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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 17 Jun 2013 11:46 
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Un youtube del poco usual título de Alfano, Il dottor Antonio, una obra compuesta en 1941, pero que no pudo estrenarse hasta 1949. Esta grabación es desde el Teatro de la Scala, en 1953:

http://www.youtube.com/watch?v=971D9p9DNVk


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 20 Jun 2013 8:17 
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LA BIONDINETTA (STORIA D’AMORE)
de Spiro Samaras (1/3)

La Revolución Francesa y el periodo napoleónico, con su torrente de acontecimientos y pasiones, han inspirado un buen número de óperas, varias de ellas abyectas. Se pueden citar “Andrea Chénier” y “Madame Sans-Gêne” de Giordano, “Il piccolo Marat”, de Mascagni, “Jacquerie” de Marinuzzi, “Marie Victoire” de Respighi y “La biondinetta” de Samaras. De esta última vamos a hablar hoy, terminando así nuestro recorrido por óperas abyectas históricas en la misma ciudad en que lo empezamos: Venecia. “La biondinetta” nos servirá, además, para recordar que hay abyección en otros idiomas, pues, como sucede con “Cyrano de Bergerac”, la versión original es en francés aunque rápidamente se tradujese al italiano. Y en francés es como la vamos a escuchar, no tanto por atenernos a las raíces de la obra, cuanto por el hecho de que en francés está cantada la única grabación que existe.

Samaras, que en su juventud había estudiado en el Conservatorio de París durante tres años antes de emigrar a Italia, recurrió a Paul Milliet para que le escribiera los libretos de sus tres últimas óperas: “Biondinetta”, “Mademoiselle de Belle-Isle” y “Rhea”. Milliet escribió el libreto de “Biondinetta” en francés, y en este idioma, y bajo el título “Histoire d’amour”, fue estrenada el 27 de junio de 1902, en una audición privada en el Palais Bourbon de París. Poco después, Amintore Galli la tradujo al italiano y recibió su estreno escénico el 17 de noviembre de 1903 en el Teatro Lírico Internazionale de Milán, nombre con el que Sonzogno, como nuevo propietario, había reabierto en 1894 el histórico Teatro alla Canobbiana. Las crónicas de la época son unánimes en hablar de éxito. Samaras salió a saludar once veces tras el estreno. Los intérpretes fueron Emile Cossiera, tenor (Andrea), Cesira Ferrani, soprano (Biondinetta), Riccardo Stracciari, barítono (Gianni), Giuseppe Tisci-Rubini, bajo (Sior Curato)

Imagen
Giuseppe Tisci Rubini como bonzo en M Butterfly

La única grabación de esta obra es de 1998 y se la tenemos que agradecer a Martha Arapi (Biondinetta), Stamatis Beris (Andrea), Andrea Kouloumbis (Gianni), Christoforos Stamboglis (Il curato) y Lydia Agelopoulou (Claudia), con Byron Fidetzis dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de la Radio de Sofia (1998)
La obra consta de tres actos y cinco cuadros.

ACTO I

15 de abril de 1797, en Santa Elena, una de las islas que hay frente a Venecia. Napoleón, que todavía no es Emperador pero ya está dando los primeros pasos para serlo, sueña con instalar en Italia un régimen político a imagen y semejanza del de Francia, y eso pasa por acabar con todas aquellas viejas instituciones aristocráticas con las que se encuentra, entre ellas la República y el Dux de Venecia. En tierra firme ya se combate contra los franceses. En la isla, los paisanos son armados por los sacerdotes, que les incitan a enfrentarse al invasor para defender el suelo patrio.

El protagonista, Andrea, es carne de psicoanálisis. Depresivo, deprimente, con un gran complejo de inferioridad y, al igual que el perro del hortelano, ni come ni deja comer (lo veremos en este acto I) Hace su entrada llegando con su madre a la plaza del pueblo, donde varios vendedores ofrecen sus productos. Andrea reconoce que todo le entristece y le exaspera. Por la cabeza se le pasa una veces el emigrar y otras el ir a combatir a “tierra firme”, expresión con la que se conoce al territorio de la República de Venecia, que comprende no sólo esta ciudad sino también una extensión que alcanza hasta los Alpes.

Desde el agua llega con su góndola Gianni, amigo de Andrea, discutiendo con otro viejo gondolero. Gianni es la cara opuesta de Andrea: es optimista, lanzado y jovial. Aparece también una bellísima huérfana, a la que llaman “La Biondinetta” (“La rubita”). Gianni la aborda galantemente. Pongo el fragmento para poder oir al barítono al menos una vez, ya que, vocalmente, la obra está dominada por el tenor.



GIANNI
Je sais que vous aimez ailleurs,
mais qu’importe, la Biondinette,
si vous vouliez, si vous vouliez…
Comme disent les gondoliers:
nous irions au-delà des iles,
au-delà même du Lido,
jusqu’à ce que l’ètoile d’or
palpitât dans l’azur du ciel.
Puis la lune tranquille et pâle
viendrait se mirer dans la vague
comme une dame énamourée
qui veut sourire à son miroir.
Nous resterions dans le silence,
loin des clameurs de la cité.
Bien loin des rumeurs de la foule,
nous penserions à nos amours.
Les Grecs avaient placé Vénus
dans la nacre d’un coquillage.
Dieu seul peut mettre en ma gondole
un être aussi parfait que tu!

