
Comenzamos con un Preludio de Solti no del todo satisfactorio; cuerdas ásperas e incisivas, pero fraseo un poco monolítico en cuanto a dinámicas y agógicas. En toda la primera escena no puede imaginarse de hecho timbre más sedoso que el de la cuerda, pero esta belleza no termina de subrayar la angustia de la situación (por ejemplo, durante la primer mirada entre los velsungos). No obstante es a través de las maderas como consigue los comentarios más significativos (por ejemplo, al interrogar Hunding al silente Siegmund o en la primera aparición del motivo de la espada). Su mejor logro, como se verá, consiste en sostener adecuadamente a cada cantante, dándole a Crespin un estímulo sobre el que desplegar toda su intensidad y a King la posibilidad de alcanzar una amplitud heroica desde medios más líricos. Los pasajes orquestales culminantes tienen esa espectacularidad característica del director húngaro. Se puede discutir un poco su profundidad pero no su enorme fuerza teatral.
Desde sus primeras frases, nos seduce la voz cremosa y dulcísima de Crespin, insinuante y sensual al ofrecer el cuerno de hidromiel. Con ella además somos conscientes de toda la profundidad de la expectación que despierta en su interior la historia de Siegmund (Escena 2ª) . En su narración del encuentro con Wotan, Crespin soporta comparaciones expresivas con la mismísima Lehmann, a quien supera en cuanto a vocalidad estricta (graves más conseguidos) o en los pasajes más expansivos (anuncio de la espada). La amplitud de su cavata y la intensidad del timbre y el acento permiten que, junto al acompañamiento de Solti, realmente heroico, se alcance una referencia absoluta ("O fänd' ich ihn heut'"). Se encontraba la cantante en su mejor momento y apenas se percibe la tendencia del extremo agudo a abrirse en los ataques di forza. Igualmente inolvidable resulta desde "Du bist der Lenz", donde dulzura y arrebato se dan la mano como pocas veces se haya escuchado. Por si esto fuera poco, además de un timbre subyugante y un temperamento abrasador, Crespin puede presumir también de interiorizar perfectamente el proceso de reconocimiento del hermano a través de pasajes a media voz que tiene gran sentido narrativo y sicológico. En definitiva, posiblemente el mejor retrato discográfico de este personaje.
King, de timbre bruñido y gallardo, se muestra sensible en la primera escena, aunque en la gama dinámica suave la voz oscila y se empaña. Su declamación de los pasajes más nerviosos resulta por contra un poco genérica. En realidad tanto por voz como acento King se delata como tenor de rango lírico o de medio carácter, pero sin tener o querer aplicar todos los recursos técnicos para obtener claroscuros. Por ello su narración de la Escena 2ª es válida, pero carece tanto de aliento épico como de poesía (al caso, obsérvese la superficialidad de la frase "Nun weisst du, fragende Frau"). Se aprecia mucha mayor motivación desde el Monólogo, tanto en las primeras imprecaciones como en la evocación de Sieglinde. Apoyado en el excitante soporte de Solti, los "Wälse" surgen de forma natural, amplios y bien timbrados. En la siguiente sección el trabajo de acentos y matices es muy notable, apareciendo por fin un personaje creíble. Raya a la misma altura en la primer sección del dúo, igualando la intensidad de su Sieglinde. Las apreciables cualidades líricas del timbre sobresalen en el "Winterstürme", efusivo y de generosa amplitud, sostenido por un tejido primoroso de Solti. Sin que se pueda decir que ilumine cada palabra o se extasíe en la melodía, es muy persuasivo en conjunto. Siguen los mejores momentos de King, que no resulta avasallado por Crespin ni mucho menos. La invocación a Nothung surge con heroísmo de buena ley, sin forzaduras audibles y podemos calificar de sobresaliente la fusión de cantante y orquesta.
Frick, ya maduro, sigue siendo autoritario y firme, si bien su voz no resulta tan imponente como podría esperarse (por ejemplo, en su frase "Heilig ist mein Herd"). En cambio matiza y acentúa con intención, mostrando siempre, dentro de un tono arrogante, la sospecha apenas disimulada hacia el huésped inoportuno, que al final de la escena segunda estalla en feroces acentos.