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Aunque un poco tarde, una semana después, y ahora que puedo dedicar un buen rato a ello, os relato mí experiencia en el Teatro Real.
Era la primera vez que asistía a una función el coliseo madrileño, y como no, lo hacía con una ilusión doble, casi triple, ya que por un lado, como digo era la primera vez que asistiría al Real, y de otro lado, tendría la suerte de poder escuchar de nuevo en directo a Plácido Domingo, en una función representada, y quién sabe si esta ocasión será la última que yo pueda verle encima de un escenario.
Luisa Fernanda es mí zarzuela preferida y la que he escuchado más veces, y sobretodo en los últimos días, y la romanza de los vareadores fue una de las primeras piezas que aprendí desde que me aficioné a la ópera. Recuerdo con especial cariño la primera vez que se la escuché Plácido la noche del 5 de enero del 91 en la ya desparecida y añorada “Gala de Reyes”. Es una romanza muy bonita, llena de muy buena música, y siempre tan bien cantada por Domingo.
Tenía entradas para la función del día 16 domingo, y se me quedó la cara a cuadros cuando me enteré que TVE la pasaba ese domingo, pero por otro lado me alegré al pensar de que tendría grabada precisamente la representación del día en que yo estaría allí, y el recuerdo de aquella tarde sería para siempre inmortalizado en la cinta, así es que cuando quisiera recordar aquellos instantes mágicos, ahí la tendría.
En un primer momento tenía previsto llegar a Madrid a las tantas de la noche, pero la huelga de Iberia hizo que mis planes de viaje dieran un vuelco de 180 grados, así es que, debo estar agradecida a esta compañía aérea, puesto que de otro modo, las cosas hubieran sido muy, pero que muy diferentes.
Llegué a Madrid el viernes por la noche y lo primero que hice fue acercarme hasta el Teatro Real, puesto que aquella tarde había función de Luisa y cantaba Plácido. Pensé que a lo mejor aquella iba a ser la única oportunidad para verle, y que si no lo hacía el viernes, aquello tenía la pinta de que no le iba a ver el pelo en todo el fin de semana. Así es que sin deshacer las maletas, me encaminé hacia el Teatro y cómo no, la entrada de artistas estaba a rebosar de gente que aguardaba a la caza de un autógrafo o de una foto con Domingo.
Al cabo de un rato, salió el barítono Carlos Álvarez, y entonces fue cuando me entraron los temores, ¿habría cancelado Plácido la función del viernes? Ya empecé a divagar… y si me cancelaba la del domingo?....
Pregunté a una chica que llevaba el programa en la mano qué reparto había cantado, y cuando pronunció “Plácido Domingo” tuve una sensación de alivio, pero de nervios a la vez, porque él aún no había salido por la puerta… estaba al caer… y si tenía suerte, podría verle de muy cerquita otra vez.
Salió después Nancy Fabiola Herrera (a la que ya había escuchado una Carmen en Sabadell, hace ya unos cuantos años) que aquella noche cantaba el principal papel de la obra, fotos, autógrafos,… igual sucedió con la granadina Mariola Cantarero.
Y por fin, a las 11 menos cuarto aproximadamente salió Plácido Domingo, al que tuve que adivinar por el pelo, puesto que era tanta la gente que le rodeaba que a penas se adivinaba su figura. Fotos, y más fotos, autográfos, palabras amables para todo el mundo. Me supo tan a poco… pero le vi, de muy cerquita, y crucé unas palabras con él.
Era tal la sensación de alegría que sentía que sólo quería recordar aquellos instantes vividos. Era algo parecido a lo vivido once años antes, pero de una manera más intensa, diferente.
Aunque mis entradas eran para el domingo por la tarde, fue decisión de última hora acercarme al teatro el sábado por la tarde e intentar conseguir entradas así de este modo ya sabría cómo era la escenografía, familiarizarme con ella, así el domingo podría estar al 100 % concentrada en la actuación de Plácido Domingo.