GIANNI ET CHOEUR
Les Grecs avaient placé Vénus
dans la nacre d’un coquillage.
Dieu seul peut mettre en ma gondole
un être aussi parfait que vous!
GIANNI
Sé que tu amor está en otro sitio,
pero qué importa, la Biondinetta,
si tú quisieras, si tú quisieras…
Como dicen los gondoleros:
iríamos más allá de las islas,
incluso más alla del Lido,
hasta donde la estrella de oro
palpita en el azul del cielo.
Después, la luna tranquila y pálida
vendría a mirarse en las ondas
como una dama enamorada
que quiere sonreír a su espejo.
Nosotros quedaríamos en silencio,
lejos del ruido de la ciudad.
Muy lejos del ruido de la gente,
pensaríamos en nuestros amores.
Los Griegos pusieron a Vénus
en el nácar de una concha.
¡Sólo Dios puede meter en mi góndola
un ser tan perfecto como tú!

GIANNI Y EL CORO
Los griegos pusieron a Vénus
en el nácar de una concha.
¡Sólo Dios puede meter en mi góndola
un ser tan perfecto como tú!


Pero ella rechaza amablemente las propuestas del gondolero. Este, no dándole mayor importancia al asunto, se va en busca del Sior Curato, al que tiene que entregar un importante mensaje. Cuando sale, Andrea muestra el rencor que siente hacia Gianni criticándole por fatuo y por dárselas de importante. En realidad, es envidia porque él es un pasmón insociable, mientras el gondolero es alegre y popular.

Pero hete aquí que, habiendo quedado solos Andrea y la Biondinetta, el primero se declara (temerosamente y con medias tintas, pero se declara) y la joven le corresponde. El sentimiento de la Biondinetta, más que amor, parece lástima por la debilidad de espíritu de él. Sea como sea, el caso es que sellan el compromiso: Andrea le regala una cruz de oro, joya de la familia, que ella acepta. Cuando el chico besa a su amada en la frente, sale Gianni de la iglesia y los sorprende. Gianni acepta su derrota con deportividad (“Me hubiera gustado estar en tu lugar, Andrea; pero qué se le va a hacer”), felicita a Andrea y le invita a celebrarlo bebiendo. Andrea no bebe. Bueno, pues cantando. Andrea no canta. Vaya, bailemos entonces. Andrea no baila. Gianni y sus amigos se hartan del muermo: pues ya beberemos, cantaremos y bailaremos nosotros.

Andrea, que tendría buenos motivos para estar contentísimo, está, por el contrario, muy molesto y se va a rumiar a un rincón su infelicidad autoinfligida. No disponiendo del novio para divertirse, la Biondinetta canta y baila con Gianni. Andrea se pone pálido de celos. Ella lo aplaca con palabras dulces y le regala, a cambio de la cruz, un ducado con un agujero en el centro que se supone trae buena suerte.

El Sior Curato interrumpe el baile: “¡Basta de juegos! ¡Se piden voluntarios para luchar! ¡Napoleón nos amenaza con 80.000 hombres!”

Imagen

Gianni es el primero en ofrecerse, pero el párroco le obliga a quedarse en la isla, donde necesitan su sensatez y su influencia sobre el gremio de gondoleros. Entonces, para asombro de la concurrencia, se ofrece Andrea. Pese a las súplicas de su madre, él insiste. Es su manera de ganar puntos ante la Biondinetta y ante sus paisanos; de hecho, ya nota cómo todos le miran con más respeto.


LA MÈRE
Miséricorde! Mon pauvre enfant!
Mon pauvre enfant!

ANDRÉ
Mère, ne me plains pas.
Ja vais défendre le pays
et je sens déjà que chacun
m’estime un peu plus pour cela.
Mère, lorsque je reviendrai,
de quelques uns j’obtiendrai le respect,
de quelques autres de l’amour.
Et tu seras plus fière ainsi de ton enfant!

LA BIONDINETTE
(S’approchant)
Que dans ton coeur reste à jamais
la mémoire des coeurs fidèles.
Ah! Garde bien le souvenir
du village où l’on pense à toi.
Dans les jours de tristesse amère,
dans l’ivresse de la victoire,
rappelle toi que l’on t’aime,
et que l’on attend ton retour!

ANDRÉ
Je n’oublirai pas ton adieu,
je l’emporte au fond de mon âme.
Mais toi, de ton côté, rappelle toi le mien.
Que mon absence dure un mois,
ou bien un an,
tu me jures d’agir comme si j’étais là,
et de ne point te marier
avant que je sois revenu?

LA BIONDINETTE
Je te le jure!

ANDRÉ
Tu le jures devant ma mére?

LA BIONDINETTE
Je le jure devant ta mère et devant Dieu!

LA BIONDINETTE ET ANDRÉ
Je fais à tout jamais
le serment de rester fidèle
et de me souvenir de celui qui m’aime
et qui pense à moi!
LA MADRE
¡Misericordia! ¡Mi pobre niño!
¡Mi pobre niño!

ANDREA
Madre, no me venga con quejas.
Voy a defender el país
y ya noto que alguno
me aprecia más por ello.
Y cuando vuelve, madre,
de unos obtendré respeto,
y de otros amor.
¡Así estarás más orgullosa de tu hijo!

LA BIONDINETTA
(Acercándose)
Que quede por siempre en tu corazón
la memoria de los corazones fieles.
¡Ah! Guarda bien el recuerdo
del pueblo donde se piensa en ti.
Tanto en los días de tristeza amarga,
como en la ebriedad de la victoria,
¡recuerda que se te quiere,
y que se espera tu regreso!

ANDREA
Nunca olvidaré tu despedida,
la llevaré en el fondo de mi alma.
Pero tú, a tu vez, recuerda la mía.
Tanto si mi ausencia dura un mes,
como si dura un año,
¿juras actuar como si estuviera aquí,
y no casarte
antes de que vuelva?

LA BIONDINETTA
¡Te lo juro!

ANDREA
¿Lo juras ante mi madre?

LA BIONDINETTE
¡Lo juro ante tu madre y ante Dios!

LA BIONDINETTE ET ANDREA
¡Yo hago el juramento eterno
de permanecer fiel
y de acordarme de quien me ama
y piensa en mí!



