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Por primera vez en mi vida he visto y oído "La Fanciulla del West", de Giacomo Puccini. Tenía desde hace años en casa el DVD del Met con Sherrill Milnes como Rance y Plácido Domingo como Dick Johnson. Y como se acercaba el centenario pucciniano me animé a verla. Hasta este momento, no había visto ni oído nada de ella. Siendo un encargo del Met a Puccini, en una época en la que no había demasiadas óperas sobre temas americanos en el gran repertorio, esta ópera posiblemente fuera la primera spaghetti western, aunque no fuera para el cine, entonces aún en pañales. Ciertamente, oír decir a unos vaqueros "buonasera, ragazzi" es cuanto menos curioso. Y pocas veces el Salvaje Oeste ha sonado tan europeo. Cincuenta años más tarde, Sergio Leone rodaría en Europa memorables títulos del género cinematográfico. Se nota la evolución de la música de Puccini, entre Madama Butterfly y Turandot, su lenguaje ha cambiado. Se habla de la influencia de Debussy, Strauss, e incluso de Wagner. Y de ejemplos podemos poner el opulento arranque orquestal con el que empieza la obra, más denso y más rico que el contundente y breve inicio de Tosca, o el motivo de Minnie, además del acto segundo, como muestra de esa evolución del lenguaje musical del maestro. El acto tercero, es, para mi gusto, el mejor, y en el que se reconoce esa emoción tan melodramática en la obra de Puccini, que alcanza su cénit en la famosa aria "Ch'ella mi creda" y en la súplica final de Minnie a sus amigos para que le perdonen la vida a Dick, terminando la obra, en lugar de con un golpe de orquesta, con un tierno dúo de los dos amantes despidiéndose del pueblo (algo que recuerda al final de Aida).
Es curioso cómo los viejos vídeos del Met de la época de Levine han sido la referencia para muchos que nos hemos iniciado en la ópera, con sus montajes hollywoodienses y con grandes voces. Este no es un caso diferente.
Giancarlo del Monaco dirige un montaje tradicional y espectacular. Espectacular la ambientación del Polka Saloon, con su barra de bar, sus botellas y hasta sus peleas. Además Minnie y Dick entran en escena con caballos reales. Igualmente de postal el decorado del acto segundo, con la casita de Minnie en un lado, rodeada de un espectacular paisaje nevado. No me gusta demasiado, pero no estorba, que en lugar del bosque en el que amarran a un árbol a Dick, Del Monaco ambiente esta escena en la calle principal del pueblo. Pero aún así sigue siendo un regalo para la vista. Esta vez no dirige James Levine, sino
Leonard Slatkin a la potente orquesta del Met. Con esta orquesta poco puede salir mal, aunque Slatkin no parece tan ovacionado al final.
La estrella del reparto es
Sherrill Milnes, quien pese a estar en madurez vocal, borda su creación del duro sheriff Jack Rance.
Plácido Domingo ya tiene la voz madura también para el personaje, y el agudo, salvo uno espectacular en el primer acto, ya no suena tan juvenil. Aún así con su entrega habitual se mete al público y convence en el Ch'ella mi creda.
Barbara Daniels no tiene el timbre sopranil que más me guste, y pero cumple en el rol. El resto del elenco es excelente, y además bien actuado y cantado el elenco de vaqueros. En lo visual es una versión ideal para empezar, aunque en lo puramente musical ya pille un poco maduros a los dos divos principales del reparto, aunque lo compensan con sus tablas.