Carl Tunner escribió:
la Elektra de Thieleman en Dresde. La monda en verso alejandrino.
Wanderer estuvo también allí

y corrobora en general las palabras de Herr Tunner.
Carl Tunner escribió:
Eso sí, un frío espantoso. 14 bajo cero (no sé cómo la gente puede vivir aquí)
Efectivamente, lo más impresionante la gente paseando por la calle con toda tranquilidad. Eso sí que es poderío.
Kandaules escribió:
¿alguna noticia?
Apunte calendario provisional y parcial del mes de noviembre en tierras sajonas y aledañas:
Domingo 2, Tristan und Isolde, Unter den Linden (Meier)
Miércoles 5, Die Soldaten, Bayerische Staatsoper
Jueves 6, Daphne, Dresden
Viernes 7, Arabella, Dresden
Carl Tunner escribió:
no sé si estaré a la altura de tanto elitismo. Que soy de barrio.
Si ha estado a la altura de la Semperoper y de sus pasillos ricamente decorados, lo está también para los espacios más grandes y abstractos del Grosses Festspielhaus y de la Felsenreitschule.
Carl Tunner escribió:
En cuanto a Thielemann
Su amigo es sabio, porque no es oro todo lo que reluce en Thielemann. Sin embargo, las dudas, legítimas o no, que puedan albergarse acerca de Thielemann se disipan en este concreto repertorio y ante la evidencia de una interpretación como la escuchada el sábado. Es tópico recordar que según Strauss, la música de
Elektra ha de sonar como Mendelssohn, y sin embargo hasta cierto punto esto es justamente lo que sucedió el otro día. A diferencia de lo escuchado en otras ocasiones (especialmente en alguno de sus Wagner), el maestro mantiene el discurso del foso perfectamente controlado, respetando a los cantantes, permitiendo que el texto llegue con toda claridad al espectador y consiguiendo a la vez plasmar con la pericia de un miniaturista la plétora de acontecimientos orquestales generados por el compositor. No cabe reparo posible ante una interpretación como ésta: dominio soberano de la estructura desde el primer al último compás, ausencia de todo exceso gratuito, tímbrica refulgente de una orquesta que sigue realizando el milagro de poseer su propio sonido, cálido, dorado, diferente del de cualquier otro conjunto. A la espera de poder escucharle en Bayreuth, me parece que todavía más que Wagner, el repertorio mejor de Thielemann es Strauss.
Carl Tunner escribió:
La puesta en escena funcionó y resultó interesante.
Efectivamente. Fue una de esas ocasiones en las que todo funciona, todo está relacionado con todo y todo se alimenta de todo: por eso fue una función memorable. La producción de Barbara Frey, de quien solamente conocía la
Jenufa que hizo en 2009 para la Ópera de Baviera, posee en grado superlativo la virtud de la modestia, del trabajo artesanal bien hecho, de la humildad ante la obra, que concibe como un drama familiar burgués centrado en las tres protagonistas femeninas, vestidas a la manera de los años cincuenta del siglo XX, encerradas en una casa que constituye a la vez su reino absoluto y la frontera infranqueada de su mundo (escenario único, un salón semivacío presidido de manera tan imponente como irónica por la inscripción latina
Iustitia fundamentum regnorum, con una simple silla en la que irá desnudándose interiormente cada uno de los protagonistas). La dirección de actores, soberbia, se mantiene atentísima al texto de Hofmannsthal y lo ilumina con una coherencia apabullante, mostrando a una Elektra evidentemente presa de alguna clase de enfermedad nerviosa, que se convulsiona al final de su monólogo; a una Chrysothemis a la vez débil pero con una singular fortaleza de ánimo y claridad de ideas, con un relieve desusado como personaje; y a una Klytemnestra como una mujer en plena crisis de madurez, sobrepasada por las consecuencias de su crimen, incapaz de controlarse a sí misma y de controlar su mundo. Varios de los momentos clave de la partitura están expuestos con enorme brillantez; así los dúos entre las dos hermanas, con Elektra derrumbándose en el primero ante las verdades que Chrysothemis le expone en la cara (
Tú eres la razón de que no nos dejen salir de esta casa, con una Schwanewilms en el punto justo entre la desesperación y la cólera controlada), y con la evidencia de la atracción sexual que la protagonista siente hacia su hermana cuando le dice aquello de
Te prepararé el baño para llevarte reluciente a los fuertes brazos de tu esposo, tumbadas y abrazadas ambas en el suelo, sus labios aproximándose, en la cuerda sobreaguda un tremolo, en la mirada de la hermana menor una duda; o el encuentro con Orestes, que Frey desarrolla con mano maestra, con aparición en escena de dos niños, fantasmas del pasado de los hermanos, que
ellos pueden ver en los mismos rincones del salón en que años después vuelven a encontrarse; conmovedora la manera en que se produce el breve abrazo entre los hermanos.
