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Sin negar que exista esa falta de sensibilidad e interés por la dirección escénica, ¿no será más bien que se pretende imponer una visión deformada del género, que hipertrofia la importancia del aspecto escénico hasta extremos que últimamente se antojan, en ocasiones, auto-paródicos?.
Repasemos una vez más (creo que por vigésimo novena ocasión, ustedes disculparán) los hechos:
1.- La cantidad de grabaciones que se venden, y han vendido, en formatos audio. Desde la invención de la música grabada, pongamos a principios del siglo XX. Y que todavía se venden. Incluso óperas recientes como "L'amour de loin", "Merrick" o "Written on the Skin" se publican en CD, aún existiendo, en algunos casos, versiones en DVD en el mercado.
2.- La cantidad de emisiones radiofónicas que se han emitido, y se siguen emitiendo. Algunas de ellas, aunque no recientemente, comentadas entusiásticamente online por foreros de este mismo Foro. Incluso alguno que pudiera tener tanto sensibilidad como interés por la dirección escénica.
3.- En el Teatro Real, y otros, se venden con desconcertante regularidad entradas "ciegas", sin visibilidad. Por cierto, esto también ocurría antes de la invención de la música grabada.
4.- La cantidad tremenda de recitales de arias sueltas, totalmente separadas no ya sólo de la escena, sino del drama textual, al menos en su contexto global. Por cierto, esto también ocurría antes de la invención de la música grabada.
5.- La buena salud de que gozan las óperas en versión concierto. Por cierto, esto también ocurría antes de la invención de la música grabada.
Es evidente que la importancia del aspecto escénico, para muchos (en realidad, para casi todos) aficionados, está por debajo de la música, el canto y el texto. Esto es claro, e innegable. Por supuesto, un grupo de foreros saltarán de inmediato con la línea de razonamiento habitual, casi obligada, de que la ópera es un todo, que es teatro musical, que los compositores (y los libretistas) componían para la escena, etc. Todo eso es cierto, pero la realidad es la que es: para muchos (en realidad, para casi todos) espectadores del género, y en la práctica, la escena es algo de lo que prescinden habitualmente. Cada vez que hacen una de las cinco actividades que se detallan arriba. Algunas de ellas sólo posibles desde que se inventaron la radio y la música grabada, y otras que existen desde el nacimiento de la Opera.
Por lo tanto, puede que sea una visión reduccionista del género, pero es la visión que se desprende de los hechos, de lo que ha pasado en los últimos cuatrocientos años, aunque, ciertamente, más notoria en los últimos cien. Día tras día, y en la vida de cada espectador, sin posicionamientos teóricos. Como se relaciona con el género cada uno.
En cualquier caso, una cosa es la importancia de la escena para el género que, al final, es una decisión que debe tomar, que toma, cada espectador, y para cada ópera, y otra muy distinta es el 'konzept'. Esa superposición de una historia paralela a la que nos narran la música y el libreto, contradiciendo o, en el mejor de los casos, ignorando, precisamente lo que nos deberían ilustrar y, en cierta manera, prostituyendo, lo que realmente puede aportar la puesta en escena.
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