No sé si será que hoy en mi trabajo se ha mascado verdaderamente la tragedia y al final ha terminado todo como una stretta rossiniana, y eso me ha puesto del consiguiente buen humor, pero he terminado de cenar muy dispuesto al ejercicio interpretativo de que
Carl Tunner escribió:
Disculpas si alguien se ha sentido ofendido
(y eso después de editar, que a saber lo que ponía antes)
significa "decir que Alberich y Quint (o igual únicamente Quint, no lo sé) son ratas, que Delaforce es un mal dictador porque no manipula lo suficiente para que gane quien quiero yo, que Gino manipula lo que lee y es un palmero del crítico de noséquién (¿Quint, una vez más?), que Almirena se cisca en Gencer y que Flagstad es un paquidermo no me ayuda a hacer amigos".
Tema muy difícil el de Caballé y Flagstad, porque con instrumentos y repertorios muy distintos, compartieron sin embargo una filosofía de canto en que la emisión lo es absolutamente todo, y sublimaron su calidad hasta niveles que no se han vuelto a conocer. Ambas son insuperables en varias de las cosas que cantaron, Caballé con sus sonidos "flotantes", incorpóreos y extáticos, perfectamente ensamblados a los más vibrantes; Flagstad con su granito imperturbable en el que no había tragedia teatral ni orquesta wagneriana que le hiciera perder la posición perfecta de la densa y fascinante vocalidad, y ahí, logrando que el imposible parezca fácil. Sin duda, ese concepto del canto dificulta que maravillen con otros aspectos del teatro musical (podemos discutir, y yo lo he hecho a veces en este foro, las actrices que no terminaron de ser), pero probablemente, ambas cantantes sean dos de los cinco mejores ejemplos en la Historia del arte contenida en el canto en cuanto tal.
Me siento empujado al mismo empate técnico que en el Tebaldi-Ponselle, pero si allí predominaron las audiciones tempranas de mi niño interior, entiendo que es de justicia que hoy gane quien más aprecié como adulto, después de un recorrido personal más elaborado. La Flagstad fue quizá, para mí, la mejor noticia de hacerse mayor.
Kirsten Flagstad, pues.