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Siempre ha sido el Anillo de Solti uno de los más recomendados en las críticas al uso, y ello porque una versión de estudio --libre de los ruidos propios del directo y "enriquecida" por esos efectos ambientales que fueron una novedad en su época-- parece ser mucho más apropiada para el público en general. Lo cual podría explicar, por otro lado, el rechazo que los más conspicuos y fanáticos miembros de la secta wagneriana puedan sentir hacia ella, al considerarla una Tetralogía "prostituida" y menos perfecta que la de aquellas otras que fueron grabadas en vivo en el propio Festspielhaus.
Ahora bien, dejando a un lado los reproches lanzados desde los conventículos wagnerianos más exquisitos, lo único que yo podría reprochar a esta magnífica versión --muy teatral, pese a la artificiosidad que impone cualquier grabación de estudio-- es el haber sido grabada en un período de tiempo excesivamente largo --entre 1958 de Das Rheingold y 1965, creo, de Die Walküre, lo cual supuso el cambio de algunos intérpretes en ciertos papeles (Wotan, Fricka, Mime, Erda)--, el hecho de que algunos cantantes (Flagstad, Svanholm, el propio Hotter...) ya estaban algo mayores para los roles que interpretan y el elevado precio que ha tenido siempre, haciéndola poco accesible a la mayoría de los bolsillos. Frente a estos hándicaps creo que ya otros foreros han dicho todo (o casi) lo que se puede observar a nivel vocal: el mejor Alberich de la historia fonográfica --por adecuación vocal y caracterización dramática (a su lado el mítico Habich parece casi una caricatura y el sensacional Otakar Kraus nunca le ha superado en mis gustos personales)--, un Wotan de campeonato (London aquí aún no estaba tan tocado como en otros registros y nos ofrece un dios juvenil, heroico, seguro de sí mismo), un Loge con voz de semidios y no de particchino, un Mime estupendo (como siempre lo fue Kuën, auténtico especialista del papel), una Fricka ciertamente algo matronil y avejentada, pero que se muestra dolorida y humillada (como bien observa Peter Quint) en un papel que requiere fundamentalmente resaltar este sentimiento y unas doncellas del Rin expresivas y plenamente convincentes. En cuanto a Madeira a mí me parece que está estupenda. Es cierto que por color vocal resulta algo menos densa, oscura, ultratúmbica y subterránea que otras conocidas intérpretes del papel (Thorborg, von Ilosvay o Siewert, por ejemplo), pero dice su profecía con una convicción y una gravedad apabullantes. En cuanto a los gigantes pienso que en Das Rheingold tampoco deben resultar temibles (al contrario de lo que ocurrirá luego con Fafner en Siegfried, que sí ha de sonar terrorífico), de modo que tanto Kreppel como Böhme cumplen con creces en sus respectivas particellas.
En definitiva: un reparto de campeonato que, en su conjunto, nos mataríamos por tener la ocasión de ver ahora en algún teatro pero que, por desgracia, es imposible reunir hoy día.
_________________ "Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).
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