Andrea no es consciente de la idiotez que acaba de cometer. Porque… muy orgulloso, sí; muy admirado, sí. Pero el caso es que él abandona la isla con su pelotón, mientras que Gianni se queda en ella... con la Biondinetta. Cuando el pelotón emprende la marcha, todo el mundo despeja la plaza. Pero al cabo de un momento Andrea regresa y, a solas, cierra el acto con esta despedida, con introducción violoncelística incluida, que les dedico al forero que hizo una lista de reproducción sobre este tema, y a la forera que toca ese instrumento:


ANDRÉ
Partir! Quitter ce que l’on aime
c’est déchirer son âme
et c’est mourir deux fois!
Poussière des chemins connus...
Route où j’ai couru, les pieds nus,
lors que j’étais petit enfant...
où mon coeur s’est ouvert
aux premières amours
lorsque je fus plus grand...
Champs dont le plus petit caillou,
cent fois remué par mes mains,
a quelque chose de moi même!
O fleurs que j’ai soignées
et que mes yeux ne verront pas
s’épanouir aux rayons du soleil,
souvenez vous, souvenez vous,
souvenez vous de moi!
Et toi, mère adorée,
souviens-toi de ton enfant
que tu berças si tendrement!
Et toi, la Biondinette,
souviens-toi de celui qui t’aime
au point, la Biondinette,
au point d’en mourir de jalousie!
Adieu, ô ma mère,
adieu toi que j’adore,
adieu ma fiancée!
Adieu, adieu!
ANDREA
¡Partir! ¡Abandonar lo que se ama
es desgarrar el alma
y morir dos veces!
Polvo de los caminos conocidos...
Ruta que he recorrido con los pies desnudos
desde que era un niño...
donde mi corazón se abrió
a los primeros amores
cuando me hice mayor...
¡Campos cuya más pequeña piedra
removí cien veces con mis manos,
tenéis algo de mí mismo!
¡Oh, flores soñadas
que mis ojos no verán
abrirse a los rayos del sol,
acordaos, acordaos,
acordaos de mí!
¡Y tú, madre adorada,
acuérdate del niño
que acunaste con tanta ternura!
¡Y tú, la Biondinetta,
acuérdate del que te ama
hasta el punto, la Biondinetta,
hasta el punto de morir de celos!
¡Adiós, madre,
adiós a ti, a quien adoro,
adiós a mi prometida!
¡Adiós, adiós!


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 21 Jun 2013 7:58 
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LA BIONDINETTA (STORIA D’AMORE)
de Spiro Samaras (2/3)

ACTO II

El acto segundo es bien curioso. De veinticinco minutos que dura, sólo se canta tres, menos de cien compases. Aparte de unas cortas frases de un oficial y del cura, únicamente interviene Andrea al principio y al final. Enmedio hay una especie de extenso poema sinfónico escenificado, más de veinte minutos de mimo musicado.

Nueve días después de lo acontecido en el primer acto, nos encontramos a orillas del río Adigio, cerca de Verona. Han terminado las Pascuas Veronesas (episodio histórico del que hablaremos al final de este post) y al alzarse el telón vemos el paisaje tras la batalla. La luz del día va iluminando la escena y permite distinguir la linde de un bosque devastado por la guerra. Numerosos cuerpos de soldados italianos, heridos o muertos, se apilan unos encima de otros. Han protegido la retirada de sus compañeros y han caído manteniendo sus posiciones. Uno de ellos se levanta penosamente. Es Andrea. Está gravemente herido y tiene alucinaciones (así lo dice el libreto, aunque, como comprobaremos mañana, sería más exacto hablar de premoniciones).

En una visión angustiosa, ve a la Biondinetta y a Gianni entrando de la mano en la iglesia de Santa Elena. Mientras grita “¡Miserables! ¡Miserables!”, la escena se oscurece totalmente.



ANDRÉ
(Épuisé)
Ah! Faisons un dernier effort...
Je ne veux pas mourir!
Non! Non! Car l’on m’aime là bas!
On se souvient de moi!
Ah! Je souffre! Je souffre!

(Appelant avec l’énergie du désespoir)

Ma mêre! Et toi, mon adorée,
vous ne m’oubliez pas.
Je le sais! Je le sens!
Tout ne peut pas être fini!
Et je vais les revoir!
A l’aide! A l’aide!
J’entends des pas...
On vient... Enfin!

(Il écoute. Un grand silence se fait.)

Personne! La fièvre, la fièvre me brûle!
La Gloire? La Gloire? Non, la vie, la vie!
Oh, vivre! Vivre pour toi, pour toi,
pour toi, ma Biondinette! Ah!

(Il retombe. Quelques soldats passent avec une civière. Celui qui les conduit s’arrête un instant; il semble se demander s’il n’y a pas quelque existence à sauver parmi ces vaillants couchés là. Mais pas une plainte ne sort de toutes ces poitrines... Et les soldats s’éloignent...)

L’OFFICIER
(Parlé)
Halte! En route.

ANDRÉ
(Faiblement)
Je meurs! Un peu d’eau!

(L’Officier revient)

L’OFFICIER
On a parlé?

(Il s’approche d’André. Il se baisse et appuie la main
sur son coeur)

Le malheureux! Il vit encore, celui là!

(Soldats s’apprétent à mettre André sur la civière, mais le blessé, dans un effort surhumain, se dresse sur ser pieds et recule de quelques pas. Une terrible hallucination s’empare de lui.)

ANDRÉ
Vous voulez m’emporter
pour m’empècher de voir!

(Il saisit l’Officier et lui montre dans le vide ce que la fièvre
lui fait voir à lui même)

Et vous, regardez bien...
Là... Là... Ne voyez vous pas?
C’est la place de mon village.
On y danse! On y rit!
On me raille! Voyez... Là!
Voyez vous Gianni? Gianni!
La Biondinette...
Tous les deux ensemble, enlacés!

