



Tras una experiencia con "Olympia", que puedo definir de catarsis, o episodio de síndrome de Stendhal, en estos dos días he terminado mi ciclo de películas dirigidas de Leni Riefenstahl. La primera conclusión que extraigo es que Riefenstahl, aun siendo una artista genial, posiblemente fuera mejor documentalista que creadora de ficción, y desde luego mejor directora que actriz. Aún sigo en el mundo de belleza de esta controvertida mujer, posiblemente la mejor directora de cine del siglo pasado, a la que admiro como artista y deportista y cuya
Olympia, es ya una de mis películas favoritas.
"La Luz Azul", de 1932, es su primera película como directora. No pocos afirman que la película la dirigió realmente Béla Balasz, o que al menos fue codirigida con ella. Para su debut como realizadora, eligió un cuento de hadas, en un pueblo de la montaña. Hasta ese momento, Riefenstahl era una actriz conocida por sus películas de alpinismo, popular en la Alemania de la época. Películas de aventuras ambientadas en la montaña, en ese vínculo tan especial con la naturaleza que tenían los alemanes de entonces. Aquí se cuenta la historia de Junta, una joven aldeana que es acusada de bruja, solo por saber escalar una montaña que desprende una luz azul, y que todos quienes han intentado escalarla, mueren en el intento. De su aislamiento del mundo solo la sacan el pastorcillo Guzzi y el joven de la ciudad que la ama. En realidad, esa luz azul no es un hechizo, sino una mina de cristales, que descubierta por el protagonista, enriquece a los habitantes del pueblo, pero hace que la pobre Junta pierda su vínculo con la montaña, y su vida. Riefenstahl afirmaba que la trama era una premonición de su vida: Junta, como luego lo sería ella, sería amada y odiada. Junta pierde su poder cuando desaparecen los cristales, Riefenstahl pierde sus ideales y la vida que había conocido con el fin de la guerra. La película tiene muy pocos diálogos, con lo que parece más muda que hablada, como una part-talkie sin rótulos, lo que da a pensar que la señora se centraba más en crear belleza que sustancia. La película presenta unos paisajes sacados de las pinturas de Caspar David Friedrich, mostrando la belleza de los Dolomitas y la rudeza de las rocas. La película utiliza técnicas del impresionismo, y el juego de la luz en la escena de los cristales en la cueva crean algo mágico. Al ambientarse la historia en Italia, Riefenstahl habla italiano, con acento, para hacerlo más verídico, su actuación, prácticamente de cine mudo, convence ya que transmite la inocencia y fragilidad de esta pobre marginada, y al mismo tiempo toda su belleza, haciendo imposible dejar de verla en pantalla. La música de Giuseppe Becce, un grande del cine alemán, lo hace todo más mágico y acogedor. Una bella película.
"Tiefland", de 1954, fue polémica desde su gestación. Tardó veinte años en realizarse, y fue la película más cara de la época nazi, llegando a arruinar a la directora. Cuando se animó a empezarla, la Segunda Guerra Mundial estalló y la idea de rodarla en España, debido a nuestra posguerra, la obligó a trabajar en Baviera y Austria ¡ojalá hubiera trabajado en España! Esta película sería su perdición: en primer lugar, no encontró actriz para el rol de la joven bailarina Marta, con lo que tuvo que protagonizarla ella misma, incluso cuando ya tenía cuarenta años. Ella siempre lo negó, y denunció a quien lo afirmara, pero como fuese, los gitanos que ella utilizó para la película, provenían de campos de concentración, con su sueldo cobrado por las SS. La mayoría no sobreviviría a la guerra, aunque Riefenstahl afirmase que vio a todos los gitanos tras la guerra. La película se demoró mucho, debido a las cada vez mayores limitaciones de la contienda, y cuando ésta acabó, la película estaba en fase de edición. Los franceses, que ocuparon la zona donde vivía, se apoderaron del material y no lo liberaron hasta 1953. Para cuando se estrenó, Riefenstahl era una apestada y su estilo de cine no documental, pasadísimo de moda. No volvería a rodar otra película. El argumento, tomada de la obra "Tierra Baja", de nuestro Guimerà, es interesante pues plantea la lucha de clases, el pueblo oprimido por un oligarca ocioso y tirano, el terrateniente español prototipo en la literatura de la época. Sin embargo el estilo de Riefenstahl lo presenta de forma más lenta, y la trama parece una base para otras intenciones: una vez más mostrar la belleza de la montaña, de la naturaleza, casi de forma obsesiva, y mostrar en la persona de Pedro, el protagonista, la belleza aria, völkisch, de los hombres. El moreno Sebastián, el perverso y sexualmente obseso hacendado es, según diría la cineasta Nina Gladitz, enemiga de Riefenstahl y quien intentó destapar el tema de los gitanos extras de la película, el prototipo del judío usurero. Uno se asombra ante la construcción de todo un pueblecito del pirineo español, y de la sobriedad de los aldeanos, muchos de ellos, con los días contados en la vida real. Todas las actuaciones son convincentes, menos la de Riefenstahl, más centrada en sacarse primeros planos, en las expresiones, que en los diálogos. De hecho, los de ella son frases cortas, en una actuación tirando más a mediocre. La escena final con la tormenta es espectacular, aunque de nuevo la ausencia de diálogos llama la atención, aunque finalmente Marta y Pedro se van a las montañas, una vez muerto Sebastián. Gladitz afirma que la película es antisemita, y que el final representa una Alemania sin judíos. A saber.
