
Grabación con la que la crítica ha solido cebarse, cosa que entiendo, pero solo parcialmente. Al aficionado se le parte el corazón con que la discografía oficial solo ofreciera Azucena a una artistaza como Shirley Verrett en una fecha tan tardía como 1990, con el instrumento ya muy desgastado, sobre todo en el centro grave y donde el control de la emisión le exige tanta cautela que la cantante no puede "lanzarse" al retrato de la vengativa gitana. Se salvan los momentos en los que el canto es clemente con la intérprete (
Giorni poveri vivea,
Ai nostri monti), y los sorprendentes ascensos al Do5 (fermata de
tu la spremi dal mio cor, puntatura de
Deh, rallentate o barbari) pero lo que fue y lo que pudo ser la Azucena de la Verrett hay que ir a buscarlo, forzosamente, a los testimonios de la discografía en vivo. Está muy bien Mehta (cantable, lírico, teatral y muy vivo) y sin ser el mejor Manrico de Pavarotti (porque el instrumento, siendo aún bellísimo, ya no es aquella gloria que fue años antes, porque el rigor musical, sobre todo en la medida, está bastante relajado y porque los excesos enfáticos en el fraseo se hacen un poco cargantes), el modenés todavía da una prueba de melodismo e italianidad como ya no existen, y en concreto, su
Ah si, ben mio es un momento absoluto de ópera. Comprensible que a algún productor llamara la atención el muy hermoso instrumento de Antonella Banaudi, pero comprensible también que no se oyera hablar mucho de esta cantante, vista la cortedad técnica (no puede con las cabalettas) y sobre todo, interpretativa (¡y al lado estaba una debutante Barbara Frittoli cantando la Inés!). El Nucci de aquellos años nunca me ha gustado mucho, pero en este disco en concreto, los sonidos irregulares, las medias voces tan nasales y los efectos de fraseo, generalmente muy artificiales, me han resultado especialmente difíciles. Ellero d'Artegna canta como si nada fuera con él.
En suma, un disco en que por muy bien que estén Mehta y algunos momentos de Pavarotti, y por más olvidables que sean las prestaciones de Banaudì, Ellero d'Artegna y sobre todo Nucci, lo de Verrett duele tanto que condiciona toda la escucha.