(Il pousse un cri de douleur)

Ah! C’est infâme!

L’OFFICIER
(A ses hommes)
Emportons-le!

(Mais André resiste et montre toujours le vide à l’officier
qui le retient)

ANDRÉ
Et l’église, voici l’église maintenant!
Les cierges brillent...
La foule entre...
Là, l’orgue chante.
Entendez vous?
Auprès du bénitier
leurs mains se joignent...
Ah! Les miserables!
Les miserables! Les miserables!
ANDREA
(Exhausto)
¡Ah! Hagamos un último esfuerzo...
¡No quiero morir!
¡No! ¡No, pues allí se me ama!
¡Se acuerdan de mí!
¡Ah! ¡Sufro, sufro!

(Llamando con la energía del desesperado)

¡Madre mía! Y tú, mi adorada,
vosotras no me olvidáis.
¡Lo sé ! ¡Lo siento!
¡No puede haber acabado todo!
¡Volveré a verlas!
¡Ayuda, ayuda!
Oigo pasos...
Vienen... ¡Al fin!

(Escucha. Se hace un gran silencio.)

¡Nadie! ¡La fiebre, me quema la fiebre!
¿La gloria? ¿La gloria? ¡No, la vida, la vida!
¡Oh, vivir! ¡Vivir por ti, por ti,
por ti, mi Biondinetta! ¡Ah!

(Vuelve a caer. Algunos soldados pasan con una camilla. El que los manda se detiene un instante, parece preguntarse si no hay ninguna existencia que salvar entre todos esos valientes acostados. Pero ninguna queja surge de sus pechos... Y los soldados se alejan...)

EL OFICIAL
(Hablado)
¡Alto! Sigamos.

ANDREA
(Débilmente)
¡Me muero! ¡Un poco de agua!

(El Oficial vuelve)

EL OFICIAL
¿Ha hablado alguien?

(Se acerca a Andrea, se agacha y le pone la mano en el corazón)

¡Desgraciado! ¡Este aún vive!

(Los soldados se disponen a colocar a Andrea en la camilla, pero el herido, con un esfuerzo sobrehumano, se levanta y retrocede unos pasos. Una terrible alucinación se apodera de él.)

ANDREA
¡Queréis llevarme
para impedir que lo vea!

(Agarra al Oficial y le enseña en el vacío lo que la fiebre le hace ver)

Usted, mire bien...
Allí… Allí… ¿No lo ve?
Es la plaza de mi pueblo.
¡Están bailando! ¡Y riendo!
¡Se burlan de mí ! Mire… ¡allí!
¿Ve a Gianni? ¡Gianni!
La Biondinetta...
¡Los dos juntos, abrazados!

(Lanza un grito de dolor)

¡Ah! ¡Es una infamia!

EL OFICIAL
(A sus hombres)
¡Llevémonoslo!

(Pero Andrea resiste y muestra siempre el vacío al Oficial que le retiene)

ANDREA
¡Y la iglesia, ahora veo la iglesia!
Brillan los cirios...
Entra la gente...
Ahí, el órgano canta.
¿Lo oye?
Junto al agua bendita
sus manos se unen...
¡Ah! ¡Los miserables!
¡Los miserables! ¡Los miserables!


Cuando regresa la luz, el efecto “brumoso” de una gasa colocada ante el escenario nos indica que lo que vamos a presenciar son las alucinaciones que tienen lugar en la cabeza de Andrea. Desde este momento hasta la intervención del Sior Curato, todo es representado sin palabras.

En la plaza del pueblo, Gianni baila un vals con la Biondinetta. Parece que todos se han olvidado de que hay una guerra, hasta que llega el cartero con misivas enviadas desde el frente. La gente se arremolina en torno a él para recibir carta de los ausentes. Pero para Claudia, la madre de Andrea, no hay carta alguna. Tras sacar conclusiones, la mujer se desmaya. Gianni la levanta con sumo cuidado y la lleva a su casa. La gente entra en la iglesia. Las jóvenes llevan flores al altar. Aparecen Gianni, con la Biondinetta y Claudia. Mientras Gianni ayuda a la madre de Andrea a llegar al altar, la Biondinetta reza a la Virgen. Gianni se acerca y cuando ambos cogen agua bendita, sus manos se unen. El Sior Curato, que lo ve, anuncia: “¡Hay promesa de matrimonio entre Gianni y la Biondinetta!”. La visión se desvanece. Volvemos al campo de batalla. Andrea grita: “¡Ah, los miserables, los miserables!” y se desmaya. Los camilleros cargan con él y se lo llevan.

Escuchemos los dos últimos cuadros de este acto: el tercero, que tiene lugar dentro de la iglesia, y el cuarto, con el breve y desesperado lamento final de Andrea.





Las Pascuas Veronesas, hecho histórico que da pie a este acto segundo y que un excombatiente describirá en el tercero, fue una sublevación de la ciudad de Verona contra las tropas napoleónicas que estaban acuarteladas allí. En el pulso que por entonces libraba la Francia revolucionaria contra el Imperio Austrohúngaro, Napoleón obligó a varias ciudades italianas (Crema, Bérgamo, Brescia, Verona) que pertenecían a la República veneciana, a alojar sus tropas. Estas, por tanto, eran sobre el papel huéspedes (incómodos huéspedes) de la Sereníssima, pero en la práctica se comportaban como conquistadores. La situación debía de ser muy parecida a la de Madrid en 1808.

En Verona, la fuerza militar francesa no era muy importante, unos 3.000 soldados. La mayor parte de la guarnición eran, o bien heridos, o bien funcionarios. Pero al cabo de diez meses de tenerlos allí se llegó a un punto crítico, pues los franceses, además de adoptar una actitud hacia la religión muy ofensiva para los italianos, confiscaron bienes a los ciudadanos veroneses y planearon con los jacobinos locales el derrocamiento de la administración local. A finales de marzo y comienzos de abril de 1797 hubo enfrentamientos armados en las cercanías del Lago Garda y sublevaciones en algunas ciudades (Lonato, Salò). El 17 de abril, lunes de Pascua, estalló la rebelión en Verona.


