
Para despedir el año, nada mejor que alejarse del mundanal ruido e imbuirse de las sonoridades y de las fragancias mágicas de estos otros mundos infinitamente más bellos que todo lo que nos rodea

. Es un gustazo escuchar a la Fleming en un papel que le cuadra como anillo al dedo. Salvo algún puntual bache por la zona grave, su voz refulge de manera extraordinaria con esta partitura. Estupenda la Zajick como Jezibaba, y bastante gritona Emily Magee como la Princesa, con algún sonido de nivel, pero en general desabrida y destemplada. Beczala canta un Príncipe con cierta efusión (para lo que suele ser habitual en él, que es más soso que un rabo de gato), pero con tendencia a bloquearse a partir del paso, donde la voz se vuelve opaca y mate. Relyea ofrece aquí una de sus mejores interpretaciones, con una sentida versión de su escena solista del segundo acto. Lo de este hombre es una pena, porque la voz es estupenda, de auténtico bajo, pero el problema es que una emisión poco ortodoxa, hace perder mucho del terciopelo natural que posee. Dirige con brío Nezet-Seguin a ese lujo de orquesta que es la del MET, aunque se echa en falta algo más de atmósferas y de exquisiteces sonoras. Y una gozada la producción de Otto Schenk, una de las pocas que van quedando de cuando el MET era el MET. Se levanta el telón y ya está uno en otro mundo. De eso se trata esto, ¿no?...
