Este tema del creador-autor, del artesano, del que tiene estilo y del que es un mandado, es apasionante, y yo creo que es muy difícil situarse en un solo bando. Si ser autor consiste en tener un sello personal, está muy bien, pero como bien ha apuntado Ulysses, el sello personal por sí mismo no es marchamo de calidad. Hay bastantes ejemplos de directores muy originales y personales, y en cambio aburren a las tortugas. Y también hay variados ejemplos de “mandados” (en el Hollywood dorado, casi todos) que dejaban al espectador con la boca abierta.
En el caso de Wyler, en concreto, yo me alineo entre los que sienten grandísima admiración por su talento y por su obra. De él se decía que su estilo consistía, precisamente, en no tener estilo. Pero sí lo tenía y muy definido. El señor Supermaño ha comentado varias características de ese “no-estilo”. Es curiosa la fama de Welles con la profundidad de campo, cuando mucho antes que él, ya Wyler, junto al operador Greg Toland, había experimentado con ella en unas cuantas películas. Pero, claro, Welles era más "glamuroso" y más "enfant terrible"

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En cuanto a lo que comenta Ulysses de que en lo único que consistía su dirección de actores es en repetir mil veces una toma, es verdad, pero porque sabía lo quería y hasta que no lo encontraba no se quedaba a gusto. Con él fueron decenas los actores que ganaron premios, y a pesar de lo mucho que los exprimía, casi todos lo adoraban y hablaban maravillas de él, Bette Davis la primera (aparte de que estaba loquita por sus huesos

). Y no era la Davis una gatita que se amoldara a cualquiera ni que echara flores al primero que pasara por allí.
Y por lo que respecta al ejemplo comparativo que ha elegido el amigo Ulysses entre
Los diez mandamientos y
Ben-Hur, yo también creo (como el señor Tunner) que son dos películas completamente distintas. Nada más lejos del estilo transparente y cristalino de Wyler, que el de DeMille, barroco, pictórico y voluptuoso.