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¡¡Pero bueno...!! ¿Cómo es posible, Marqués...? Ha acortado usted el margen de tiempo para votar y se me ha pasado la ocasión de hacerlo en el duelo Caruso/Melchior... Ahora que, por fin, me había decidido... Bueno, de todas formas doy mi opinión, aunque ya no cuente para nada.
Esta noche lo he consultado con la almohada y la almohada me ha dado un veredicto. Las razones que hay tras mi voto (si es que ha de haber algunas, al margen del propio gusto personal) son varias (según mi particular criterio, claro) e intentaré exponerlas.
En este caso es indudable que nos hallamos ante dos de los tenores de la era fonográfica más grandes que han existido. Dos voces de calidad extrardinaria y única que, además, fueron utilizadas de manera soberbia porque sus dueños dominaban a la perfección todos los resortes del canto canónico.
Partiendo del conocimiento y dominio de la tradición y gracias a su privilegiado instrumento, Enrico Caruso inició una nueva era en el canto. Lo despojó de usos y estilemas precedentes y lo hizo más sencillo (en apariencia), franco y directo, adaptándolo así a lo que parecía ser el gusto de sus contemporáneos (de otro modo, si no, resultaría inconcebible el enorme éxito del que gozó el tenor napolitano). Pero en el camino, claro, se dejó un montón de cosas importantes. Su influencia --para bien, o para mal-- fue decisiva para la posteridad (e incluso explica, en cierta medida, la actual decadencia del bel canto, resultado de años de involución a partir de un mal entendimiento y una mala praxis de lo que hizo Caruso). Por todo ello (lo bueno y lo malo) el napolitano se convirtió en un tenor mítico, imitado hasta la saciedad por cantantes que no tenían sus cualidades, ni su bagaje técnico y convertido en paradigma de su cuerda y del bel canto en general.
Junto a él tenemos al danés Lauritz Melchior. Tan grande como Caruso, aunque menos popular por, entre otras razones, el tipo de repertorio que frecuentó. Otro intérprete superdotado por la Naturaleza y con una base técnica solidísima que le permitía hacer lo que quería. Y en este caso deberíamos honrarle no sólo por lo que ha destacado acertadamente Gino --es decir, porque fue "restaurador" de la ortodoxia canora que Caruso hizo saltar por los aires con su revolución expresiva--, sino porque, además, al hacerlo consiguió aunar en su canto las dos tradiciones, escuelas o corrientes más importantes y significativas del arte lírico --la germana y la italiana-- dando como resultado una amalgama realmente prodigiosa y que nos deja boquiabiertos. En efecto, el gran Melchior --quizá mejor que cualquier otro de los cantantes septentrionales de los que conservamos registro fonográfico-- demostró que para cantar Wagner (sobre todo, pero no sólo) no era necesario renunciar a la larga tradición del bel canto. Puso en entredicho, así --aunque lo conociera, porque lo había estudiado--, lo que se intentó hacer durante los años de dominio de Cosima Wagner en Bayreuth, quien buscó el desarrollo de una nueva forma de canto para interpretar las obras de su marido en la que primara lo declamatorio --el canto parlato, el sprechgesang-- sobre el canto legato. Un tipo de canto seco y adusto al que Bernard Shaw denominó el "ladrido de Bayreuth". Es cierto que no fue Melchior el único en renunciar a estas directrices y adoptar una postura crítica respecto del llamado "cosimanismo" y de la "Escuela de Bayreuth" --cantantes míticos como Lilli Lehmann, que había cantado bajo la dirección del propio Wagner en los festivales bayreuthianos de 1876 y 1882, también huyeron horrorizados de las férreas y dictatoriales directrices impuestas por Cosima--, pero sí el más importante del que conservamos testimonio fonográfico y en el que se aúna el pasado y el presente del canto, teniendo en cuenta su longevidad vocal (muestra evidente de que su técnica era la adecuada).
Luego, además, por si hicieran falta más argumentos, está el factor de que conservamos de Melchior un montón de grabaciones de óperas completas, lo cual nos permite saber cómo concebía y construía los personajes que interpretaba (algo que, por razones obvias derivadas de las limitaciones de la técnica, ignoramos en el caso de Caruso).
En fin, que todo este rollo era para decir que habría dado mi voto a MELCHIOR.
_________________ "Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).
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