Carl Tunner escribió:
Al final Crysotemis sale vestida de novia como signo de esperanza, de que podrá cumpir su sueño de ser esposa y madre
Francamente lo que menos me convenció es esa aparición final de Chrysothemis vestida de novia, aunque creo que el juego de la iluminación en los acordes finales deja bien claro que para ella tampoco hay esperanza posible. Al menos esa es la sensación que tuve.
Carl Tunner escribió:
Menuda Elektra se canta e interpreta la Hertlizius.
Absolutamente, sí. No me sorprendió (porque contaba con ello) ni la potencia
decibélica (en ese aspecto le compararon con Nilsson a raíz de su Färberin), ni la intensidad (descomunal) como intérprete. Lo que más me llamó esta vez la atención de Herlitzius fue,
el canto. Con esa voz que tiene, un punto estridente en el agudo, algo destemplada en el centro, más bien desguarnecida en el grave, pero que sin embargo es manejada con la sensibilidad y la inteligencia de una gran dama del canto, enunciando su texto de manera diáfana, con un cuidado constante por el matiz, por subrayar el sentido de cada una de sus frases, con una comprensión prodigiosa de la poesía que habita este texto y esta música, de Elektra como un ser humano irremediablemente herido, irremediablemente perdido. ¿Ha de decirse todo? Sí; en el monólogo de entrada tuvo un par de accidentes en el agudo. Lo que no empaña una prestación de una intensidad inenarrable, de una fuerza y de una verdad simplemente inolvidables. No vi a la Behrens y vi a la Marton ya algo mayor, cuando cantó el papel en el Real (¿1999?). En mi experiencia personal, Herlitzius se sitúa ex aequo con Polaski (memorable en la Quincena de San Sebastián, ¿2004?, ¿2005?) a la cabeza de las Elektra vistas en teatro, claramente por delante de otras como Theorin o Watson.
Carl Tunner escribió:
Impecable la Meier, artista histórica, de un magnetismo único y capaz de bordar dramáticamente cualquier enfoque que el regista quiera conferir a un personaje.
Lo ha dicho muy bellamente, Herr Tunner. Mucho mejor esto que cuestionar la longitud de los dramas musicales de Wagner.

Efectivamente, Meier se aleja aquí notablemente de esa Klytemnestra voluptuosa y
femme fatale que había encarnado en Salzburgo, y presenta su personaje como un ser también débil, consciente de haber causado la destrucción de su familia, desesperada por recuperar la comunicación con su hija. Audible a diferencia de lo que sucedió en Bastilla hace unos meses, seductora de color en el centro como en sus mejores tiempos, aunque el agudo suena tirante, la cantante da también una lección de liederista en materia de enunciación de su texto, de matización de sus frases, de creación de intensidad; construye un personaje absolutamente creíble y coherente.
mitchum escribió:
¿un grupo de fallas?
Puede que sea ésta la mejor ocasión que he tenido con Schwanewilms. El personaje le conviene perfectamente, por el carácter más bien introvertido, apasionado, intenso, de una notable fortaleza interior; el timbre a la vez luminoso e incorpóreo, esa voz irremediablemente débil (las vacilaciones en el agudo, nunca muy seguro en esta cantante, siguen ahí), contribuyen a retratar el personaje, que contrasta así por completo con el de la protagonista. En fin, Pape es como en Salzburgo un Orestes de ensueño, por la autoridad que sabe otorgar a su personaje, manipulando con sabiduría los colores de su voz para resultar aquí menos belcantista que en Gurnemanz, menos regio que en Filippo, menos inmaterial que en Gremin; pero más derrotado, más hosco, más terrible. Van Aken cumple adecuadamente en un personaje que no da más de sí; y los secundarios se desempeñan de manera notable, enunciando sus respectivas frases con una ejemplar claridad.
Se sitúa esta versión entre las mejores Elektra que haya tenido la fortuna de escuchar, con la versión de concierto de San Sebastián en 2004 ó 2005 (Bychkov) y la de Salzburgo en 2010.
Carl Tunner escribió:
mereció mucho la pena
Y tanto.