Maruxa, esa ópera que tanto perturba el espíritu de algunos gallegos

. Como el Teatro de la Zarzuela nos dejó con la miel en los labios, tenía yo ganas de dedicarle una sesión en condiciones. Esta grabación
all star (para la época y el género) es la más reciente (¡de 1974!), pero tampoco está completa. Es una pena que en los varios intentos que ha habido en las últimas décadas por revitalizar las grabaciones del catálogo lírico nacional, a nadie se le haya ocurrido hacer una versión de
Maruxa digna de los nuevos tiempos.
Esta versión tiene sus puntos de interés pero no supera a la mítica de los años treinta con un reparto de ensueño: Nieto, Ottein, Galeffi y Vela. La diva de la grabación, Montserrat Caballé, decidió no interpretar el papel protagonista, sino la “segunda soprano” (la señorita Rosa), un papel con más hechuras y más complejidad dramática que la dulce y tímida Maruxa. Esta señorita Rosa es una real hembra, sibilina, lasciva y perversa, que busca la perdición de un rapaciño sencillo e ingenuo como Pablo. La Caballé se desmelena para la ocasión y apuesta por la sensualidad y la vehemencia en su canto, ya que el papel no le permite lucirse en esos momentos alados donde su voz se desplegaba con un hechizo extraordinario. A su lado, Vicente Sardinero es un Pablo de buen nivel, de canto sedoso y expresivo, que además consigue lidiar bastante bien con la complicada tesitura.
El resto del reparto está un peldaño o dos por debajo. Pedro Lavirgen exhibe su habitual canto valiente y decidido (se va al Do4 optativo en la escena final), echándole pasión y fervor al fraseo (muy buena la escena de la carta), pero con ciertas tiranteces y exceso de fibra en las subidas al agudo. Víctor de Narké (Rufo) está simpático, y tiene una voz de bajo bella y carnosa en el centro, pero a partir del paso (el papel incide mucho en esa zona) se destroza por completo. Lo más flojo es la Maruxa de la argentina Ana Riera, con una voz que no dice mucho, y un canto que aún dice menos. Curiosamente en su intento por pronunciar en un castellano riguroso, se lía con las “eses” y las “ces”, y hay momentos en que ni ella misma sabe qué está diciendo.
La mayor decepción es la dirección orquestal de Enrique García Asensio, sin ninguna gracia y sin ningún colorido. Todo suena a mogollón, sin matices, sin transparencias y sin claridad. Desatiende por completo todas las indicaciones dinámicas (muy abundantes en la partitura, y que también obvian los cantantes), y pasa por alto los contrastes rítmicos y atmosféricos (un momento precioso como la romanza del barítono, queda en una nadería sosa y lánguida). También se le escapa por completo toda la carga de erotismo que hay en muchos momentos de la partitura, y lo único que queda es una dirección neutra, monótona y sin vida. Una pena porque esta obra de Vives, sobre todo el primer acto, es música de nivel.
Y ahora con esto:

Un reparto plagado de gallinas cluecas a cual más pizpireta. La obra tampoco me está pareciendo nada del otro mundo, más que una música convencional y académica. Alguna otra obra de Hasse que he escuchado me ha parecido más interesante. Pero aún queda trecho por escuchar... y muchos huevos por poner...
