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Yo estuve también. Muy en la línea de lo expuesto por "tann". El público vino calentito, ora a ovacionar hasta dejarse las manos, ora a silbar o recriminar. Por matizar o acentuar algo de lo bien expuesto por "tann".
Stephen Costello, como "Duca", le incluyo, sin duda, en el top5 de peores cantantes que jamás en mi vida escuché in situ. Esperpérntico. Horrible fraseo, sin recoger ni un final, ajeno a cualquier intento de sostener una linea de canto jamás más dispar, confusa y en especial, fea, muy muy fea. Encima, o sobre todo, capitales pecados constantes contra la afinación, unos desafines que no solo le costaron caros a él (de ahí llegaron los silbidos tanto en el "Parmi" como en la correspondiente cabaletta) si no, a sus partenaires como "Gilda" en el final de su duo: nos mirábamos en el publico con esa cara de... qué horrorrrrrrrr. que pareeeeeennnn. No sigo porque me pareció un catálogo de despropósitos demasiado largo.
La soprano. Olga Peretyatko. Muy irregular, con un "caro nome" muy defectuoso, y mal resulta agilidad y coloraturas. Pero atención!!! Menuda EXQUISITEZ que se marcó al final antes de morir en escena cuando se funde con el cierre del violín y aparece en el teatro desde el propio violín un filado maravilloso y perfecto que iluminó al Real de forma mágica durante seis-siete segundos inolvidables, memorables: uno de esos momentos que esperas más de una Caballé en sus días o de una Gruberova o una Devia en una gran noche, pero que fue producido por una chica de la que yo no sabía nada. Aunque su actuacion global fue más un aprobado raspadísimo, o inclusive suspenso, el poder ofrecernos ese momento quedará enfrascado para siempre, y eso vale muchísimo, muchísimo: ¿una exquisitez aunque solo sea una en dos horas y pico?. Me vale, me mueve a ir, me motiva, me pone.
Leo Nucci. Por partes. Primero. Como canto, no hay contraste de dinámica jamás, la técnica es espantosa y el timbre es muy desagradecido. A partir de ahí, estamos ante un animal escénico, del teatro, de la ópera, que se mete en el papel y empatiza con el resto del cast al que mejora (ejemplo, la soprano con él se vino arriba). Por lo tanto, no sé de dónde sale eso de que en el teatro va a su bola, y que pasa de todo, es precisamente lo contrario. Los defectos van por esa línea de peros tecnicos que no son de hoy, tambien vienen de siempre. Eso sí, como caudal tiene más que el resto del cast sumado y multiplicado por 6 y cuando arrea bien una nota produce armónicos y expansión, circunstancias que, por ejemplo, el tenor ni huele por lo que yo me pregunto por qué cuando se critica a un Nucci no se critica diez veces más al tenor, porque esa es indiscutible la proporción de uno al otro. Segundo, tema bis. Con "tann". Yo voy a la ópera a disfrutar de la lírica, de la pasion por el g´nero y de una velada musical para la que como se dice, encima, el publico estaba especialmente preparado. Todo lo que contribuya a eso, fenomenal. Entiendo que los que desayunan vinagre se cabreen porque a esos les gusta más las "Grandes Nadas" o Felipes Vasos que hacen huir al público en vez de, como ayer, abarrotar el teatro y ponerlo patas arriba. Prueben los 3-4 habitantes de EMAR a desayunar un día un café precedido por un zumo de naranja recién exprimido y una tostadita con tomate: verán cómo el día les sonreirá y verán al revés las cosas, es decir, al derecho en su caso. Yo reclamé el bis con toda mi alma y muchos como yo, la inmensísima mayoría.
Resto de cast. "Sparafucille" pasable, sin más. "Giovanna" muy floja. "Maddalena" interesante. Resto, sin pena ni gloria. Coro masculino con brío y brillo.
Director musical. IMPRESIONANTE. Magistral. Genial. Nicola Luisotti, al igual que pasó con "Il Trovatore" nos presenta de nuevo un Verdi de los más clásicos y conocidos,con un sello personalísimo, muy gustoso, con acento y tono teatral, dinámicas genialmente expuestas, matizadas, contrastadas. Sacando lo mejor de una orquesta que no presenta gran potencial de forma intrínseca, pero con todo, se ve, denota, y sobre todo gusta, la labor del que creo acertar si afirmo que es el mejor verdiano del mundo en la actualidad (el peor de EMAR pues, tampoco creo fallar). Me encantó, fascinó su trabajo.
Escena. Clásica, poco pretenciosa, creible, vestuario correcto, desarrollo y discurso teatral legible, no hay libros de instrucciones, no hay afán de protagonismo ni filosofías sin sentido, bien aprovechada la caja, ... pues ya está. Me conformo, bien. Bien por los responsables implicados.
Ah. Y qué bien tambien Ricardo Freixa sigue con los exquisitos canapés que te puedes tomar en las pausas. Madre mía! Pero qué cosas más ricaaaaaaaaassssss. Son de verdad, exquisiteces culinarias.
_________________ Harmoniously, NICO
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