Gracias a Yago por abrir el fuego. Así da gusto, cuando el director marca la entrada de forma tan clara.
En efecto, muy notable éxito de público.
Yo también me lo he pasado muy bien, aunque no acabo de entender del todo tanto aplauso y ovación como no sea por el motivo psicológico de que estamos muy necesitaditos los clientes del Real y por el hecho nada psicológico de que esta ópera es fabulosa, y a poco que vaya razonablemente servida... Algo puede haber influido el que Pretti no sea un tenor conocido y la gente se llevara una sorpresa agradable (y más teniendo en cuenta el anuncio de la indisposición). De todas formas, no recuerdo haber disfrutado tanto en el Real en toda la temporada (algún momento tremendo de la ópera de Rihm y basta).
Es difícil juzgar a Pretti, por aquello de su afección. ¿De verdad de verdad o sólo medio nerviosilla? ¿Qué tipo de indisposición: alergia, resfriado, le dolía una uña, era esa época del mes? No parecía especialmente afectado, salvo por alguna intuición de ronquez o tendencia al gorjeo que salvó a tiempo, con una emisión por lo demás razonablemente limpia. ¿Se ha reservado en algún momento? Si es así, muy poco, creo yo. Quizás descansara un poquito más de la cuenta en algún concertante. Puede que su agudo todavía sea más desahogado en circunstancias ideales (y no tan tirante, pero es que el tío se lanzó con bravura), porque es obvio que la voz es de las que se empinan bien. Pero bueno, además de que posee un instrumento italiano de los de verdad (un poquititito caprino en algunos momentos), canta bien, con empaque. No sé cómo será en papeles que exigan un poco más de efusividad lírica.
Espero que lo suyo sea por causa de un animalucho de esos de 24 horas y sus condiciones mejoren, o al menos no empeoren, en las dos funciones que vienen. Tampoco es exactamente un tenor juvenil. Ya ha entrado en los cuarenta, como se puede deducir sherlockianamente del juego que le dio al mecanismo regulador de la altura del atril (y de una fugaz consulta en internet

).
No entiendo los bravos a Vasallo, salvo quizás por el hecho de que se le oye (y venimos de esos Cuentos de Hoffmann vocalmente translúcidos). Pero casi lo único bueno que se puede decir de la interpretación de su maravillosa aria de barítono es que se reconocía la melodía; aunque por los pelos. En su gran dúo con el tenor, parecía que todos sus desvelos se concentraban en el tonelaje decibélico. En los números de conjunto se recrea en ese bordoneo de moscón tan característico de la cuerda baritonal verdiana de hogaño.
La Di Giacomo también me ha gustado más que otras veces, aunque la he visto un poquito cauta en el Bolero. Generosa en los concertantes (al revés que Pretti). Sigue siendo Di Giacomo, no se ha convertido en Ponselle, pero nos dio una velada agradable.
A Furlanetto todos le conocemos. Le he visto en mejor forma que otras veces, por lo menos en su acto de lucimiento, en donde se volcó, como dice Baldassare. Luego se opacó un poco.
Comlon bien. En los números más complicados cierta tendencia al desencuadre o desencuadernamiento o barullo o como se diga, pero la cosa no va a mayores. De vuelta a casa, mientras paseaba por las calles mojadas, escuché un concierto de De Sabata, en el que interpretaba la obertura, y, claro, Comlon no era tan eléctrico. Gran sorpresa. De todas formas, me imagino a nuestro Bolton dirigiendo esto y me entra un sudor nervioso.
Supongo que me debería avergonzar decir que es la primera vez que escucho esta ópera en vivo, por lo que no me fío demasiado de mi juicio, ya que estoy entre nubes. Este acto cuarto es mejor que toda la tetralogía (comparación inútil y mostrenca, pero cedo a la debilidad porque sé que a nuestro amigos wagnerianos les gusta que les den un poquito con el cilicio mortificador, al que tan aficionado era el Gran Maestro Teutón

).