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El cuadro de Tebaldi está siendo infernal… La verdad es que votar entre Sutherland y Tebaldi es como hacerlo entre la abuela paterna y la materna. Porque no sólo vertebraron casi ellas solas buena parte de la sección de ópera de una multinacional discográfica, sino que constituyeron desde cierta "tradición" (en sentido amplio) dos opuestos (diferentes) a lo que sin ningún ambage debe llamarse la revolución callasiana.
Joan Sutherland fue una vocalista sin parangón que hizo realidad ante nuestros oídos los mitos dieciochescos más exuberantes. Por legato (¿conocen otro legato igual, donde toda la música parece que fue pensada para constituir semejante arcada canora con esa uniformidad?), facilidad de coloratura, brillantez (y qué armónicos) en toda la octava aguda y en el sobreagudo, depuración estilística, rigor musicológico y pulcritud ejecutiva, no ha habido otra como ella. El único parangón que se sostiene es Gruberova, que como fenómeno técnico es igualmente fabuloso y tenía más sobreagudo, pero, aparte de los manierismos (que de alguna forma los tuvieron ambas pero en Edita los veo más acentuados, tanto en los portamentos -que si Sutherland los usó en abundancia, lo de Edita a veces es exceso- como en vicios de afinación, que Joan casi no tuvo), el instrumento de la eslovaca, al menos en disco, se me hace más metálico que el de la australiana, y quizá por ello, menos “mágico” (espero que me excusen la subjetividad de una afirmación así).
La dicción de Joan Sutherland es un tema que me “duele” porque parece un tótem ideal para despeñar a la que quizá sea la belcantista más eximia después de la Segunda Guerra Mundial sin entrar a razonar su canto. Y las razones (de que me “duela”) son dos. La primera, el repertorio. Joan Sutherland, para bien o para mal, cultivó un repertorio donde la función del texto es mucho más alegórica que en lo que su época era el “gran repertorio”. Alegoría, es cierto, hasta un punto relativa, sobre todo después de la revolución Callas. En ese sentido, puedo comprender que alguien considere la experiencia artística de Sutherland “contrarreformista” o arcaizante en lo que se refiere a la traducción de los códigos teatrales belcantistas, aunque yo, por lo que diré después, no comparta esa visión. En todo caso, no constituye el mismo problema la dicción de Sutherland en Beatrice di Tenda que la de algunas forasteras en Tosca.
Pero la segunda razón por la que el tema me incomoda es de salud. Joan Sutherland fue operada de la laringe en 1959, nada más llegar al estrellato (con buena flema anglosajona, nunca dio excesivos detalles de las causas, pero desde luego, no eran nódulos, pues el instrumento en aquel momento funcionaba perfectamente), y tuvo que volver a aprender a impostar con el nuevo instrumento porque ya no podía cantar como lo hacía antes. En la nueva colocación, más elevada, para mantener la posición y no perder el flujo del legato, lo que se perdió fue la nitidez de las vocales (además de un pequeño plus de metal y también un progresivo oscurecimiento del timbre, muy anterior a su declive). Comparando las grabaciones previas a la operación con las posteriores, ello se distingue perfectamente. Y la pareja artística que formó con Luciano Pavarotti (el tenor con la mejor dicción del sonido grabado, tal cual) lo hacía dolorosamente presente (pero al mismo tiempo, a mí siempre me ha parecido un síntoma de lo asumido que tenía Sutherland el tema de su dicción y lo poco que le obsesionaba). Quiero decir; además de injusticia, hay cierta mezquindad en decir que Joan Sutherland optó por cantar en swahili porque le parecía más divertido que el italiano y no sabía de qué trataban las óperas que cantaba; en realidad, Joan Sutherland hacía las vocales que hacía porque le operaron su herramienta de ganarse la vida y no le quedó otra.
Y a partir de ahí, sabiendo que no tenía el talento histriónico de Callas y que no podía perfilar la dicción, Joan Sutherland afronta el belcanto muy consciente de sus armas; es decir, una factura técnica espectacular que no admitía la menor objeción, pero también la creación de unos modos expresivos propios a través de de la magnificación de la melodía, sin duda mucho más abstractos que los de la revolución callasiana, pero igualmente válidos para proponer, y a su forma, aprehender, los códigos belcantistas (algo que sigue revelándose mucho más esquivo de lo que muchos pensaban; el que inventó que saberse la melodía de la cabaletta era comprender el melodrama belcantista, desde luego, se lució). En ese sentido, su punto débil fue el recitativo belcantista, al que nunca pudo dar la gama colorística y la intensidad febril de Callas, Scotto y Sills, pero la plata de sus cantabiles y el virtuosismo de sus cabalettas tampoco pudo ser igualado por aquéllas, y en ese sentido, tampoco su forma virtuoso-nostálgica de estar transportándonos a historias románticas que surgían mediante la sublimación del canto.
Renata Tebaldi. No se me ocurre mejor (ni más breve) definición de su inmensa categoría que la frase del marqués de que, escuchándola, pensaba estar oyendo a Italia entera. Voz más hermosa no la conoce un servidor, ni tampoco mejor encarnación de la idea de que el canto profesional sea, ante todo, apoyo y legato. Pero además Tebaldi, por decirlo de algún modo, hizo ópera “como se había hecho siempre” mejor (o al menos, más bonito) que nadie. Pero en esa convencionalidad, si se quiere, también encontró unos modos propios (quizá no muy bien envejecidos, pero indudables) que le daban una personalidad que las posteriores líricas puras (sospechan bien; hablo de Freni) no han tenido. Es cierto que el agudo extremo era problemático, y sobre todo, que la coexistencia con Maria Callas, que con un instrumento mucho ás heterodoxo estaba transformando la ópera en un género casi nuevo, pasado el tiempo no la beneficia, pero yo nunca he sido “abrazado” por la ópera italiana como con el canto de Renata Tebaldi.
Vote a quien vote, es una barbaridad omitir a la excluida, pero por lo que ha sido en mi vida, a mí me toca darle el voto a Joan Sutherland.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
Última edición por Peter Quint el 11 Sep 2014 22:04, editado 1 vez en total
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