Impresionante, emotivo, mágico, brillante, are puro, total, clase, ... todo y más, ayer en la sala de cámara del Auditorio Nacional en un concierto extraordinario, en ambos sentidos, que ofreció el "Cuarteto de Tokio" en el que va a ser su despedida al público de Madrid. Aún tienen citas por el resto del mundo antes de su separación definitiva de un cuarteto de cuerda con más de 40 años de vida tras los que ya son parte de la historia de la música.
El programa, con Haydn, Schubert y Beethoven, era también de cortar el tráfico.
De los conciertos más emotivos de mi vida.
Antonio del Moral salió antes de comenzar la segunda parte a decir unas palabras de despedida, tras haber sido participe de un gran porcentaje de la organización de los más de 40 recitales que el cuarteto de Tokio ha ofrecido en Madrid, segunda ciudad, tras NY, en la que más conciertos han ofrecido. Lo hizo mezclando emoción, agradecimiento y humor. Bien también por él.
La sala, llena y efusiva en las ovaciones, ... pese a la coincidencia con el futbol, mereció, y tanto, la pena perderse un buen trozo del partido (que no todo, y luego para eso está el grabador

Gracias a los componentes del cuarteto de Tokio por su carrera, un homenaje al arte musical de verdad, un ejemplo de poco parangón para todos. Su sonido es de una plenitud sinfónica, unas dinámicas contrastadas que ponen la piel de gallina compás a compás, una afinación grimosamente perfecta, unos armónicos de puro orgasmo para el oído humano, hasta las propias respiraciones de los cuatro fabulosos y monstruosos intérpretes gozan de musicalidad. Me quedo con todo, pero si hubiera de escoger algo para enfrascar y no regalarlo nunca a nadie, ese "presto" del cuarteto 14 de Beethoven... increíble.
Como dijo del Moral, han hecho méritos mas que suficientes para un reconocimiento de un Príncipe de Asturias, más que otros, pero de momento no se les ha otorgado.
Extraordinaria tarde.