Ayer, de pasó esto por Chicago me acerqué a ver
Le nozze di Figaro en Lyric Opera of Chicago, que es una ópera que apenas se representa en Madrid y me encontré con una notable representación.
1. Obertura
Como unos amigos me lo pidieron que describiera el teatro hace poco y aunque ya lo escribí hace unos años, brevemente hablaré de la Lyric Opera of Chicago, a la que me acerco varias veces al año y es peculiar dónde las haya. Es un refrito de cosas que ya escribí en otros sitios.
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La Civic Opera House es dónde se hospeda la Lyric. Es uno de esos teatros que uno sólo puede encontrarse en Norteamérica. Está en los bajos de un rascacielos de los años 20 con 45 plantas para oficinas en la parte trasera y 22 plantas en los laterales.
Le llaman el trono de Insull y viendo la foto, el porqué es obvio. Fue la sede de una aseguradora durante los 50 y 60’s y es un templo Art –Decó clásico de Chicago de principios del siglo XX (la Windy City le da sopas con honda en arquitectura de rascacielos, tanto de principios del siglo pasado como actual, a Nueva York)
La historia de su construcción, según la tradición, es también peculiar. Samuel Insull, millonario de Chicago años 20, tenía una esposa que era cantante de ópera y bastante petarda, parece ser. Pues bien, a su mujer no la quiso contratar la Met de Nueva York y él, como quien no quiere la cosa, le construyó un teatro de ópera con más de 3550 butacas, el segundo más grande de América tras el Met. Se dice que en él se inspiró Orson Welles en Ciudadano Kane, aunque también se dice de otros tres o cuatro millonarios excéntricos.
Bonita historia tipo Taj Mahal o de para qué vas a ir descalza, cariño mío.
Es en forma de caja de zapatos sin localidades en los laterales. Y, o pagas un pastón o te sientas a tomar pol culo de lejos. A pesar de eso, la acústica es magnífica.
2. Primer acto
Ahora bien, los yankis son los yankis (o como diría un amigo, los gringos son los gringos). Son la leche y me encanta enredarme entre la fauna y flora local. Y en el Midwest está aún más acentuado. Pocos van lo que se dice normal. Desde los ancianos millonarios con pajarita, gorra de beisbol y zapatillas de deporte a los mafiosos italianos con cadenamen de oro macizo al cuello y jersey de cuello alto. Desde los pedantes universitarios con los rizos repeinados, estirados, estirados y estirados a los afroamericanos (antes negros) de floreadas camisas y tamaño XXXXXL pasando por las encantadores ancianitas, que, por falta de tiempo, no te invitan a una tarta de grosellas. Me encanta confundirme entre ellos y que me sonrían como si fuera parte del hábitat local. Y además siempre acabo hablando con alguno y son amables y educados como pocos.
No me quiero olvidar de mis favoritas, esas chicas jóvenes se han arreglado creyendo que la cima del buen gusto es la Barbie Malibú y me van con un traje brillantón de color llamativo (verde, naranja, amarillo), escotado por donde no toca, con raja cabaretera en la falda, diadema de brillantes falsos con corazón rojo enorme comprado en el todo a cien o en una tienda de disfraces, con taconazos que les hacen andar con las piernas abiertas por eso del centro de gravedad y pintadas por el enemigo.
Luego durante la representación se ríen a carcajadas varias veces y cuando se acaba la representación, en un milisegundo y como si de una competición se tratara, la mitad del aforo sale corriendo hacia sus casas como si se hubieran dejado la comida en el fuego. Y el resto aplauden todo, todo, todo.
3. Acto Segundo
La puesta en escena es un muy colorista tipo Michieletto, elaborada por Barbara Gaines. Yo no tenía ni idea de quién era Barbara hasta ayer y ni falta que me hacía, pero no lo hace mal la señora. Es una directora de teatro especializada en Shakespeare, que es, ni más ni menos que la fundadora y directora del Chicago Shakespeare Theater y miembro (miembra) del consejo Shakesperiano del Globe Theater de Londres. Toma ya! . Aunque eso no quiere decir nada ya que aquí Shakespeare es parte de la devoción religiosa de la cultura americana. Todo lo que hizo es loable, admirable e incontestable y ellos hacen de todo con él, pobrecito. Baste recordar la pésima y cursi película que le hicieron al pobre de Shakespeare in Love a la que inundaron de oscars, cuando él parece que más bien andaba por otras aceras.