Las dos funciones fueron muy positivas, y las disfruté por todo lo alto.
Cuando el sábado por la tarde se levantó el telón y vi todas aquellas sillas, tuve un pelín de disgusto, el escenario muy oscuro, sillas y más sillas, pero cambió todo cuando se iluminó el escenario con el cuadro de luz blanca, entonces ya empezó a gustarme más y la escenografía aún siendo muy minimalista, y bastante moderna en cuanto a vestuario, si tenemos en cuenta la época, acabó por convencerme.
Al principio no entendí, hasta que empezó el tercer acto, qué significaba aquella maqueta de Madrid, pero al cubrirla y al poner los arbolitos, lo entendí, y la idea no me desagradó.
De todas maneras, para apreciar detalles como en el teatro, nada, porque al verla luego por la tele, la mitad de las cosas se pierden.
Bueno, en la representación del sábado, Luisa Fernanda fue la soprano Mª José Montiel, que para mí estuvo mejor en esta representación que en la del jueves retransmitida por Radio Clásica. A nivel de movimiento escénico estuvo realmente mucho mejor que Nancy Fabiola Herrera que la cantó el domingo. Vocalmente con sus más y sus menos, pero no me desagradó, y en comparación con la que le había oído desde Washington, he de decir que me convenció mucho más en estas funciones. Si algo se debe decir de Mª José Montiel, es que el verso recitado en el parador de Bizco Porras, le salió redondo, y el público, al igual que en la función retransmitida el jueves, arrancó el aplauso, pero si hay algo que no me gustó de su canto es la exgerada vibración de la las “r”, que al final hasta molestaba y todo, vale que una vez, dos, tres, pasa e incluso me gusta, pero durante dos horas, acaba por hastiarte, y lo peor de todo, es que el resto del reparto se contagia, porque en la función del jueves de la radio, Montiel y Bros jugaban a ver quien la “r” la hacía vibrar más, y Bros igual en la del domingo.
Javier Moreno fue el sábado Israel Lozano, y francamente me llevé una sopresa, puesto que también se la había escuchado en unas representaciones desde Washington y no me acabó de gustar su interpretación vocal, sin embargo, debo reconocer que en la del sábado estuvo realmente bien, con una buena línea vocal, que nada tuvo que envidiar a la interpretación de José Bros.
Elena de la Merced, a la que también le había escuchado ese role en las representaciones de Washington, no me sorprendió, siguió sin gustarme su interpretación. Yo no sé que pasa la verdad con este personaje, que a excepción de la soprano Ana Rodrigo, que grabó el personaje en disco junto a Plácido Domingo, Verónica Villarroel y Joan Pons, a mediados de los 90, a todas las sopranos a las que les he escuchado el papel, les vibra mucho la voz, no sé a que puede ser debido, pero me molesta mucho escuchar este personaje y que la voz vibre tanto y no salga firme y seguida, desestabiliza mucho el carácter firme y fuerte de este personaje. Quizás a Mariola Cantarero no se le notó tanto, pero tuvo algún momento en que si.
No me gustó el enfoque a nivel artístico que se le dio al personaje de la duquesa Carolina, a mí gusto, muy exagerado, se movía demasido, derrochaba demasiada coquetería y le quitaba al personaje ese punto de nobleza e inflexión.
Vidal Hernando lo interpretó el barítono Ángel Ódena, buena planta, buena voz, muy bien en toda la obra, regular e igual en toda la función, quizás un poco ensombrecido por el “otro Vidal”, puesto que era inevitable hacer comparaciones, pero sin duda la representación le salió redonda. Y es que el papel de Vidal es un role precioso.
Coros estupendos en ambas funciones, y la orquesta también, con gran apreciación de detalles musicales, muy bien matizados, aunque sin embargo tenía tendencia en algún pasaje, a tocar un pelín demasiado fuerte con el riesgo de tapar un poco al cantante.
