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Resemanticemos.
La historia no tiene lugar en Sevilla, sino en China, en un sucio suburbio de Shanghai. El Comendador no es el padre, sino el chulo y dueño del prostíbulo donde trabaja Anna Liu, secuestrada desde tierna edad y objeto de abusos. El jaleo se inicia cuando Giovanni Chen se va sin pagar, y el chulo busca resarcirse. No lo mata con la espada, sino con una patada de karate, claro. Anna Liu llora porque es presa del síndrome de Estocolmo, e incluso siente pena por su proxeneta fallecido. Leporello Wang es el hermano gorrón de Giovanni Chen, al tiempo que su contable, y por eso está siempre preocupado por el dinero. Elvira Ming no es sino una vieja viuda ex amante del padre de Giovanni Chen, que lo maltrataba de niño, y por eso él la evita. Además, no le ha dado un duro de la herencia paterna. Massetto Zhu es otro hermanastro de Giovanni Chen, que se ha buscado una novia decente (no puta ni vieja, vamos, aunque en su día intentó entrar en el club del Comendador y fue rechazada porque usaba brackets) y se quiere casar con ella. Pero cuando Chen lo ve, sólo busca humillar a su hermanastro, a quien odia desde que le robara los cromos de la liga de fútbol de Taipei en la escuela. L escena final es en un tatami, porque a lo que invita Chen a la voz de ultratumba que le habla no es a cenar, sino a darse de mamporros. No contaba con que el Comendador fuese, en verdad, el malo de Street Fighter, y tuviese una mano helada. Y si hay algún fallo de coherencia, como regista les dejo que lo llenen con su frugal imaginación.
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