El pasado domingo tuvo lugar en el Covent Garden la final del concurso Operalia del presente año, y que durante un tiempo se podrá ver por
aquí. Como es natural, puesto que es el factótum de todo este tinglado, allí estuvo el ubicuo Plácido Domingo con mando en plaza. Entre otros menesteres, se encargó de dirigir la orquesta, que en sus manos no parecía la titular del teatro londinense, sino más bien una banda de amigos filarmónicos. Es de suponer que la falta de ensayos y las urgencias son los causantes de semejante estrago sonoro.
El nivel del conjunto no ha estado del todo mal. Hay que reconocer que, al contrario de lo que ocurre con otros concursos de canto, éste de Operalia suele ser fuente de elementos interesantes y que luego hacen una carrera más o menos competente, sin duda gracias a la guía y manto protector del tenor madrileño. De los ganadores de este año, los más destacados, en mi opinión, han sido una chica noruega, Lise Davidsen, de voz opulenta, con punta y brillo sobre todo en la octava aguda, y algo más mate en el resto. Tiene un ligero vibrato que debería cuidar, pero se cantó una entrada de Elisabeth, del "Tannhäuser" wagneriano, con mucho poderío. Los otros dos cantantes destacados lo primero que tendrían que hacer es buscarse un nombre artístico más manejable: un tenor neozelandés, de nombre Darren Pene Pati, y una soprano sudafricana llamada Noluvuyiso Mpofu. El primero tiene una voz preciosa, de tonos plateados, y canta con mucha naturalidad. La soprano, por su parte, tiene una voz también esmaltadísima, de lírica pura, homogénea en toda la gama (un pelín más apretada en el sobreagudo) y también canta con mucha frescura y donaire.
El resto de ganadores, del montón: un barítono americano vulgar y corriente. Uno más (por cierto, había dos barítonos, cortados por el mismo patrón anónimo, americanos los dos, y ambos cantaron lo mismo: la cavatina del "Barbiere"

). Y un tenor rumano muy ajustadito y muy apretadito. Del resto, destacar la inevitable presencia coreana por medio de una soprano ligera de canto pizpireto y desenvuelto, incluído un fragmento zarzuelístico, y un par de sopranos americanas, sin mucha personalidad, pero de canto digno. Una de ellas, por cierto, se cantó unas “carceleras” de “Las Hijas del Zebedeo”, con un acento del mismísimo Chamberí. Habrá que seguir las andanzas de estos jóvenes, porque seguro que más de uno/a dará que hablar en los próximos años.