Dirección musical - Carlo Rizzi, Dirección de escena - Nikolaus Lehnhoff
Minnie - Nina Stemme, Dick Johnson - Marco Berti, Jack Rance - Claudio Sgura
Bronca en la Bastilla en el estreno de la Fanciulla
Cuando se anunció la temporada de la Bastilla, mi primera intención fue no ir a esta Fanciulla al ver que estaba dirigida por Carlo Rizzi. Nina Stemme y Marco Berti eran buenos reclamos, pero Rizzi me tiraba para atrás. Tengo claro que si hubiera sido Boheme o Tosca, obras que ya he visto muchas veces en vivo, no habría ido. Pero al final, el hecho de ser Fanciulla una obra que solo había visto una vez, que era el mismo fin de semana del Werther y la “presión” de algún compañero de viaje, me decidió a comprar la entrada. Craso error.
La dirección de Rizzi fue insoportable desde el comienzo. Esta vez prácticamente no hubo ni siquiera corrección. Ni un plano sonoro distinto, todo con sordina. La orquesta de la Opera de Paris (que sin ir más lejos sonó gloriosa 18 horas después con Michel Plasson) sonaba menos y más plana que la Sinfónica de Madrid de los años malos. Aquello no solo no era Puccini, es que no era ni Debussy. Stemme (sobre todo) y Berti (algo menos) te mantenían en vilo, pero era lo único. Y eso que estoy convencido que si no hubiera sido por Rizzi, la puesta en escena de Nikolaus Lehnhoff, que desconocía a pesar de que parece que está editada en DVD, donde pasas de un bar de las Vegas donde camparían a sus anchas los Village People en el primer acto, a un carromato de la Barbie con unos “bambis” en el jardín en el segundo, nos lo hubiéramos tomado a risa, pero nada más. Visualmente no estaba mal (aunque tuviera poco que ver con la Fanciulla) y como digo te echabas unas risas.
Pero claro, cuando en la partida de póker, oyes más a un cantante como Sgura que todo el clímax orquestal que lo acompaña, el mosqueo sube de tono. Ya al terminar el segundo acto se oyeron unos breves abucheos. Cuando Rizzi salió a saludar para empezar el tercer acto, los abucheos aumentaron, y un par de minutos después se abrió la caja de los truenos. Al levantarse el telón, apareció un garaje americano con 15 o 20 coches aplastados unos encima de otros. Más risas. En esto hubo espectadores que empezaron a aplaudir. Como un resorte una parte numerosa del publico empezó a protestar airadamente, y a partir de ahí ya no hubo risas. Todas las “gracias holliwoodienses” como Dick Johnson haciendo de “Tarzán” con la cuerda en la que estuvo a punto de ser colgado, Minnie bajando unas escaleras salidas de la chatarra en plan Lina Morgan, o el león de la MGM haciendo gracietas, dejaron de hacer gracia. Al final, música de viento para Rizzi y Lehnhoff con algunos gritos de "Povero Puccini". Como siempre que ocurre esto, muchos “bienpensantes” nos increparon el porqué de las protestas. A mi incluso me dijeron que me fuera a manifestar al día siguiente no sé a dónde. En fin lo de siempre. Si aplaudes o braveas todo bien. Si protestas eres malo.
La lástima es que todo esto eclipsó la parte vocal, donde Stemme estuvo intachable, musical, fraseando de primera, aunque yo personalmente no le acabo de ver “en italiano”. Berti sigue teniendo una voz impactante, bella, robusta y me gustó oírla entre tanto deshecho de tienta. Sin embargo pecó de brutote. No sé, pero si yo fuera Minnie no creo que “me enamorara de él”. En cualquier caso a alto nivel ambos. Por contra, Claudio Sgura tiene una cierta línea de canto pero su voz es mínima, incapaz de hacer un sheriff creíble. Al terminar, grandes ovaciones para los tres. Incomprensibles en el caso de Sgura que dice bien poco del público parisino cuando le equipara a los otros dos
Al final, lo único cierto es que a Rizzi

no le vuelvo a ir a ver ni aunque resucite Pavarotti.