Imagen
Bombardeo de Verona por los franceses desde los fuertes de las colinas


Las mechas que prendieron el fuego fueron un falso panfleto (lo habían redactado y puesto en circulación los propios franceses) incitando al levantamiento, y varias peleas entre franceses e italianos que fueron poco a poco implicando a sus respectivos compañeros y amigos. Para espantar a los amotinados, el comandante francés hizo disparar los cañones desde los castillos que dominaban la ciudad, produciéndose varios impactos en la piazza dei Signori. Los veroneses montaron en cólera. Armados de fusiles, pistolas, hoces y palos, acabaron con todo francés que encontraron por la calle, ante lo cual los bonapartistas se refugiaron en las fortalezas que dominaban la ciudad. Un cuerpo de ejército italiano, que estaba acampado a pocos kilómetros de la ciudad, acudió inmediatamente a Verona en ayuda de los sublevados.

Entre asaltos a los castillos y fallidas negociaciones de rendición pasaron tres días, al cabo de los cuales los italianos se encontraron con que, mientras ellos asediaban a los franceses en el Castel Vecchio, Napoleón había enviado desde Milán 15.000 hombres que ahora les sitiaban a ellos en la ciudad. El 21 de abril, los franceses lograron cruzar el río Adige (donde encontramos a Andrea en el segundo acto), y el 23, sin posibilidad de romper el cerco, sin ayuda de Venecia (oficialmente neutral) y con la población exhausta, Verona decidió entregarse. La rendición se hizo oficial el 25 de abril. día de San Marcos. Los vencedores tomaron represalias: impusieron fuertes tributos, saquearon el Monte de Piedad, se llevaron los tesoros de los templos, muchas obras de arte y colecciones científicas, ejecutaron a los cabecillas y deportaron a Cayenne a los soldados de la guarnición véneta que defendía Verona. Algunos regresaron al cabo de los años; otros, nunca.

Imagen
Soldados vénetos encarcelados tras las Pascuas Veronesas. El lema de la República Francesa,
legible en el cartel de la pared, es contestado con sangre por los prisioneros: "Viva San Marco"


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 21 Jun 2013 21:02 
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Espero que en los disturbios no hubieran destrozado el patrimonio artístico de Verona, magnífico por cierto.

Precioso interludio y lamento final.

Qué convulsas son siempre las fechas de la Pascua.

_________________
Mejor un mal Verdi que un buen Britten.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 8:11 
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LA BIONDINETTA (STORIA D’AMORE)
de Spiro Samaras (3/3)

ACTO III

15 de abril de 1800. En Santa Elena vuelven a estar de fiesta. Ahora se celebra la boda de la Biondinetta y Gianni. Un gondolero canta una bella serenata, que podemos paladear en youtube acompañada de imágenes de Venecia. En la versión discográfica indicada en el primer post y en el vídeo, estas dos estrofas, que en el libreto aparecen en diferentes momentos del tercer acto, se interpretan unidas antes del mismo, a modo de melancólico intermezzo.

www.youtube.com Video desde : www.youtube.com

LE GONDOLIER FLEURI
Regarde bien cette gondole
que l’on a couverte de fleurs.
Légère, elle glisse, elle vole,
la prometeuse de bonheurs.
O, mon amante, o mon épouse,
elle vient te chercher enfin.
Allons sur la vague jalouse,
la joieaux yeux, des fleurs aux mains!

Le voyage fleuri commence,
le voyage de nos amours;
et partout, sous le ciel immense,
tu resteras mienne toujours.
Oui, sur tes lèvres demi closes
ma bouche a droit de se poser
et de te dire mille choses
dans le silence d’un baiser!
EL GONDOLERO FLORIDO
Mira bien esta góndola,
cubierta de flores.
Ligera, se desliza, vuela,
prometiendo felicidad.
Oh, mi amante, oh mi esposa,
ella viene a buscarte al fin.
¡Vayamos sobre las olas celosas,
con ojos alegres y flores en las manos!

Empieza el viaje florido,
el viaje de nuestros amores;
y en todas partes, bajo el inmenso cielo,
serás siempre mía.
¡Sí en tus labios semicerrados
mi boca puede posarse
y decirte miles de cosas
en el silencio de un beso!



El ausente no ha sido olvidado, pero sí reemplazado. En los tres años transcurridos, Gianni ha velado por la salud de la madre de Andrea y ha salvado a la Biondinetta de la miseria. Los recién casados suben a una góndola para un corto viaje de novios: hasta la cercana isla de San Lázaro y volver. Aparece el viejo gondolero con el que había discutido Gianni en el primer acto. Se había enrolado el mismo día que Andrea, y, habiendo tomado parte en las Pascuas Veronesas, ha estado preso todo el tiempo; los últimos diez meses, en la propia Venecia. El excombatiente comenta con amargura lo cambiado que está todo (instituciones, trajes, corazones…) y a instancias del Sior Curato, narra la masacre de las Pascuas y confirma que Andrea está muerto.

Los recién casados regresan y expresan su felicidad. Después, cada uno es arrastrado fuera de escena por un grupo distinto de chiquillos. Los aldeanos emprenden una nueva danza. Y entonces, precisamente entonces, demostrando que sigue en forma en el arte de aguar la fiesta, aparece el muerto. (¿Conocería Samaras la historia de “Edgar”?) Cosas como ésta le hacen vacilar a uno en su fe en el verismo, pero hay que reconocer que sin ellas no existiría la ópera, y mucho menos la ópera abyecta.