La música de Herbert Windt adapta la ópera de Eugen D'Albert, en la que esta película se basa.
"Impresiones bajo el mar" es un documental que se estrenó en 2002, un año antes de su muerte. Hacía tres décadas que Riefenstahl se había dedicado a filmar la fauna marina. Una vez más, la belleza es el principal motivo, aunque al principio de la película aparece ella advirtiendo de la necesidad de cuidar los fondos marinos para el futuro. La película es una sucesión, colorida, de imágenes de corales, bancos de peces, tiburones, artrópodos, rapes y de vez en cuando incursiones de ella misma, mostrando la vida marítima con mucho mimo, haciendo sentir al espectador que quién es él o ella para venir a contaminar, interrumpir y cargarse la fauna marítima, recordándonos de forma subliminal lo perversos que somos por ello. Riefenstahl acaricia cariñosamente a una raya marina, y consigue realmente que no apartemos la vista. Ya no vivía el gran Herbert Windt para poner música,pero la música de Giorgio Moroder y Daniel Walker consigue algunos momentos de belleza, especialmente un bello pasaje de flauta, piano, guitarra y sintetizador mientras vemos las babosas marinas. Al final, se ve a Riefenstahl salir del agua, hacia la luz, desapareciendo, como si fuera una despedida tras setenta años de carrera. ¿Habrá podido Dios perdonar a esta mujer?
La fascinante vida y carrera de Leni Riefenstahl se resumen en el precioso documental "Leni Riefenstahl: una vida de luces y sombras", donde se recorre la trayectoria de esta señora en esa convulsa época. Allí descubrimos la energía, la fuerte determinación y el duro trabajo de esta mujer, pero también algo menos agradable: su forma de evadir preguntas incómodas, de negar la mayor cuando se la enfrenta con evidencias como las menciones que hace de ella Goebbels en su diario, o de afirmar cosas que luego descubriríamos que eran mentiras, como que su trabajo no era ideológico o como que no era antisemita, o su falta de contacto con la realidad, cuando dice que se quedó para luchar contra el antisemitismo, o que tras la invasión de París, todos creían que había terminado la guerra, a pesar de haber presenciado una matanza de judíos en Polonia, que la hizo llorar, en una foto para la historia.
En entonces cuando llego a la conclusión siguiente: hablar de Leni Riefenstahl no es solo hablar de la historia del siglo XX, sino también de la condición humana. Porque nos muestra no solo que el tonto es más peligroso que el malo, porque no solo nos muestra que la mayoría de la gente no tiene necesidad de concienciarse de nada, sino de hacer su trabajo,y seguir sus sueños personales, así el mundo a su alrededor se desmorone en la miseria moral más absoluta, no solo nos muestra el éxito de un estado totalitario al convertir a su sociedad en expectadores pasivos, y que sea la antesala de un tenebroso entorno en el que se propicia que saquemos lo peor de cada uno, sino también en algo tan humano como mirar hacia otro lado, y cuando se ha desencadenado una tragedia tan grande, negar nuestra propia responsabilidad, aunque solo haya consistido en eso. Algo de lo que nadie está libre ni en 1940, ni en 2024.
Y eso fue parte de la vida de una mujer que fue tan talentosa, tan genial (cuyo legado artístico, aun controvertido, pervivirá), como insultantemente ingenua. Porque pensar en el párrafo anterior y en Leni Riefenstahl se reduce a una sola pregunta:
Leni, ¿por qué fuiste tan estúpida?