

Al analizar, días atrás y en este mismo hilo, el registro de la versión francesa de
Salome dirigido por Massimiliano Caldi, ya señalé que el único interés del mismo radicaba, precisamente, en eso: en que era la versión francesa de una obra esencialmente alemana; pensada como tal, y musicada para dicho idioma. Allí decía también que deseaba hacerme con el registro de esta versión dirigida por Kent Nagano. Y como ya he conseguido mi objetivo y la he escuchado, paso a hacer la correspondiente reseña (que será breve).
En este segundo caso me reafirmo en que el problema principal que ya señalaba allí sigue existiendo: la prosodia francesa --con su ritmo silábicamente acompasado, su acentuación suave y más o menos fija, la menor diferencia de intensidad entre sílabas, y la abundancia de uniones--, cuadra mucho peor con la música que compuso Strauss para una lengua acompasada acentualmente, de acento fuerte y variable y mayor diferencia de énfasis entre sílabas acentuadas y no acentuadas. Y eso, a pesar del gran esfuerzo que hizo el propio compositor para superar este inconveniente (especialmente en el tema de la acentuación y de las desinencias mudas), como lo demuestra la correspondencia que cruzó con Romain Rolland para informarse sobre estos aspectos, y una parte de la cual puede leerse en el cuadernillo que se incluye en la edición de Virgin Classics.
Ahora bien, en lo que gana muchísimo este segundo registro de la versión francés es, desde luego, en la calidad de los intérpretes, empezando por el propio director y acabando por el último comprimario, ya que todos me parecen bastante superiores a los de la versión grabada en Martina Franca.
La dirección de
Kent Nagano se nos presenta refinada y cuidadosa, muy atenta a los detalles, buscando seguramente la claridad y la delicadeza, antes que el dramatismo, la tensión y la enfermiza impetuosidad que encontramos en otras versiones. Pareciera que, con ello, buscaba acomodar la música al idioma en que interpretaban sus cantantes, mucho menos violento y sonoro que el alemán. Pero por esa misma razón, creo que el ritmo desfallece en ocasiones. Aunque, pese a todo, nos encontramos ante una buena versión orquestal.
Más de uno considerara que la elección de
Karen Huffstodt para el papel titular --la única intérprete anglófona del registro-- no es la más adecuada, pero lo cierto es que la soprano norteamericana no se defiende mal en tan endiablado rol. Podríamos definirla como una Salomé a caballo entre la atroz y caprichosa adolescente que se pervierte a medida que avanza la obra (la que más me gusta y convence a mí), y la mujer consciente de su belleza que busca, primero, la conquista de Jochanaam por placer, y después la pura venganza.
Al que no se puede poner reparos es al Bautista de
José van Dam, que matiza, expresa y frasea de modo inmejorable. Juega, además --por si lo anterior no fuera suficiente--, con la ventaja de cantar en su propio idioma, de modo que nos regala un Jochanaam de excelente
legato, joven, viril, noble y consciente de su trascendental misión. No le van a la zaga el sinuoso Herodes de
Jean Dupouy y el juvenil Narraboth de
Jean-Luc Viala, dos tenores, también francófonos (ellos franceses), que dan una auténtica lección de canto: sinuoso, lleno de doblez el primero; apasionado, vehemente, desesperado el segundo.
Magníficos, asimismo, el resto de comprimarios, todos ellos dominadores de la noble lengua de Molière.
Una grabación que hay que conocer (aunque a mí, particularmente, me interesa lo justo).