gakugeki escribió:
En lo que a mí respecta, Wozzeck todos los años (variando las producciones a ser posible), pero es cierto que se notaba que a parte del público le costaba la cosa ("es que yo con esta música no puedo", y comentarios afines, escuché en ambas funciones a las que he ido).
Bueno pues a mi también me cuesta esta música, yo soy de esos (bueno, tampoco es que lo vaya pregonando por ahí al cierre de la función, pero sí, soy de ese clan). Prefiero otras obras, y no me refiero necesariamente a las clásicas italianas o germanas del XIX (que por supuesto las prefiero), si no que sin salir del siglo XX, del que muchas veces leo que "Wozzeck" es su mejor ópera, pues para mi hay decenas de óperas en el propio s XX que me gustan e interesan más que esta (sin ir más lejos, Richard Strauss o Benjamin Britten son s.XX; solo con ellos, ya juntamos bastantes óperas mejores que Wozzeck, al menos para quien escribe). Ojo, que es una gran obra, no lo discuto (el hecho de que la considere inferior a otros muchas no la deja en mal lugar, se puede ser bueno o muy bueno, sin tener que ser el mejor), pero creo que tanto sus grandes defensores, como sus grandes detractores, como a la gente que le resulte indiferente, deberíamos estar de acuerdo en una cosa, que sea el título que sea, abusar de su presencia en carteleras en detrimento de otros que apenas aparecen o directamente no aparecen, es injusto y desmesurado. Por ello creo que un título que ha tenido dos producciones diferentes en tan poco tiempo en un teatro en que se programa por año unos 11-12 títulos representados, me parece que ya ha dado de sí lo suficiente para unos cuantos años más y que merece un buen barbecho de por lo menos un par de lustros. Nos guste muchísimo o lo odiemos. No tiene sentido, haber podido ver dos producciones diferentes del "Wozzeck" y ver una tercera dentro de, pongamos, tres años, y que un título capital en la historia del género lírico como es, p.e. "Nabucco" no se vea en Madrid representado desde... desde... hace cuanto, tunner?. pues eso digo.
sidharta escribió:
Creo que es una puesta brillante, una relectura escalofriante de la obra. Su principal objetivo es mostrar una separación radical entre el mundo de los adultos, corrupto, enfermo y mezquino, y el mundo de sus hijos, que juegan ajenos a la sordidez central (nosotros especadortes la vemos porque somos adultos). Viebrok diseña para ello una gran nave de fabricación barata, casi una carpa, que durante el día es un campo de juegos infantil (aunque sólo lo vemos tras los cristales laterales que lo separan de la desolada cafetería donde los padres esperan a sus hijos, que ocupa el centro de la escena) mientras que por la noche es una aún más sórdida taberna, o tal vez un centro de acogida. Wozzeck trabaja en ambos, apenas duerme, y con sus carreras habituales recoge todo para que la transición entre la noche y el día sea perfecta, para que los niños puedan ocupar el lugar de los mayores. Vive entre el día y la noche (como esos momentos, como recuerda Thomas Mann, en los que anochece o amenece y se puede ver al mismo tiempo, con una luz ténue, la luna y el sol), entre ambos mundos, los adultos y los niños, sin pertenecer a ninguno de ellos. Es padre incapaz de ser padre, amante incapaz de ser amante, niño incapaz de ser hombre. Esta dicotomía perfectamente mostrada por Marthaler y Viebrok está muy presente en el libreto y la música, extremadamente descriptivos en lo tocante a los momentos del día y la luz. Pues bien, después de insistir durante toda la obra en esa división, que amplifica el papel que en el libreto desempeña el hijo de Wozzeck, espectador inocente del drama abstracto de sus padres y que en el fondo es un rayo de esperanza (los niños no son como los adultos), Marthaler destruye esa ilusión de un plumazo con la estremecedora escena final, injustamente criticada (ya había abierto una pequeña brecha antes, en la escena de la taberna, con el padre que emborracha a su hijo en la primera mesa). La penúltima escena acaba a oscuras, apenas intuimos al doctor y al capitán y sólo oímos, por sus bocas, los últimos chapoteos de Wozzeck. De pronto para el último interludio la escena se ilumina con una luz fría, fluorescente, y en las mismas mesas ocupadas por los adultos durante toda la obra aparecen los niños mirando al frente, inmóviles. Los hijos en el mismo lugar que sus padres, condenados a repetir un mismo ciclo. No hay esperanza, no hay renovación ni mejora. Estamos en 1925 y ya no hay progreso. Estamos en 2013 y ya no hay progreso. Los niños pobres sudan por la noche, los niños pobres no pueden ser adultos, si fueran hijos de caballeros podrían permitirse ser virtuosos. El campo de juegos para niños pobres es una ilusión de bienestar, una integración falaz, un espejismo que oculta y adormece. Y lo mejor de todo es que Marthaler no nos vende su libro. Lo deja ahí, sutilmente. Y he leído por ahí que esta puesta anula el contenido de desgarro social y crítica a las jerarquías que hay en la obra! Todo lo contrario, es demoledor. No hay esperanza.
Guaaaaauuuuuuuu
.... al leerle, amigo, no sé si poner

o bien

o quizás mejor
"Le gouverneur" le dice que es una estupenda reseña, y yo.... no lo dudo.... desde luego usted escribe bien, eso es indudable....
Verá, es que algunos somos muchos más simples, menos pretenciosos, y seguimos prefiriendo el titanio como el material de montura para nuestras gafas, lo cual quizás explique que sólo seamos capaces de ver un techo y fachada más feos que picio y un acervo de movimientos y presencias sin sentido en un contexto aburrido, simple y monótono, y que bueno, los comentarios más de esperanza o no que nos suscita el tema son las curvas del cuerpazo escultural de la Nadja, a ver si hay esperanza o no de volverla a ver salir, o si se va a desnudar de una vez... y efectivamente, como no se llega a desnudar, no hay esperanza. Por lo demás... 1925?... 2013?... progreso o no? sudan los niños?... una integración falaz, un espejismo que oculta y adormece?? extremadamente descriptivos en lo tocante a los momentos del día y la luz???? ... yo ... yo... no llego a todo eso. Y tendrá que comprender que la gran mayoría del recinto tampoco. No sé... igual si ahora con el verano voy al teatro en bermudas, sandalias, y camiseta de tirantes de repente veo cosas donde solo veo... nada. Leyendo descriptivas como la suya, me acomplejo mucho, amigo, y pienso si soy una especie de niño del Sexto Sentido que lo que confiesa entre lágrimas es que "con frecuencia veo grandes nadas: grandes nadas aquí, allá, en todas partes, y todos los días".