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Aunque con algunos días de retraso, escribo mis impresiones acerca de la representación del domingo de “Die Tote Stadt”.
Tengo que confesar que era la primera vez que me enfrentaba a una ópera contemporania, por llamarla de alguna manera, y el resultado fue muy positivo, a ver, no esperaba escuchar a Puccini o Verdi, pero los fragmentos más líricos de la obra, me parecen de una belleza musical extraordinaria, y que además crean cierto ambiente, lo que hace que el interés por el resto de la obra creza.
Pero a decir verdad, lo primero que me atrajo de esta ópera, fue precisamente la trama dramática que ella misma encierra. En el programa “Gran Gala” que emiten los domingos por la noche en Radio 4 (y que espero que sigan emitiendo durante muchos años más) siempre hacen las previas y las críticas de las óperas (principalmente las que se representan en el Liceu) y de manera más esporádica, las del resto del Estado. Pues bien, aquí explicaron lo que narra la obra, un argumento que está entre la realidad y el sueño, las pesadillas, la realidad y la ficción. Quedé entusiasmada realmente, y esto que aún no la había escuchado!
Decidí que tenía que ir y lanzarme, y como en todas las cosas, siempre tiene que haber una primera vez para todo, “Die Tote Stadt” ha sido mí primera ópera contemporánea, y la disfruté. Siempre me gusta, cuando voy a ver una ópera nueva, prepararla con tiempo y sabiendo de antemano, qué es lo que escucharé y a qué me enfrento, es decir, procuro ir bastante “empapada” de la ópera…
En esta ocasión sólo la pude escuchar en la retransmisión que hizo Catalunya Música, pero, al cabo de una semana, además los comentarios son muy ilustrativos e interesantes, así es que, aun teniendo que aguantar el riguroso entracto, no me importó porque se explicaron cosas realmente incesantes.
Había escuchado que la puesta en escena era extraordinaria, y la verdad, todo lo que se pueda decir, (si no las has visto) queda corto. Es magnífico el juego de Billy Decaer con la iluminación y la doble escena del sueño que confunde al espectador, hasta tal punto, que no sabes (si no lo has leído) si en el segundo acto estás aún en el sueño o es que realmente esto le está sucediendo a su protagonista, a Paul.
Me gustó la idea del movimiento del escenario, creo que es muy reveladora, ya que mientras Paul no sueña, todo tiene simetría, el escenario está recto y no se mueve, a la que Paul empieza a soñar, el escenario se desplaza, se inclina, los objetos se mueven como en un mundo de fantasía. Me quedé con la idea de que “el sueño desplaza la realidad”, y por esto el escenario queda en diagonal y al final vuelve a colocarse como el principio.
Otro detalle de la puesta en escena que me gustó es que en la parte del sueño el color que predomina es el blanco y algún negro esporádico, y solo el protagonista lleva la ropa de color. Muchas veces me he preguntado si la gente cuando sueña, sueña en color o en blanco y negro, supongo que debe haber de todo, pero a mí este detalle me sugiere que el único que piensa que está en la realidad, “su realidad” es Paul, por esto aparece vestido como al principio de la obra, y los demás cambian su vestuario, Marieta cambia el vestido amarillo por el blanco, Frank el azul por el traje blanco de Pierrot…
Bueno, en fin, la producción me gustó, no entendí muy bien lo del detalle del pelo, es decir que ella aparezca calva casi toda la obra, la única explicación que le encuentro, es que Paul, después de su escena onírica con Marie, (que aparece vestida de color azul y con melena rubia) cuando después la apoyan en la cruz, y aún sigue siendo Marie para Paul, la despojan del vestido y la melena, como si hubiera resucitado y se hubiera encarnado en Marieta, (aunque él la sigue asociando con Marie)…Mmmm, este detalle no lo entendí muy bien, la verdad.
Parte musical. Me es difícil poder juzgar a los cantantes y su interpretación porque no conozco la obra lo suficiente, así es que me limito a dar cuatro pinceladas.
A mí me gustó mucho la Brigita de Julia Juon, cantó con mucha musicalidad y lirismo al igual que el espléndido Bo Skovhus, que estuvo fantástico en la canción de Pierrot.
Gran sorpresa supuso para mí Torsten Kerl, una voz que no sabría muy bien como encuadrarla, pero cumplió su papel, aunque en algún pasaje costaba de oírse porque la orquesta (sobretodo en el último acto) estuvo magnífica pero ejecutaba demasiado fuerte y tendía a tapar un poco a las voces.
Susan Anthony espléndida a nivel artístico, aunque la canción del laúd me esperaba una voz con un timbre más brillante y un poco más meláncolico, pero aún así una gran Marieta.
Me encontré a la salida con Cleopatra y no ví a ningún otro forero. Lástima Gouver, porque yo a las 4.30H pululaba entre los libros y los discos del Espai Liceu, me hubiera gustado saludarte.
brunilda
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