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No quiero que nadie piense que no me gusta Pavarotti. Por Dios, eso es imposible. Lo que digo es que ha cantado fuori di ruolo muchas veces. Su absoluto desconocimiento de idiomas y de solfeo hizo que se quedara en papeles de repertorio tradicional sin una sola escapada a la investigación ni la innovación. Otro tema es su plenitud tímbrica. Yo le escuché (es un decir) una Boheme, con el Si 3 (medio tonito traspuesto) áfono y galleado, completamente sfiatato y con un fraseo deficiente. Pero eso es perdonable. Lo que no me gustó del vivo es su poca implicación, su funcionarización canora en una ópera que es pura emoción. Su voz era de una belleza extrema, de eso no cabe duda, pero su inteligencia musical era nula. Y su Arnold se grabó durante tres meses, no como aquella Carmen de Gedda y Callas, que se grabó en cuatro horas porque la diva llegó una hora tarde. Así, shampleado, Luciano se lucía (valga la rebuznancia) lujosamente.
Como he dicho, considero a Kraus el mejor tenor de todos los tiempos, quizás porque fue el más inteligente y el más coherente con su repertorio. El propio Gigli se salió todo lo que quiso de lo que eran sus roles naturales, con mayor o menor fortuna. Pavarotti, para mí, fue un excepcional Nemorino, un grandísimo Edgardo, un Duca de referencia, un buen Des Grieux (de Massenet), Alfredo o Cavaradossi, hasta un gran Arturo (de Puritani, obviously), pero cuando se metió en Riccardos, Manricos, Calafs, Cheniers y Radameses, para mi gusto, la fastidió (por no hablar de sus incursiones fonográficas ya mentadas de Canio y del moro). Como la ha fastidiado Marcelo Álvarez, un gran lírico convertido en un mediocre spinto.
Por cierto, sin ser fan de póster, yo he oído cosas a Albelo en las que le corre la voz, y mucho. Hasta el punto que, al lado del prodigio de exquisitez llamado JDF, parece Svanholm.
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