Por destacar lo único salvable de este lamentable espectáculo al que asistí ayer, la directora china de tan solo 28 años. Una gran preparación musical, gesto amplio y preciso, atención a los cantantes, buena concertación, sentido expositivo y del balance entre los planos sonoros. Un gran futuro por delante el de esta directora oriental, que adolece como casi todos los artistas de esas latitudes, de ese calor, de esa pasión, emoción y supremo brío teatral.
Absurdo extenderse más sobre los cantantes y la erradísima y desnortada producción, que lo más triste que puede decirse de la misma, es que no tiene nada, pero nada, además de una dirección de actores propia de un teatro de pueblo. No sé de dónde habrán sacado esta versión castellana tan lamentable. Todo se puede defender y hay gente para todo, pero es inadmisible que uno tenga que leer al Sr. Zacarías, que este engendro escénico es lo mejor que se ha visto en el Teatro de la Zarzuela en los últimos años, cuando hemos presenciado producciones zarzuelísticas de gran calidad, que se han repuesto varias veces con gran éxito y se han paseado por España y sudamérica, como "EL niño judío", "los sobrinos del capitán Grant" o algunas de Sagi estupendas como "La del manojo de rosas", "Doña Francisquita" y "El juramento". En la misma temporada pasada pudimos ver un programa dobel, Black y Pagliacci que escénicamente funcionó muy bien con medios limitados pero con habilidad y sensatez. También pudimos ver la producción de Graham Vick de Curro Vargas, a la que se podrá discutir el planteamiento y los aspectos que se quieran, pero bien desarrollada por un señor que sabe de qué va el teatro y la ópera.
No quiero dejar de mencionar ,que ayer padecí uno de los momentos más sonrojantes que he sufrido en un teatro en muchos años. Cuando en el último acto entran en la plaza el torero y su cuadrilla y la orquesta reproduce la melodía del toreador, gran parte del público prorrumpió en palmas acompasadas a modo del concierto de año nuevo. Quería que me tragara la tierra.