Al principio, los aldeanos toman a Andrea por un fantasma (tampoco hay tanta diferencia con tres años atrás: entonces era un alma en pena), pero una vez repuestos del shock, le saludan y le dicen hipócritamente que todo está igual que cuando se fue. Igual, igual… Las supuestas alucinaciones le han puesto a Andrea la mosca detrás de la oreja, y lo primero que hace es preguntar por la Biondinetta. Esta sale en ese momento de casa con la madre y, al verlo, traga saliva y comprende que ha llegado la hora de dar explicaciones. Le pide a la madre que espere aparte y se encara con su antiguo prometido.

Con muchísima dulzura y tacto, la Biondinetta va preparando el camino para contarle las novedades. Para ser más exactos: LA novedad. Pero cuando Andrea ya casi está calmado, descubre en el dedo de ella el anillo de casada. En un estallido de furia, se lo arranca de la mano y lo tira, dando inicio a una dramática escena en la que Biondinetta suplica piedad y se defiende de las acusaciones de traición. Ella habla de la larga espera (me dijiste que esperase un año y han pasado tres), la desesperación, la enfermedad de la madre, la miseria… y habla también de la generosidad de Gianni, y de la gran ayuda que ha sido para ellos.



ANDRÉ
Ah! La misérable!

LA BIONDINETTE
Pitié!

(André cherche à se dégager. Il veut fuir et comme la Biondinette ne le lâche point, il l’entraîne sur les genoux jusqu’au milieu de la scène.)

ANDRÉ
Non!

LA BIONDINETTE
Ah!

ANDRÉ
(Terrible)
L’anneau de fiançailles!
Que celui qui te l’a donné
s’en aille donc le chercher
dans la profondeur de la mer!

(Il lui arrache la bague et la jette au loin)

Toi, la femme d’un autre!

LA BIONDINETTE
André!

ANDRÉ
(Avec fureur)
Toi, la femme d’un autre!

LA BIONDINETTE
Grâce!

ANDRÉ
Non!

LA BIONDINETTE
Grâce!

ANDRÉ
Non!

LA BIONDINETTE
Pitiè!

ANDRÉ
(Au paroxisme de la colère et du désespoir)
Non! Et dire que là-bas,
dans mes pires tortures,
son image n’apparaissait
pure comme la Vierge,
avec une auréole d’éternelle félicité!
Stupide vision!
Je l’appelais dans mes prières,
tandis qu’elle se donnait,
elle se vendait à quelque autre!

LA BIONDINETTE
Andréa, je t’en supplie!
Ecoute, écoute-moi!
Oh! Ne juge pas de la sorte!
Ne condamne pas sans savoir, non!
Andréa, laisse-moi t’expliquer,
laisse-moi te parler...
Ecoute! Je vais tout te dire...
Tu ne sais pas comment le choses
se sont passées, ah!

ANDRÉ
Ah! Malédiction!

(La Biondinette, à bout de forces, est près de succomber sous la malédiction d’André, mais elle fait un éffort suprême, se relève et, avec un geste d’épouvante, supplie André de ne pas achever l’anathème.)

LA BIONDINETTE
Non, André, ne me maudis pas!
D’aucun de nous ce n’est la faute.
C’est la fatalité,
c’est elle qui nous frappe...

(André se détourne. Elle se rapproche)

Tu devais venir... écoute... au bout d’un an.
Or, l’année a passé.
De longs mois l’ont suivie...
Nous étions toujours sans nouvelles...
Et je te fais serment que nous t’avons pleuré!
Ta mère et moi, nous étions seules...
L’une bien vieille, et l’autre faible!
Ta mère un jour tomba malade...
Alors, fidèle vigilant,
il a pris place à son chevet
pour rendre la vie à ta mère
et pour nous sauver de la détresse...
Ah! J’en prends le ciel à temoin!
Nous n’avons pas été coupables,
nous ne t’avons pas oublié!
Non, nous avons souffert...
souffert terriblement...
souffert de tout...
De ton absence, de l’incertitude cruelle,
et puis de la misère aussi!
Nous avons passé de longs jours
n’espérant plus rien de la vie sinon la mort!
Et la mort n’a voulu ni de ta vielle mère
ni de ta pauvre fiancée.

(André voudroit parler. Elle lui impose silence)

Ah! Tais-toi, ne nous maudis pas!
Ah! Tais-toi, ce serait trop injuste
de poursuivre de ta colère
ceux qui sont dignes de pitié!

(Les sanglots brisent la voix de la Biondinette)

Oui, de pitié!

(André se couvre le visage de ses deux mains)

ANDRÉ
Dieu tout puissant! Dieu tout puissant!
Pourquoi m’avez vous laissé vivre?
ANDREA
¡Ah! ¡La miserable!

LA BIONDINETTA
¡Piedad!

(Andréa intenta soltarse. Quiere huir, pero como
la Biondinetta no le deja, la arrastra de rodillas
hasta el centro de la escena.)

ANDREA
¡No!

LA BIONDINETTA
¡Ah!

ANDREA
(Terrible)
¡El anillo de compromiso!
¡Que el que te lo ha dado
vaya a buscarlo
al fondo del mar!

(Le arranca la sortija y la tira lejos)

¡Tú, la mujer de otro!

LA BIONDINETTA
¡Andréa!

ANDREA
(Furioso)
¡Tú, la mujer de otro!

LA BIONDINETTA
¡Gracia!

ANDREA
¡No!

LA BIONDINETTA
¡Gracia!

ANDREA
¡No!

LA BIONDINETTA
¡Piedad!

ANDREA
(En el paroxismo de cólera y desesperación)
¡No! ¡Y pensar que allí,
durante mis peores torturas,
su imagen se me aparecía
pura como la Virgen,
con una aureola de felicidad eterna!
¡Estúpida visión!
¡Yo la llamaba en mis oraciones,
mientras ella se entregaba,
se vendía a otro!

