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He estado en la función de ayer, día 15.
Pues la verdad es que ha sido para mí una función que no será para el recuerdo. Además, creía que la obra en sí iba a gustarme más, ya que en 2006 salí, creo recordar, más entusiasmado. No obstante y pese a mi poca satisfacción particular he de reconocer que programarla ha sido todo un acierto. Esta ópera bufa de Donizetti es una de las más importantes del género, además que arranca siempre una sonrisa del respetable por su divertido argumento. Las conversaciones de mis compañeros de butaca y en los pasillos revelaban entusiasmo. Yo mismo me he reído en algunos momentos, pero repito: he salido con menos entusiasmo ahora que en 2006. No sé: si la pusieran dentro de X años la vería de nuevo, pero me funciona mejor en vivo que en casa.
La dirección musical de Marc Piollet, verdaderamente decorativa. Nada destacable, parecía limitarse a cumplir su cometido. Si así dirige el próximo mes el Tristán de veras que el Real se va a convertir en una especie de trenhotel con cama. Dirección totalmente insípida, no muy ágil. Y en mi opinión para una ópera que es una fiesta no le conviene nada.
El coro tampoco estuvo en su mejor momento, salvo el coro femenino del comienzo del acto segundo.
Tenía muchas expectativas en el Nemorino de Celso Albelo pero me ha dado la impresión de que no tuvo su mejor tarde. Muy flojito en su entrada inicial "Quanto e bella", mejor en los duetos con Adina y Dulcamara o en el "Adina, credimi". Pero no cantó con todo el volumen deseado en una irregular interpretación de "Una furtiva lagrima". Me sorprende: realmente me parece un buen cantante, con una bonita voz. Pero esta vez y más que en las otras dos veces que le he visto (Rigoletto y Marina, donde me satisfizo considerablemente), la imitación que dicen que hace de Alfredo Kraus ha salido en toda su -no siempre afortunada- máxima extensión. Una lástima, porque quizá haga Nemorinos mejores pero no éste que he visto.
Otra decepción me ha supuesto Nino Machaidze. La voz no me parece el paradigma de la belleza, pero resiste. Sin embargo me daba la sensación de que la orquesta se la comía en volumen durante parte del primer acto, y tampoco estaba en máximo rendimiento, salvo algún que otro agudo. Una cantante profesonal, pero la voz no me producía mucho interés. Hasta que llegó el aria "Prendi, per me sei libero". Preció haberse guardado para este momento: la cantó de forma muy notable, con agudos y coloratura estupendos. Vaya, hasta diría que ha sido el mejor momento vocal de la noche. Quizá con Eleonora Buratto me habría resultado mejor.
Fabio Maria Capitanucci hizo un Belcore correcto, pero tampoco para tirar cohetes.
Tampoco me pareció vocalmente grata la Giannetta de Ruth Rosique. Voz de poco interés, al menos en este rol. Y pensar que a Pepi Moreno le ofrecieron este rol... bueno, desde luego que habría sido no sólo mejor que la Rosique, sino la mejor de todo el elenco.
Me dejo para el final a Erwin Schrott. Cuando escuché el disco de Arias para bajo que grabó en Decca me pareció un auténtico horror, especialmente la desgarbada versión del aria de Felipe II. Pero en directo, y cantando el Dulcamara no me ha parecido el desastre que creía. Tampoco me ha parecido el colmo de lo interesante, pero es de recibo reconocer que tenía la voz más grande de todo el reparto. Y que su Dulcamara estaba mejor presentado que el de Un Ruggero Raimondi que en 2006 sólo tenía la vis cómica. Me pareció correcto, de amplio volumen y actuaba bien. Pero hasta ahí. Ojalá pueda comprobar su valía , o su no valía en otro rol que conozca mejor.
Por último, la puesta en escena de Damiano Michieletto pretendía ser divertida. Tal vez lo era, pero tampoco me pareció lo más. El ambientar la ópera en una playa choni de nuestro levante tenía sus pros y sus contras. A favor la iluminación que recreaba momentos del día o la dirección de actores que hacía bailar al coro al final. Claro que es imposible no reírse cuando Dulcamara presenta su "Elixir full energy" que pretende ser un Red Bull pero la botella que se bebe Nemorino tiene un color azul Gatorade. No sé, pero no puedo contener la risa cuando se le atribuyen aumento de apetito, fuego que despierta la pasión de las mujeres; a una bebida energética de gimnasio de color azul. O en el segundo acto en la Barcarola Io son ricco", donde Adina y Giannetta parecían ir a un concurso de imitadoras de La Terremoto de Alcorcón, a cuyos divertidos movimientos se parecían las danzas de algunos cantantes en algún que otro momento. Los maromos y señoritas de buen ver hacían números de Aeróbic mientras Adina hablaba de la reina Isolda. O cuando Belcore es detenido por la policía en estado ebrio al final de la obra, entendemos que por habérselo montado estando borracho con Giannetta. De acuerdo, pretende llamar la atención, pero algo me faltaba. No terminé de sentir el entusiasmo que debe transmitir esta perla del género bufo. Tantos elementos de distracción, o el escaso margen de movimiento de los artistas no ayudaba (especialmente con el tobogán a la piscina de espuma del acto segundo).
En definitiva, una función agradable y pasable que no será para enmarcar. Con todo su presentación es indispensable por lo dicho anteriormente. El teatro estaba altísimamente ocupado y la gente parecía disfrutar como enana. Muchas ovaciones para Erwin Schrott. Volvería a verla si años más tarde la encuentro, si la viera con un mejor reparto o con un Albelo en mejor forma, para verla con amigos o familia, o por el prestigio del título pues siempre es agradable oír en vivo la Furtiva Lagrima. Pero no sólo esperaba, sino que el título merecía más.
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