La puerta en escena es dinámica, con vestuario de colores chillones, graciosa, oportuna en cuanto al seguimiento del guión y bien elaborada. Se nota que es de una profesional del teatro con muchos años de experiencia. Yo sólo le echaría en cara un par de cosas: Primero, hacer cantar demasiado a los intérpretes haciendo cosas y como resultado, de tanto en tanto, cantan de espaldas al público o al fondo de la caja escénica con los problemas de audición que eso supone. Además, debido a la actividad excesiva, a veces está algo acelerado de fiato. Mi segundo reproche es que suceden cosas cuando no tocan, molestando o interrumpiendo a la música, y para mí la música es sagrada. Por ejemplo, a mitad de obertura entran los personajes entre el público, hablando y haciendo ruido y además provocan algo de alboroto, o a mitad de Voi che sapete sucede algo que provoca una carcajada general dejando el resto del aria completamente inaudible. Y eso NO. Defectos de alguien que conoce o no respeta suficientemente a la ópera.
Un amigo de aquí, con eso de lo mojigatos que son algunos, me aconsejo no asistir ya que contenía escenas de sexo explícito… y de eso, nada de nada. Me parece hasta bastante recatada. Un par de pantonimas verdecillas. Vamos, por Dios, que Las bodas necesitan de picardía, de tensión sexual y de enredos. Si mi amigo hubiera visto alguna del Bieito provocador o la Rusalka del Liceo de Herheim, sin ir más lejos, fenece in situ de la impresión.
Una apreciable puesta en escena.
4. Acto tercero
La dirección de la buena Orquesta de la ópera de Chicago corrió a cargo de Henrik Nánási. Este húngaro es actualmente director musical de la Komische Oper de Berlin.
Nánási ya nos dirigió en Valencia El castillo del duque Barba azul de Bartok y este año lo tenemos en el Macbeth de Plácido.
Dirigió con control y con energía. Dominó a la excelente orquesta y le imprimió alegría y profundidad. Estuvo, a su vez, muy pendiente de los cantantes, dándoles indicaciones por encima de lo acostumbrado y además participó en algún momento de la puesta en escena.
Mandó y lo hizo bien. Espero una buena dirección en el Macbeth valenciano
El coro de la ópera de Chicago también es excelente, y así estuvo.
5. Acto cuarto
El conde fue Luca Pisaroni. El mejor de la noche. Mucho arte tiene Don Luca. Elabora un Conde completamente creíble, duro y temeroso, dubitativo y provocativo, que se equivoca, que acierta y que manda. Su voz de bajo – barítono es más de barítono que de bajo es excelente para el papel. Frasea, liga, aumenta, reduce y le da a todo sentido. Y la voz, sin ser enorme en calidad, sí que es buena, bien timbrada, con un volumen generoso y derrocha energía y saber estar. Además es un actorazo excelente. Si hay que ponerle algún pero es que llega forzado a algún agudo. Me gustó mucho.
La condesa, Amanda Majeski es una Yanki de por aquí, de un barrio de aquí al lado, producto del Ryan Opera Center, que es como nuestro Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, pero en gringo. Tiene una voz mate pero poderosa. Falla algo en los graves, donde trampea, pero tiene una agudo que proyecta con facilidad y es hermoso. El principal problema es que como muchos cantantes americanos, lo de la dicción y que se les entienda algo del texto, como que les da igual, total es en italiano y nadie del público tiene ni puta idea…Y no. Ya el fraseo es algo deficiente, pero eso de cantar como le da la gana, no. Cambia las vocales a su conveniencia y hay momentos en los que le dejaría que se pasase al la, la, la. Total el resultado iba a ser el mismo. No se sabe si canta en italiano, en sánscrito o en uzbeko. Y además es un tanto sosainas.
Figaro fue Adam Plachetka. Este checo, que es más bajo que barítono, tiene una voz bonita en armónicos, que suena muy bien cuando suena ya que cuenta con un volumen bajo y sobre todo en los graves, donde su voz desaparece. No canta mal, pero me pareció algo torpe. No sé.
Probablemente, sin ser un desastre, fue el peor de los protagonistas
Susanna, Christiane Karg. Soprano lírica tirando a ligera, pizpireta, graciosa con canto alegre y seguro pero no muy grande en volumen. Cantó todo y todo bien.
Cherubino fue Rachel Frenkel. Esta cantante Israelí también me causó una grata sensación, brillando en sus arias, proyectando y transmitiendo, con una voz lírica apreciable y cuajando un Cherubino, que a mí es un papel que me encanta, muy notable.
Marcellina, Katharine Goeldner. Un lujo. Excelente. Enorme cantante.
Don Bartolo fue Brindley Sherratt. Buen bajo buffo. El y Goeldner cantaron y actuaron con oficio siendo unos co primarios de lujo. Mr. Sherratt va a ser el Doctor en Wozzeck también en esta temporada y en Chicago. Habrá que verlo en un cambio tan grande de registro.
Y para finalizar, Don Basilio fue Keith Jameson. Actúa mejor que canta, dejémoslo ahí.
6. Epílogo
En fin, disfruté de una notable noche y lo voy a dejar porque me he enrollado mucho y me vais a echar del foro.