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Pues uds me perdonarán, pero me veo compelida a salir en defensa del sr. Tunner (nobleza obliga; una es muy diva y es lo que tiene), y es que en el fondo, estoy segura de que si se quieren entender, van a entenderse.
No es cierto que una ligera no tenga que expresar (tampoco creo que haya sido eso lo que ha dicho el señor Tunner). Sin embargo, opino, por un lado, que con el tiempo (y sobre todo, tras una asimilación ventajista de lo que supuso la revolución Callas) se ha perdido la veneración a á la capacidad expresiva de la coloratura en cuanto tal, como forma de hacer posible lo imposible, hablar un lenguaje característicamente musical vedado a la prosa teatral, y que alcanzó su cénit con las escenas belcantistas de locura, que plasmaron la evasión a mundos no racionales por heroínas frágiles destrozadas por la crueldad del mundo. Por eso, creo que hay un algo de profundamente injusto (lo diga el forero SoyNuevoMan, Elvio Giudici o el lucero del alba) en tachar de un plumazo a las Capsir, Barrientos, Galli-Curci, Tetrazzini, Ivogun, Pons y compañía porque "son fritureras y solo hacían coloraturas" sin hacerse cargo de cómo las hacian, en qué contexto y bajo qué presupuestos expresivos.
Y por otro lado, también considero que existe cierto prejuicio estético hacia los timbres característicamente "puntiagudos" (uds me entienden) de las sopranos ligeras. Frecuentemente he escuchado de las Berger, Ratti (una señora musicalísima), Donath, Grist, d'Angelo, Peters, Blegen, Sciutti y decenas de compañeras de cuerda que "uffffffffff, bueno, venga, cantarán algo bien, pero esssssa vozzzzzz..." Y a ver, va en gustos, y no voy a negar la ingratitud de los sonidos de algunas citadas, pero (aparte que a veces no sé qué voz quieren algunos que tenga una Sophie o una Blonde), el esfuerzo de ver al musico dueño de esa vocecita a menudo nos da una pereza infinita, y en sí, ingrata. El caso concreto de Reri Grist (quizá la Zerbinetta más completa anterior a Gruberova) me parece, en este caso, especialmente sangrante.
Dicho todo lo cual, el caso particular de Peters no creo que sea el que mejor abandere esta causa. Porque la soprano, en efecto, tuvo una técnica solvente que la hizo gioiello del MET durante un tiempo, pero el centro se volvió muy áfono muy pronto y el fraseo, cuando quería imitar los modos de Licia Albanese pero llevados a su repertorio, funcionaban bastante mal, sobre todo si sus compañeros de función exhibían registros expresivos más modernos. Con todo, insisto, una respetabilísima profesional.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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