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En el libro "Montserrat Caballé. Casta diva", se habla de aquella Ermione de Pesaro de 1987. Transcribo algunas líneas que quizás resulten resulten de su interés:
"Después le tocó el turno a Pesaro [...] Ésta era la primera vez que Ermione se representaba en el presente siglo y, de hecho, la segunda en toda su historia, ya que su estreno en Nápoles en 1819 había sido un fracaso [...]
Philipp Gosset, el decano de los expertos en Rossini y alma del festival de Pesaro, habló de la obra en una conferencia de prensa celebrada antes de la noche del estreno calificándola de «importante logro que debe contarse entre las mejores óperas italianas del siglo XIX». Por su parte, Richard Osborne, uno de los más recientes biógrafos de Rossini, ha escrito repetidas veces que Ermione es una de las partituras más excelentes del compositor. Por consiguiente, Caballé había asumido una considerable responsabilidad al acceder a interpretar un papel del que no existía tradición escénica y en el cual todo el paso de la inspiración del compositor en beneficio de su esposa, Isabella Colbran, recaía directamente en ella. En efecto, el personaje de Andrómaca no representa desafío alguno para quien canta el papel principal, y a decir verdad Marilyn Horne sólo lo aceptó -reemplazando a Valentini Terrani con pocos días de antelación- por la oportunidad que le brindaba de volver a trabajar con Caballé. Como es habitual en las óperas napolitanas de Rossini, hay un buen surtido de tenores encarnado en estas representaciones por Chris Merritt (Pirro), Rockwell Blake (Orestes) y Giuseppe Morino (Pílade). Por otra parte, la producción, debida a Roberto De Simone, fue por una vez digna, inteligente y, sobre todo, adecuada gracias a los decorados neoclásicos de bella factura diseñados por Enrico Job.
La RAI había colocado sus cámaras a fin de televisar en directo el estreno de la obra que tendría lugar el 22 de agosto. El ensayo general realizado dos días antes frente a un público entusiasta, habia sido filmado y grabado en su totalidad como parte de los preparativos técnicos para el estreno. Finalmente resultó providencial, pues una claque formada por menos de una docena de personas había comprado entradas con la intención de manifestar su descontento ante el hecho de que su soprano favorita, June Anderson, no hubiera conseguido aquel papel. La estructura en siete movimientos del primer acto, con una duración aproximada de ochenta minutos, se desarrolló sin problemas y fue bien recibida por el público. Pero hacia la mitad del segundo acto hay una scena extraordinariamente larga, con interrupciones diversas, en la cual la heroína pasa de ser rechazada por Pirro, y exigir a Orestes que la vengue, al amargo remordimiento y los vituperios cuando obedece a los deseos de éste. Tal como sugiere la grabación de la primera noche, Caballé estaba dando muestras audibles de cansancio, por lo que al menos para la heroína es una larguísima noche. Aun cuando ofreció una actuación extraordinariamente comprometida y de gran autoridad y poderío, los canarios de la claque saludaron su telón con silbidos y rechiflas. Esto hizo que la mayoría del público aplaudiese todavía más, lo que a su vez originó nuevos insultos. En medio de aquella algarabía, Caballé se inclinó sobre el foso de la orquesta y consiguió que le pasaran toda la partitura del director. Blandiéndola en alto y sacando chispas por los ojos, chilló en italiano sobre el tumulto: «¡Estoy cantando la partitura exactamente como Rossini la escribió!», algo que los causantes del abucheo difícilmente podían refutar, ya que hacía ciento sesenta y ocho años que la obra no era representada.
