
Preciosa obra de Haendel, salpicada de arias y coros muy inspirados que, en algunos casos, lucen una música que parece salida de otra época (como el coro "Tyrants now no more shall dread", uno de los más impresionantes del compositor). La interpretación me ha gustado mucho. Anne Sofie von Otter (Dejanira) muestra algunos síntomas de fatiga vocal: la voz suena áspera y, en algunos momentos de bravura, el timbre se deshilacha y se encuentra incómoda. En las arias de mayor lirismo y recogimiento, es donde da los mejores resultados. Sin embargo, a pesar de esos problemas vocales, su implicación en el personaje y la expresividad de su interpretación, me parecen sobresalientes (un ejemplo perfecto de esto, es el célebre recitativo "Where shall I fly?"). El otro gran papel de esta ópera es el de Iole, aquí interpretado por la soprano Lynne Dawson, de canto noble y matizado, aunque en ocasiones se echa de menos mayor implicación dramática. El resto de personajes tienen menos peso musical. Notable el tenor Richard Croft, que resuele con arrojo -muy bien en las agilidades, aunque la voz pierde algo de fuelle en la zona alta- el papel de Hyllus. Reseñable también la labor del contratenor David Daniels (Lichas), de canto elegante y refinado. El bajo barítono Gidon Saks sale airoso como Hercules, luciendo vozarrón en el aria del acto II, sin duda su momento más logrado. La dirección de Minkowski es un lujo: atento a los cantantes y dejando algunos momentos orquestales que quitan el hipo, como la Sinfonía que abre el acto III.