
Recuerdo que en mi juventud, vi en VHS este vídeo de la legendaria Butterfly de Verona de 1983, pero mi mente, dos decadas después, lo había olvidado casi por completo, hasta que ayer pude recuperar este recuerdo.
Pensé en verla a acto por día, pero finalmente la vi del tirón. Tras verla, uno entiende por qué foreros como el señor Tunner no puede verla más que cada cierto tiempo, debido a su intensidad, o que mi amiga Carestini se emocionase tanto al verla en vivo en Oviedo.
Y es que la interpretación de
Raina Kabaivanska desprende tal magnetismo, emociona tanto, que uno no puede levantarse del asiento. Considerada como una de las mejores Butterfly de todos los tiempos, la soprano búlgara lo demuestra con su espectacular canto, con la voz en plenitud, que a partir del dúo de amor uno siente y padece con la joven geisha. No solo es una gran actriz, que además se preparó con auténticas artistas japonesas, que además sus gestos, sus andares, sus expresiones que en el primer acto son de una jovencita juguetona y aún inocente, a la sufriente mujer en los actos dos y tres. Esa ansiedad cuando al principio del segundo acto mira a ver si aparece el barco de Pinkerton y luego esa espera triste mientras el coro a boca cerrada suena, le parte el alma hasta al más duro de corazón. Vocalmente está impecable, con un canto que impresiona por sus poderosos medios, y en el que hace suyas las emociones del personaje, con unos agudos potentes, un pianissimo prístino y una forma de transmitir la inocencia y el desgarrador sufrimiento del personaje a través de su canto.
Su legendaria interpretación aniquila en escena a todos los demás.
Nazzareno Antinori como Pinkerton, pese a tener una bella voz, que hoy en día sería el número uno, como intérprete es tan plano que termina siendo irrelevante. Basta con verlo en el dúo de amor, en el que ella se desliza con gracia por la escena, sonríe, emociona, y él lo único que hace es quedarse quieto y abrazarla sin más.
Eleanora Jankovic es una competente Suzuki, con un grave destacable y una actriz competente, que en el tercer acto llega a conmover con su tristeza ante la situación.
Lorenzo Saccomani no canta mal, pero su Sharpless es más bien monolítico. Como actor convence, porque conmueve su dolor por Butterfly a la par que irrita su tibieza con Pinkerton, aunque al menos transmite que su personaje, al apoyarlo con ternura en todo momento, es un amigo que todos querríamos tener. El resto del elenco se limita a cumplir sin más. Quizá el Goro de
Mario Ferrara podría ser digno de mención. La dirección orquestal de
Maurizio Arena es competente, aunque o abusa del forte o es la ampliación, pero a veces suena atronadora. El Coro excelente. La puesta en escena de
Giulio Chazalettes es clásica, y a ojos actuales puede parecer acartonada y hasta poco realista, ya que la boda de los protagonistas se parece más al recientemente publicitado ballet chino Shen Yun, con tantos figurantes, tantos kimonos brillantes y hasta con acróbatas, además de ser un único decorado, un jardín enorme y una casa en la nada transcurre, ya que todo transcurre en el exterior. Aún así no pierde belleza y es agradable de ver siempre que no se pida realismo.
Una Butterfly de obligado conocimiento, y sin duda la mejor disponible en vídeo, aunque la excelencia es exclusivamente de Kabaivanska. Ella es todo en esta función.