
Muy minusvalorada grabación. En primer lugar por el retrato de un Otelo complejo y contradictorio, capaz de ternura, de cantar con sentimiento amoroso y de explosiones vocales heroicas. Cosutta tenía una voz metálica y de color lírico, bien que en vivo se le recuerda como un tenor poderoso, que daba mal en estudio. La técnica le permitía no sólo conversar con Iago coloreando inflexiones, sino moldear todas las frases líricas con gusto y sentimiento: por ejemplo es raro escuchar con tanta sencillez “Già la pleiade ardente…”. En el debe, el temible final de Acto II, donde si bien no le falta ni expansión ni agudos penetrantes, se echa de menos un poco de fuerza, de amenaza en el acento. Un gran logro en conjunto, aunque quizá el lado amoroso quede demasiado en primer plano. En la labor de Bacquier hay que ponderar dos aspectos. En los diálogos canta la mayor parte del tiempo y matiza cada frase, hasta el punto que casi nunca se sigue con tanto interés la escena con Cassio tras el “Esultate” y está brillante en pasajes de conversación del segundo acto. El problema son los solos: en algunas frases, “Del creato inter” – “E credo l’uom”, he escuchado pescaderos más musicales. El balance bordea la redención pero no la alcanza. Notable Price, vocalmente a la altura excepto por la abundancia de soniodos fijos y algunos agudos di forza poco lúcidos. Como es habitual, legato irreprochable, por encima del accento, a veces neutro, aunque aprecié mucho la admiración por Otelo que puede escucharse en “Quando narravi…” La labor concertadora de Solti puede suponerse detrás de la teatralidad irresistible, verosímil, nítida de los diálogos. Orquestalmente los vieneses resplandecen, aunque en la dirección falten un poco de las aristas y sutilezas de Karajan o Toscanini.
Me extendería más, pero se van a librar ustedes porque tengo una sola mano útil como resultado de un conflicto de prioridad sobre un paso de cebra que se saldó con fractura distal de radio izquierdo.