda en Madrid". Dicho esto, cantó una Kundry sublime, ahí lo dejo. Schager cantó un Parsifal también sublime, que acabó en todo lo alto tras tres noches cantando en ese escenario. Zeppenfeld es Gurnemanz, si hoy hay alguien que le puede hacer sombra en este pepel, me lo dicen. Bien Shanahan como Klingsor, aunque me gustó menos que Derek Welton hace ocho años. También en su sitio tanto Michael Volle com Amfortas y Tobias Keher como Titurel. Reparto redondo sin duda. De las maiden flowers me llamó mucho la atención la noruego-nicaraguense Victoria Randem, tanto por su voz como por su exótica belleza.
Que me perdone Le Gouverneur, cuyos cuestionables gusto y conocimiento futbolísticos no precluyen que sea uno de los mayores expertos en producciones de Parsifal en Bayreuth, lo digo en serio. Que me perdone, porque el engendro parido por Jay Scheib sólo lo puedo definir con seis palabras: "una mierda pinchada en un palo". Dos días, dos producciones, dos tomaduras de pelo. Me podrían alegar que esta de Parsifal solo es apreciable con las gafas de realidad aumentada. Si es así, doble mierda pinchada en el mismo palo. Si en un teatro con 1900 asientos haces una producción para los 200 que pagan 200 pavos más por alquilar las gafas, estás estafando a los 1700 restantes. Más aún, en la función a la que asistí mi asiento estaba justo una fila delante de las cuatro preparadas para los portadores de gafas pagadas, pues bien, tranquilamente el 25% de los asientos para gafados estaban vacíos y no todos los allí sentados se las ponían, si la mayoría. No entraré en muchos detalles, pero un Parsifal en gayumbos y camiseta sucia me parece un engaño. Lo del charco de forma variable, me parece otra idea sin gracia. Lo del rosco de tubos fluorescentes, tan poco original que lo acabamos de ver en Madrid en la semiescenificación de Las Indias Galantes, creo que fue. La invasión de los ladrones de escenas es tan prevalente que el programa de la ópera que te venden a nueve euros, está lleno de páginas hablando sobre la puesta en escena, que vienen a demostrar, que no tienen ni puñetera idea de lo que están haciendo.
Pero lo peor no es eso, si no ¿a que clase de sádico retrasado mental se le ocurre poner media hora de sangre a chorros en una pantalla led de 30 metros de ancho y cinco pisos de alto? Resulta que vamos a ser revolucionarios no sacando el Grial sino que lo vamos a simbolizar con un pedrusco de cristal que romperemos al final, que eso que escribió Wagner de que quedaba ahí para siempre es una tontería que nadie se cree. El grial los simbolizamos, pero la herida en el costado de Amfortas que se vea en pantalla gigante y en alta definición, y que la sangre mane. Conte cuatro a espectadores que sacaron, al menos a uno con los pies por delante, en ese período. Como me dijo me mujer, médico ella, "no me extrañaría que se hayan mareado con la guarrada esa de la pantalla". Guarrada gore total. Ah! Y si no les llegó el atracón de hemoglobina de Amfortas, les pongo también en primerísimo plano y alta definición la herida sangrante del cisne. A ver, señor Schieb, ¡Váyase usted a cagar! Pero no me hagan mucho caso, los señores Wagneriano y Gouverneur vieron esta producción de forma mucho más amable, y ambos saben más que servidor.
Dicho todo lo anterior, si vuelvo a la verde colina, volveré a Parsifal, por mucho que lo intente, mientras sigan esa orquesta, ese coro y un elenco competente, una producción de mierda es incapaz de estropear el magno festival sacro escénico. Por eso lo disfruté hasta con lágrimas en los ojos.
_________________ Régisseur Hater
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