Alberich el Negro escribió:
En fin... Qué cansino es seguir a estos innovadores de las obras de otros...
Como los compositores con los libretistas, los libretistas con los escritores, los directores de cine con los guionistas, y los guionistas de nuevo con los escritores, como los cantantes con los compositores, los actores con los autores muertos, los poetas con otros poetas muertos, y todos con Shakespeare (que a su vez...). Cuando se acepta que toda creación es recreación y se pincha el mito del Autor por encima del bien y del mal, se vive de forma mucho más relajada todos estos debates esencialistas.
Cada representación de ópera es una nueva (re)creación. Si pones una partitura en un escenario no ocurre nada. Mozart no va a venir a montarla. La muerte (y la muerte legal en alguna fecha, cada vez más lejana por las gremiales y vampíricas leyes de propiedad intelectual) es un involuntario reconocimiento de la humildad del autor. Montar una ópera es trabajar con la obra de otros. Y en cierto modo siempre es innovación, porque somos seres limitados, que vivimos en un tiempo y un lugar y no podemos trascenderlo.
El historicismo y la fidelidad al autor son también delirios de grandeza. Por eso me gustan tanto como el konzept, porque sin la manía ególatra del intérprete (sea Furtwängler, Muti o Jacobs, Callas, Dieskau o Kraus, Zefirelli, McVicar o Tcherniakov) no hay (re)creación.