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De incredulidad.
Ese parcial de 0-14 habla muy mal de las jugadoras españolas y del banquillo. No jugaron a ganar, sino a no perder y... perdieron, como suele suceder.
Pero no sería justo quedarse solamente con esos malos, muy malos, minutos de la final, hay que ver el torneo con más perspectiva.
España lo afrontaba con tres jugadoras de su quinteto titular lesionadas: Conde (como siempre), Gustafson y Cazorla. La cuarta integrante, Raquel Carrera, estaba también casi fuera del campeonato, y se recuperó a última hora, sin jugar partidos de preparación y con un único entrenamiento a sus (anchas) espaldas.
Además se retiraron varias jugadoras todavía importantes, como Gil o Casas. Por si fuera poco, el seleccionador decidió por su cuenta dejar en España a la base Leticia Romero, integrante del quinteto ideal de la Liga femenina. Con dos cojones.
Aunque otras selecciones, como Francia y Alemania, también tenían bajas importantes, España no parecía en las mejores condiciones. Encima, la base adolescente pero genial jugadora, Iyana Martín, tras una estupenda primera fase, tuvo un problema de salud (colitis ulcerosa, parece que fue el diagnóstico) y tampoco pudo jugar los últimos partidos.
Los dos partidos anteriores a la final, frente a Chequia y Francia, se ganaron muy ajustados. También frente a Suecia. En cambio, los dos primeros partidos del campeonato fueron espectaculares, con un gran baloncesto que por momentos remitía al 2013 o al 2019. Pero luego se perdió el mojo y hubo que competir a cara de perro. Lo que se hizo, con una defensa muy buena, y a rachas en ataque. Los principales problemas fueron, como casi siempre, el rebote defensivo y el tiro exterior.
Con todo, yo les daría una nota media de un 8.5, que habría sido un sobresaliente claro sin esos últimos minutos de la final, que tenían prácticamente ganada, y que dejaron marchar. No fue un tema solo de inexperiencia, las dos jugadoras que perdieron el balón definitivo fueran las dos de mayor edad del equipo. Simplemente, colapsaron.
Alba Torrens y Raquel Carrera han entrado en el quinteto ideal del campeonato. Raquel, que es una fiera competitiva, será fundamental en el futuro. Alba, pues ya no. Tal vez pueda jugar en el Mundial del año que viene (si nos clasificamos), tal vez, no. Las dos adolescentes, Iyana y Awa, son fundamentales ya mismo. Entre Awa, Raquel y Gustafson, tenemos un juego interior potente, y muy equilibrado. De bases y escoltas, vamos bien servidas, y el punto negro es el alero si se retira Alba, y con María Conde que se volverá a lesionar para el Mundial.
El cuerpo técnico, bien, sobre todo en preparación, más que en dirección de partidos. Lógicamente, lo que pasó en la final está también en su debe, pero es justo reconocer que hay mucho en su haber.
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