Lucrezia García es una cantante venezolana, pero formada en Madrid. Ya ha cantado en La Scala los dos papeles que interpretó en el acto lírico del Domingo. La voz es magnífica, la única "de verdad" de todos los que intervinieron, pero le falta incisividad y en el fraseo, intensidad en los acentos y flexibilidad a la emisión -la coloratura es problemática-, pero sacó con mucha dignidad una escena tan terrible como la salida de Odabella. Yolanda Auyanet no cantó Bolena, sino la también tremenda escena final de Roberto Devereux, sólo acta para elegidas. Le va enorme el empeño y casi no llega al final (siendo una ligera no culminó en sobreagudo), pero hubo una entrega sincera y un aroma de honradez, indudable. Curioso también ver a la Cantarero casi irreconocible, hecha una sílfide. Guapísima.
Por lo demás, el acto fue emotivo, los cantantes se entregaron, dieron lo que tienen, y, asimismo, resultaron muy bien escogidos los fragmentos videográficos del Maestro Kraus que se proyectaron. Por mi parte, no pude contener las lágrimas al escucharle la invocación a la naturaleza de Werther. Maestro, los estigmas de su arte sublime siguen indelebles hasta la eternidad en quienes aprendimos a amar la ópera y el canto con usted, el más grande.
Beczala, un caso de "divo" actual. Correcto, honrado, pero sin personalidad, sin imaginación, ni asomo de emoción. Jamás se vió un supuesto tenor-divo menos "spavaldo", con menos capacidad de arrastre, de encandilar, de dejar huella, en definitiva, de provocar la decisión en un amante del género, de no dudar en ponerse a pedir en el Metro para seguirle por el Mundo.