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Con éste son ya 21 los títulos verdianos ofrecidos por ABAO en su "Tutto Verdi" y estoy seguro de que, hasta el momento, éste habrá sido el más complicado de montar. No es ya sólo que a un año vista cierta institución cultural del Estado se desdijera de lo firmado y que retirase más de cien mil euros prometidos para la producción de este título, sino, sobre todo, porque estamos ante la quizá sea la ópera más complicada de montar de todo el universo verdiano, por sus abundantes cambios de escena, por sus amplias necesidades de reparto y figuración y por su carácter híbrido entre lo trágico, lo grandilocuente y lo cómico. Ignacio García opta por centrarse en el ambiente de guerra y de enfrentamiento entre hermanos para situar su propuesta escénica en medio de la Guerra Civil española. No acabo de verlo claro (lo vería mejor para Il trovatore, por ejemplo), porque las referencia a Alemania e Italia no cuadran del todo, pero en todo caso es la suya una configuración escénica sencilla, que no estorba y que ordena de manera adecuada el movimiento de actores. No sé de quién será la idea de desplazar la obertura al cambio entre el primero y segundo acto, pero la cosa no funcionó más allá de llenar el tiempo de cambio de escena, porque Verdi va presentando en esta magistral pieza los temas fundamental que aparecerán después y no antes, como de esta manera sucede. La conjunción de una orquesta netamente verdiana como la de la Ópera de Parma y de una batuta conocedora de este lenguaje como la de Pietro Rizzo redundó en un acompañamiento orquestal lleno de tensión dramática, que supo respirar con las voces y que subrayó con enorme brillantez los mil y un detalles de esta vasta partitura. El Don Álvaro de Aronica fue bastante monocorde. No sé su estaba afectado por alguna enfermedad, pero el caso es que del mezzoforte para abajo se notaban claros roces y en cuanto podía se erguía al forte para lanzar agudos detonantes y muy vistosos, pero que no siempre venían a cuento, como quedó claro en "La vita é inferno al infelice", donde no hubo ni un matiz ni un detalle en el fraseo. Chiara Taigi presenta un voz de carnoso centro, muy de spinto y su línea de canto fue muy cuidada, pero su problema fue su deficiente afinación en la zona superior y su enorme dificultad para el ascenso, a base de portamenti muy fuera de estilo y muy forzados. Se le olvidó regular en el inicio de "Pace, pace". ABAO cuenta con Stoyanov con un barítono siempre seguro, de magnífica proyección y fraseo apropiado para la música de Verdi y que en esta ocasión, además, se implicó expresiva y emocionalmente hasta alcanzar una de las mejores interpretaciones que le he visto. Igual sucedió con la Preziosilla de Ana Ibarra, muy cómoda en esa equívoca tesitura entre soprano y mezzo en la se movió con soltura y brillantez. A pesar se pésima dicción italiana y de cierta tremolación, Ievgen Orolv (Padre Guardiano y Marqués de Calatrava) sonó con la contundencia propia de bajos profundos. Ahora bien, ante lo que hay que descubrirse es ante Bruno de Simone: con sus años conserva una voz apabullante, capaz de llenar todo el Euskalduna (lo que no es poco), de no vacilar no oscilar ni un momento y de actuar con el fraseo de manera magistral. Y muy bien el resto con unos estupendos Fernando Latorre, Marifé Nogales (que ya va mereciendo papeles de mayor peso en atención a sus condiciones vocales) y Jon Plazaola.
_________________ Io non sono che un critico (Jago en "Otello")
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