Peter Quint escribió:
El cuadro de Tebaldi está siendo infernal…
La verdad es que votar entre Sutherland y Tebaldi es como hacerlo entre la abuela paterna y la materna. Porque no sólo vertebraron casi ellas solas buena parte de la sección de ópera de una multinacional discográfica, sino que constituyeron desde cierta "tradición" (en sentido amplio) dos opuestos (diferentes) a lo que sin ningún ambage debe llamarse la revolución callasiana.
Joan Sutherland fue una vocalista sin parangón que hizo realidad ante nuestros oídos los mitos dieciochescos más exuberantes. Por legato (¿conocen otro legato igual, donde toda la música parece que fue pensada para constituir semejante arcada canora con esa uniformidad?), facilidad de coloratura, brillantez (y qué armónicos) en toda la octava aguda y en el sobreagudo, depuración estilística, rigor musicológico y pulcritud ejecutiva, no ha habido otra como ella. El único parangón que se sostiene es Gruberova, que como fenómeno técnico es igualmente fabuloso y tenía más sobreagudo, pero, aparte de los manierismos (que de alguna forma los tuvieron ambas pero en Edita los veo más acentuados, tanto en los portamentos -que si Sutherland los usó en abundancia, lo de Edita a veces es exceso- como en vicios de afinación, que Joan casi no tuvo), el instrumento de la eslovaca, al menos en disco, se me hace más metálico que el de la australiana, y quizá por ello, menos “mágico” (espero que me excusen la subjetividad de una afirmación así).
La dicción de Joan Sutherland es un tema que me “duele” porque parece un tótem ideal para despeñar a la que quizá sea la belcantista más eximia después de la Segunda Guerra Mundial sin entrar a razonar su canto. Y las razones (de que me “duela”) son dos. La primera, el repertorio. Joan Sutherland, para bien o para mal, cultivó un repertorio donde la función del texto es mucho más alegórica que en lo que su época era el “gran repertorio”. Alegoría, es cierto, hasta un punto relativa, sobre todo después de la revolución Callas. En ese sentido, puedo comprender que alguien considere la experiencia artística de Sutherland “contrarreformista” o arcaizante en lo que se refiere a la traducción de los códigos teatrales belcantistas, aunque yo, por lo que diré después, no comparta esa visión. En todo caso, no constituye el mismo problema la dicción de Sutherland en Beatrice di Tenda que la de algunas forasteras en Tosca.
Dos cosas, rápidamente:
1. Muy buena exposición de Sutherland como fenómeno vocal pero ¿de verdad es necesario atizarle esos palitos a la Gruberova para hablar de Dame Joan Sutherland?
2. Fíjese, esto que dice usted de la dicción de Sutherland es más o menos lo que dije yo el otro día de que el texto en la ópera belcantista me importa tres pimientos, pero dicho de una manera más bonita. Y me dio usted hasta en el carnet de identidad por decir una cosa parecida. En cualquier caso estamos de acuerdo en una cosa: no entender un pijo de lo que se está cantando en una ópera belcantista puede no ser un problemna (y hasta puede llegar a ser una bendición, si me apuras). Por el contrario, no entender un pijo de lo que se canta en una ópera verista
es un problema. Volvemos al tema de la calidad de los libretos...
