gakugeki escribió:
Ausonio ha tenido durante mucho tiempo fama de poeta profesoral, pedante, gramático, enumerativo. Largas listas de parientes y las virtudes de cada uno, de los consules, de ciudades célebres, profesores de Burdeos... También poemas cuyo único sentido son secas proezas técnicas, como doscientos hexámetros que terminan en una palabra monosílaba, etc.
Por eso ha sido una agradable sorpresa para mí (aunque no para los que saben de estas cosas) su poema Mosella, una evocación pintoresca de los paisajes, parajes y animales del río Mosela, con descripciones muy sabrosas de la naturaleza, que tampoco son tan comunes en la literatura latina; observaciones sobre cómo el reflejo en el río de un melocotón que pende de la rama hace que la fruta parezca más henchida y madura. Cosas así. Muy interesante.
El Mosela en versión bilingüe, todavía inconclusa:
http://wiki.dickinson.edu/index.php?tit ... us_MosellaTengo que leer su Ephemeris, en el que describe su vida cotidiana desde el despertar: sus charlas con el cocinero y los criados...
La literatura tardorromana no es algo, precisamente, que suela leerse como las novelas de Corín Tellado. Se trata de un tipo de textos que, en su mayor parte, han quedado relegados al papel de fuentes literarias utilizadas para la investigación histórica y que, en función de sus características (de estilo y contenido) se encuentran demasiado alejados de nuestra sensibilidad actual, razón por la que raramente se leen, a no ser por una cuestión profesional o académica. De todas formas, hay algunas piezas que siguen conservando un frescor y una inmediatez evidentes, y que producen esa sorpresa agradable a la que hace referencia nuestro compañero Gakugeki.
En el caso concreto de Ausonio, y lo digo desde un punto de vista estrictamente historiográfico y profesional, aparte del
Mosella, cuyo valor como fuente histórica es relativo --pues gran parte de la poesía de esta época lo que pretende es emular los modelos clásicos, antes que crear nuevas fórmulas o aportar información verdaderamente importante (al margen de la estética)--, lo más interesante lo encontramos en sus
Praefationes, donde introduce interesantes datos de carácter autobiográfico, su
Epistolario --especialmente en aquellas cartas en verso dirigidas a su discípulo y amigo Poncio Ancio Meropio (más conocido como Paulino de Nola, por haber acabado siendo obispo de esta ciudad italiana)-- y en algunas otras obras menores, como la citada
Ephemeresis, de gran valor como testimonio, pues describe en ella cómo era su vida cotidiana, al margen de aquellas otras actividades que, suponemos, llenaban la vida de Ausonio como miembro que era de la aristocracia terrateniente galorromana, entregado al
otium (en el sentido más puro de la palabra) y a los asuntos de la
res publica, en los cuales jugó un importante papel (llegando a ser preceptor del futuro emperador Graciano y ocupando los puestos más altos de las magistraturas: prefecto de las Galias, cónsul, etc.).
Esas pinceladas "azorinianas" e intimistas que detecta Gakugeki en el
Mosella, ese gusto por las menudencias, por el pequeño detalle, por la cosa en apariencia inane e insignificante --que encontramos en toda la obra del alicantino y que otros autores (Ortega y Vargas Llosa) han definido, respectivamente, como "primores de lo vulgar" y "discretas ficciones"-- es algo muy característico de este autor galorromano y tampoco resulta ajeno del todo a la poética de época tardorromana, impregnada por un sentimiento de nostalgia y de tiempo perdido que no siempre aparece en la "gran" literatura del período clásico. Y es que no sólo de teología vivieron los escritores y eruditos durante el bajo Imperio Romano. Se trata, es verdad, de la literatura propia de una cultura esclerotizada, centrada en lo retórico y apoyada en el género del centón. Más acumulativa que creativa, más conservadora que innovadora, lo cual no debe sorprendernos en absoluto, teniendo en cuenta el momento de crisis e inestabilidad en que sus autores tuvieron que desenvolverse. Pero fueron, precisamente, tales condiciones históricas --que invitaban al ensimismamiento y a la nostalgia, al recuerdo y a la emulación-- las que favorecieron la reflexión íntima, la nota melancólica, la observación de corto vuelo que tanto ha llamado la atención a nuestro compañero.
Por cierto Gaku: todas las obras del patricio burdigalense están editadas por
Gredos en una magnífica versión española debida a Antonio Alvar Ezquerra. El texto latino puede encontrarse, con relativa facilidad, en cualquiera de las conocidas ediciones críticas al uso y en más de una página web.