LA BIONDINETTA
¡Andréa, te lo suplico!
¡Escucha! ¡Escúchame!
¡Oh! ¡No me creas de esa clase!
¡No me condenes sin saber, no!
¡Andréa, déjame explicarte,
déjame hablarte...
¡Escucha! Voy a decírtelo todo...
Tú no sabes cómo
han pasado las cosas, ah!

ANDREA
¡Ah! Maldición!

(La Biondinetta, casi sin fuerzas, está a punto de sucumbir bajo la maldición de Andréa, pero hace un supremo esfuerzo, se levanta y, con un gesto de espanto, suplica a Andréa que no complete el anatema.)

LA BIONDINETTA
¡No, Andréa, no me maldigas!
Ninguno de nosotros es culpable.
Es la fatalidad,
es ella la que nos golpea...

(Andréa se aparta. Ella se le acerca)

Tú debías venir... escucha... en un año.
El año pasó.
Siguieron largos meses...
Nunca tuvimos noticias...
¡Y te juro que lloramos por ti!
Tu madre y yo, estábamos solas...
¡Una, vieja; y la otra, débil!
Un día, tu madre cayó enferma...
Entonces, fiel vigilante,
él se puso en su cabecera
para dar la vida a tu madre
y salvarnos del peligro...
¡Ah! ¡Pongo al cielo por testigo!
¡No somos culpables,
no te hemos olvidado!
No, nosotras hemos sufrido...
sufrido terriblemente...
sufrido por todo...
¡Por tu ausencia, por la cruel incertidumbre,
y después, también por la miseria!
¡Hemos pasado muchos días
esperando de la vida sólo la muerte!
Y la muerte no quiso ni a tu anciana madre
ni ni a tu pobre prometida.

(Andréa querría hablar. Ella le impone silencio.)

¡Ah! ¡Calla, no nos maldigas!
¡Ah! ¡Calla, sería demasiado injusto
perseguir con tu cólera
a quienes son dignas de piedad!

(Las lágrimas quiebran su voz)

¡Sí, de piedad!

(Andréa se tapa la cara con las dos manos.)

ANDREA
¡Dios todopoderoso! ¡Dios todopoderoso!
¿Por qué me has dejado vivir?



Andrea está ciego de rabia y de deseos de vengarse. Pero no tiene en quién. No puede acusar a nadie. Y maldiciendo al destino, se va de nuevo. A la aventura, en busca de un lugar no tan bello pero donde los recuerdos sean menos dolorosos. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas, la madre parte con él. Y cae el telón.

No sé a vosotros, pero a mí, la resolución del asunto me parece poco abyecta. ¿Al final, todo lo que hace Andrea es dar media vuelta e irse? Esto lo coge Montemezzi y, culpables o no, Gianni acaba tragándose un remo, o en el fondo de la laguna, y la Biondinetta de mascarón de proa de alguna góndola. No obstante, pensándolo un poco, la reacción de Andrea es coherente con su forma de ser, la que había demostrado en el primer acto: siempre hosco, siempre enfadado, pero en definitiva un pusilánime. Como para enfrentarse a dos personalidades tan decididas como la Biondinetta y Gianni.

En fin, la historia tiene sus más y sus menos, pero la música es muy hermosa. Excesivamente sinfónica quizá (demasiadas danzas, y casi todo el acto segundo), pero esencialmente melódica, vivaz y llena de color. Así lo acreditaban dos comentaristas un par de días después del estreno en Milán:

«Sur ce poème touchant de M. Paul Milliet, le compositeur, M. Samara, a écrit une partition colorée avec des mélodies claires como celles qui courent le long du Lido.» (René Delorme en Le Temps)

«Sa musique est vivante et pleine de couleur ; elle est essentiellement mélodique; et, bien que conçue dans une forme très moderne, elle demande à la voix humaine tout ce que lui demandaient naguère encore les adeptes du bel canto. » (Pierre Delaines en Gil Blas)

Una escucha, al menos, de esta obra no sería en absoluto tiempo perdido.




Las Pascuas Veronesas son uno de esos capítulos de la historia que, pese a ser una derrota, constituyen un símbolo para sus protagonistas por la justicia de su causa y la heroicidad demostrada. Pero si esto fue así en cuanto a los ciudadanos veroneses, y del norte de Italia en general, que acudieron voluntarios al levantamiento, no puede decirse lo mismo de la República de Venecia, cuya actuación en este asunto no fue nada airosa. Ante el choque de trenes que tenía lugar entre los dos colosos (la Francia revolucionaria y el Imperio austrohúngaro), Venecia, tratando de evitar que le llegase alguna bala perdida, se declaró oficialmente neutral. Neutralidad sui generis, casi autoinmolación pues, al tiempo que permitía a los franceses alojarse y deambular por su territorio, restringía enormemente la capacidad de maniobra y de respuesta de sus propios ejércitos y, además, le llevó a dejar en la estacada a las ciudades sublevadas, como Verona. Quienes participaron en las revueltas, fuese en calidad de soldados o de civiles armados, lo hicieron de manera extraoficial, sin el visto bueno del Senado veneciano, y de ahí que a veces fueran los sacerdotes quienes sublevasen a la gente y le proporcionaran las armas, tal y como ocurre en el acto primero de la ópera.

