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Música excelente, aunque mutilada y claramente deudora de sus orígenes: una obra cortesana y palaciega, que tiene más de espectáculo misceláneo que de ópera propiamente dicha (al no existir, entre otras cosas, una continuidad dramática secuencial), y que estaba pensada para entretener a la pompier corte francesa, en una época donde el orientalismo empezaba a causar furor entre las élites europeas, con números realmente brillantes y lucidos, aunque carentes de homogeneidad (y, si me apuran, hasta de argumento, más allá de algunos tópicos manidos: el amor, los celos, etc.). Haciendo uso de esta circunstancia (o, más bien, abusando de ella para "reflexionar" aprovechándose de la obra creada por otro), los directores de escena de turno debieron pensar que l'occasione fa il ladro y --en connivencia con el iluminador-- cometieron el atropello visual que ha podido verse estos días sobre las tablas del Real.
Estupenda la prestación orquestal de la Cappella Mediterranea y el Coro de Cámara de Namur --que estuvieron muy implicados en la parte supuestamente escénico-dramática del espectáculo, llegando, incluso, a cantar--, y destacando, por encima de todos, Leonardo García-Alarcón, quien recibió un merecidísimo, cálido y estruendoso aplauso. En el terreno vocal resultó especialmente reseñable el bajo-barítono Andreas Wolf, que cumplió con creces el cometido que tenía encargado. Muy bien, asimismo, las dos sopranos, especialmente Ana Quintans, dueña de una voz con material más sólido, aunque la parte del león (y la mayoría de los aplausos, por ende) se los llevó la soprano Julie Roset, coloratura de hermosa y liviana voz que protagonizó los momentos más herosos, intimistas y destacables vocalmente de la partitura. En una posición bastante más modesta y regulera el tenor Mathias Vidal, dueño de una voz bastante fea y engolada, que mostró claros apuros en la franja superior, aunque mejoró algo a medida que avanzaba la función, antes de volver a pasar dificultades en el terceto de la cuarta entrada de esta mutilada función.
El montaje una mierda pinchada en un palo; así, literalmente. Mucha palabrería justificadora, mucha reflexión pseudofilosófica, mucha reivindicación racial, mucha relectura ¿actualizadora? para, a la postre, presentar al espectador un escenario lleno de personas que no dejaban de moverse sin hacer nada (incluidos los atrezistas), en una absoluta oscuridad, donde apenas se veía, y con unos efectos lumínicos ridículos que, en más de una ocasión, agredieron claramente al público (¡esos molestos focos rojos!), impidiendo, incluso, leer los sobretítulos. Por no hablar de la pésima decisión de colocar a las dos cantantes solistas allá donde se debe recibir el sonido (palco real y laterales), y no desde donde se emite. Es decir, una buen número de ocurrencias con las que, posiblemente, Bintou Dembélé y Noémie N'Diaye (responsable de una dramaturgia inexistente), han quedado encantados, pero que le hacen un flaco favor a lo que, realmente, valió la pena en la velada: la partitura sofisticada, brillante y grandilocuente de Rameau (pues el libreto ni siquiera fue bueno en su época). Por no hablar de la simpleza de unir hip hop o street dance con esta música barroca, en una pirueta que, imagino, sus responsables creerían rompedora pero que, a la postre, no es sino el sustituto facilón de las habituales gabardinas, o los manidos trajes de nazis que padecemos los aficionados en las diversas producciones que se ven por esos teatros líricos del mundo. Aunque quien debería llevarse la palma a la falta de lógica, buen gusto y respeto por el público fue el iluminador Benjamin Nesme, que planteó un espectáculo lumínico bastante ordinario y que, seguramente, cualquier electricista del equipo técnico del Real habría hecho mejor (o, al menos, con mayor lógica).
Pero debo estar completamente equivocado, pues el público, extasiado --y aplaudiendo varias veces al creer que el espectáculo había concluido-- acabó embelesado e, incluso, consiguió contagiar su entusiasmo al escenario, hasta el punto de que García-Alarcón hizo repetir a sus músicos la famosa chacona con que se cierra la obra.
Vale!
_________________ "Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).
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Última edición por Alberich el Negro el 03 Jun 2025 8:08, editado 2 veces en total
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