En cuanto a la representación del domingo, el principal atractivo estaba en la presencia de Plácido Domingo en su no habitual papel de barítono.
Si hay algo que se debe destacar por encima de todo en ambos repartos es la perfecta dicción tanto a la hora de cantar como de hablar, y que no influye en nada que la obra sea cantada en español, porque muchas veces a algunos cantantes, cantando en español, no se les entiende.
Luisa fue Nancy Fabiola Herrera, que si a nivel vocal, para mí estuvo mejor que Mª José Montiel, a nivel artístico nos ofreció una Luisa un poco sosilla, se atascó en el verso y perdió el aplauso de rigor. Le faltó una pequeña dosis de personalidad en el papel.
Javier Moreno fue José Bros, buena línea vocal, pero me gustó más en la función del jueves, sobretodo en el fragmento de “Es una cobardía que no os perdonaré”…Su voz casó bien con la línea vocal de Mariola Cantarero pero esperaba un poco más de empuje en las sombrillas. Lo mejor el dúo final con Luisa.
Mariola Cantarero, personificación de la exageración del personaje de la duquesa Carolina, llegó un punto que molestaba tanto movimiento, claro que ella es una mandada de la dirección de escena, pero pienso que en su dúo con Vidal “Para comprar a un hombre…” tenía que haber estado un poco más quieta porque llegaba un punto que con tanto ir y venir y revuelo de falda, te distraía de la música. Voz vibrante en algún momento, pero quizás vocalmente mejor que Elena de la Merced.
Y… qué deciros del Vidal de Plácido Domingo… si a nivel de los recitados estuvo sobresaliente diciéndolos con intención y con sentido, a nivel vocal, también. Un Plácido mucho más delgado y elegantísimo vestido de extremeño, parecía incluso, rejuvenecido, nos cantó un Vidal de campanillas.
Se le pidió el bis después de cantar “Luche la fe por el triunfo…” pero a mí me encantó en los vareadores. Y qué voz y qué entrega, que con un solo gesto o movimiento de cara era capaz de expresarlo absolutamente todo! Todo lo que puedo decir son elogios. Y un detalle, el vestuario de Vidal y Luisa era un poco diferente, puesto que Domingo aparecía con un bonito y amplio cinturón en todos los actos a excepción del tercero, y la Luisa de Mª José Montiel llevaba mucho más escote que la de Nancy Fabiola Herrera.
Tuve la gran suerte de que la mayoría de la obra la cantó en el lado donde yo estaba, y pude verle la cara mejor que en la tele, que la mayoría de los detalles se perdieron. Detalles a lo mejor insignificante, pero que el teatro tuvieron para mí mucho efecto, como los “clics, clics” al abrir las sombrillas, o el “rac” del abanico de la duquesa Carolina antes de entonar “En mi tierra de Granada…”, o la iluminación del tercer acto en la dehesa de Extremadura de Vidal, que la plataforma de color blanco se convertía en unas piedras de jardín que hacían mucho efecto…es una lástima que todo esto no se pueda apreciar por la televisión.
Del resto del reparto, destacaría la Rosita de Sabina Puértolas, bien cantada, con intención, y artísticamente muy creíble.
Le faltó un poco de solemnidad en el recitado a Federico Gallar que interpretaba a Don Luis Nogales, y el Bizco Porras de David Rubiera, un poco de andar por casa. Como siempre bien Raquel Pierotti que interpretaba a Mariana y bastante serio el Aníbal de Javier Ferrer, del que me esperaba quizás un pelín más de comicidad, aunque debo de disculparle puesto que la mayoría de su papel fue recortado. Afónico el Don Florito de José Antonio Ferrer, pero que para el papel le va bien, y correcto el saboyano (vestido de soldado, que esto me gustaría que me lo explicaran el porque sale vestido de soldado y no de saboyano) de Ángel Rodríguez, al igual que correcta la vendedora de cocos de Montserrat Muñumel.
brunilda
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