En aquel momento, apareció en el escenario el director de la orquesta, Gustav Kuhn, y se hincó de rodillas ante la diva. Esto sirvió únicamente para que los partidarios de ambos bandos reanudaran la barahúnda, que sólo empezó a desvanecerse cuando descendió el telón de seguridad. En los vestíbulos del teatro y fuera en la calle se produjeron escenas desagradables. Salvatore Accardo, el violinista italiano que dirigía la otra propuesta de la temporada, L´ocasione fa il ladro, fue visto abandonando el teatro con cara de no creer lo que acababa de presenciar. La discusiones no terminaron ahí, sin embargo, pues en cuanto a través de la prensa y los boletines de noticias se hizo público lo que había sucedido, los telespectadores que habían seguido la velada exigieron saber por qué en la emisión supuestamente en directo no habían visto nada de todo el jaleo. En efecto, los italianos que habían intentado ver y escuchar la actuación simultáneamente por radio y televisión se habían molestado mucho, pues las imágenes no estaban sincronizadas con lo que se escuchaba en la radio. El jefe de la RAI 3 reveló que el director de escena, Roberto De Simone, se había negado en el último momento a permitir la utilización de focos por parte del equipo de televisión, en la que creencia de que ello podía perjudicar la calidad visual de aquel importantísimo estreno y que, sin informar a la audiencia, la RAI se había limitado a transmitir el vídeo del ensayo general, mientras la radio emitía en directo desde el teatro. El escándalo se prolongó durante días con toda clase de acusaciones y negativas. Una vez más, «la Caballé en Italia» había proporcionado a los medios informativos una buena dosis de incidentes teatrales.
La crítica inglesa, que había acudido en masa a presenciar el acontecimiento, dio una versión menos sensacionalista de los hechos. Richard Osborne escribió en Opera:
«El papel [de Ermione] tiene tanto que ofrecer, sobre todo en el segundo acto, que esperamos que otras sopranos vengan a iluminar sus muchas facetas, aunque Caballé sigue siendo una cantante rossiniana de sutileza y refinamiento extraordinarios, y encarnando por segunda vez en la historia al personaje de Ermione, ha marcado un hito en los anales de la ópera [...] Una pequeña claque de detractores de Caballé hizo acto de presencia en el teatro (¡y de qué manera los derrotó ella al salir a saludar!).»
En The Times, John Higgins comentaba:
«Madame Caballé se paseó por el escenario con una majestad que habría hecho parecer servil a la reina Victoria [...] En la noche del estreno hubo de vérselas con una pequeña facción de la audiencia que, al parecer, habría preferido a otra soprano en el papel principal [...] Ni el infierno tiene el temperamento de una Caballé desdeñada...»
Vale la pena añadir que en las siguientes tres representaciones, Caballé no sólo estuvo pletórica de forma sino que -pese a su comprensible nerviosismo- recibió la unánime aclamación del público."
En el libro también se señala que, meses después, en 1988, Caballé volvió a cantar el papel en Madrid:
"A esto siguieron más recitales en España antes de llegar a Madrid el 6 de abril para ensayar la nueva producción de Ermione debida a Hugo de Ana. Por buena que hubiera sido la producción de Pesaro, esta escenografía recientemente ideada en Madrid estuvo a un nivel muy superior, y a ella se deben algunos de los cuadros escénicos más impresionantes que se hayan visto en la capital española. El único superviviente del reparto de 1987, aparte de Montserrat, fue Chris Merritt como Pirro; Margarita Zimermann cantó Andrómaca, Dalmacio González interpretó el papel de Oreste, y Justin Lavender encarnó a Pílade. La ferviente y apasionada batuta de Gustav Kuhn dio paso al más flemático pulso de Alberto Zedda (Kuhn debía haber dirigido la orquesta como lo había hecho en Pesaro, pero desgraciadamente no estaba disponbile en aquellas fechas). En los largos pasajes de declamación heroica, la voz de Caballé pudo oírse con toda su fuerza y sin que se apreciara perjuicio alguno. Igualmente se esforzó cuanto le fue posible para meterse en la acción dramática, incluyendo la decisión de sustituir el desvanecimiento final de la heroína rossiniana por un vigoroso suicidio de acuerdo con la obra original de Racine.
El público madrileño no manifestó otra cosa que entusiasmo por las representaciones; la tercera y la cuarta sirvieron de marco a un homenaje a Caballé, quien celebraba las bodas de plata de su debut en Madrid."
_________________ Anche l' idea muor, tu non muori giammai, tu, l' Eterna canzon!
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