Y todo para nada, porque Venecia no se libró de caer bajo el poder de Napoleón. El 20 de abril, tres buques de guerra franceses (uno de ellos llamado, por ironías de la vida, “El libertador de Italia”) intentaban penetrar en la laguna de Venecia, contraviniendo los reglamentos que prohibían la entrada a barcos extranjeros armados. El fuerte de Lido cañoneó el buque, que fue abordado, y muerto su capitán y parte de la tripulación. Enterado de ello, Napoleón amenazó a Venecia con la guerra, a menos que la Serenissima aceptase una serie de humillantes condiciones, la última de las cuales fue que la nobleza abdicase del poder y que se constituyese un régimen nuevo mediante elecciones generales hechas por el pueblo. Así fue. Convocado el Gran Consejo el día 12 de mayo para decretar su autodisolución, el último Dux, Ludovico Manin, pintó la irremediable miseria de la situación y propuso adoptar el sistema representativo exigido por Napoleón. La proposición fue aprobada por 512 votos contra 35. A diferencia de las ciudades que habían combatido en su nombre, Venecia se entregaba sin luchar.

Imagen
Abdicación del último Dux


Con las Pascuas Veronesas terminaron cuatro siglos de dominación véneta de Verona, pero también terminaron mil años de Dux venecianos, de independencia y de esplendorosa historia. La nave botada por Marco Grático había encontrado la gloria y disfrutado durante siglos de ella, pero acabó embarrancando de forma ignominiosa.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 8:16 
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Bien, pues esto ha sido todo por mi parte.

Nada es eterno (salvo el debate sobre las puestas en escena :D ) y, puesto que hemos alcanzado, y superado, la simbólica cifra de 100 óperas abyectas que más de una vez habíamos acariciado Gerardo y yo, "La Biondinetta" va a ser la última que exponga. Un abrazo muy fuerte para todos los abyectos, y en especial para los tres amigos que abrieron el hilo y me pusieron en esta senda. :ciao:


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 9:34 
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Enhorabuena por la marca, el trabajo y la dedicación, que nunca serán suficientemente agradecidos. Ahí queda eso para consultas y audiciones. Por mi parte no sé si me bastará esta vida para verlo todo.

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Mejor un mal Verdi que un buen Britten.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 10:46 
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Enhorabuena y muchas gracias. Uno de los hilos con mayor carga documental y de información. Incluso entre los silenciosos (como yo) también hay abyectos. ¿Y quién más abyecto que un nibelungo capaz de producir la caída de todo un mundo con sus dioses...?

Lo dicho: muchas gracias por la enciclopédica aportación.

_________________
"Tornate all'antico e sarà un progresso" (Giuseppe Verdi, compositor y genio).

Esto y otras muchas cosas más en Desde el Nibelheim


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 10:48 
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No hay palabras para agradecer el trabajo que has venido desarrollando hasta ahora en el Foro, querido compañero y amigo, en este hilo y en otros varios. He aprendido muchísimo gracias a ti, y espero seguir haciéndolo en el futuro, :D. ¡Viva Loge! :aplauso:


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 22 Jun 2013 10:58 
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Ubicación: Madrid
Gracias, estimado Loge. Aunque no comente más óperas con la profundidad que acostumbra, espero que podamos seguir contando con su compañía en el hilo.

El objetivo final, un ciclo de Opera Abyecta y Finisecular en el Teatro Real, está cada vez más cerca.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 23 Jun 2013 7:57 
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Muy agradecido por vuestras palabras. Lo mejor de este hilo ha sido los amigos que he hecho gracias a él. Y en segundo lugar, la cantidad de compositores que he conocido, de los que hace tres años no había oído ni el nombre.

delaforce escribió:
Gracias, estimado Loge. Aunque no comente más óperas con la profundidad que acostumbra, espero que podamos seguir contando con su compañía en el hilo.

Por supuesto. Un abyecto lo es para toda la vida. :D Ahora sólo paso a la reserva, pero seguiré el hilo y haré comentarios, si alguien expone algo.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 23 Jun 2013 9:39 
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Mensajes: 4793
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¡Bravo, Loge! ¡Felicidades por tu trabajo y enhorabuena como siempre, a los abyectos!
No pases a la "reserva".

_________________
Di pasta simile son tutti quanti.


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 23 Jun 2013 15:53 
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Ubicación: Burgos.
Muchas gracias por el trabajo Loge, eres un crack. :aplauso:

_________________
Anche l' idea muor, tu non muori giammai,
tu, l' Eterna canzon!


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 24 Jun 2013 0:30 
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Loge, muchísimas gracias por toda la dedicación. He estado ausente un tiempo y lo primero que he hecho al volver a casa ha sido abrir este hilo. Me ha descubierto tantas y tantas cosas que estoy como un niño con zapatos nuevos. Lo tengo que agradecer a todos los que dedicáis tiempo y tiempo a explicar, analizar y descubrir nuevas óperas. GRACIAS A TODOS, DE CORAZÓN, POR ESTOS REGALOS QUE ME HACEN SENTIR COMO CUANDO EMPECÉ A AFICIONARME HACE TANTOS AÑOS!
Gracias Loge por todo. :aplauso: :aplauso: :aplauso:


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 Asunto: Re: Opera Abyecta (y, a veces, hasta finisecular)
NotaPublicado: 24 Jun 2013 0:35 
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A todo esto, por fin he podido escuchar I Cavalieri di Ekebú y he de decir que el argumento me ha dejado un tanto desconcertado. Francamente, mi impresión es de que en la obra no pasa nada. No sé, necesitaré otra escucha, pero no me ha acabado de convencer.
Musicalmente hay grandes momentos, las narraciones de Gosta y de la Comandanta, o la escena de la representación en el castillo. Y no puedo evitar disfrutar con los golpes cuando retoman la fragua los Caballeros, una escena de gran fuerza.
Sin embargo, no ha llegado a emocionarme ni me ha dicho mucho, la verdad.
eso sí, la grabación (Barbieri, Picchi, Zaccaria, Malaspina...) inmejorable. Probaré una segunda escucha con la otra grabación que circula por ahí, si la encuentro.
Me gustaría saber la opinión que esta obra merece a otros foreros, por ver si otros pareceres me abren los ojos.
Un abrazo a todos.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com