ÓPERAS RAPACES
Una de las bienaventuranzas de la ópera es que, cuando hay un personaje infantil, éste puede ser interpretado por una persona adulta (generalmente del sexo más etéreo) sin que se obligue al espectador a padecer el fraude ridículo que supone ver a un niño de verdad (aquellos sobrinos, por ejemplo, de cuya compañía nos libramos al cabo de una hora de fatigas que nos deja tan machacados como si hubiéramos servido diez años en galeras habiendo tenido como compañero de banca a un tertuliano de la Noria cuya conversación infatigable e inconsecuente nos hubiera batido el cerebro hasta rebajarlo a la consistencia del merengue) escenificando a las criaturas quiméricas, delicadas, divertidas, sensibles, aéreas, que los autores quieren pasarnos de contrabando como retratos fieles de niños.
Los autores más sensatos nos los presentan en papeles mudos, como mimos cuya función es hacer más conmovedoras las penas maternales (a menudo con efectos decididamente contraproducentes).
Los más osados tienen la idea peregrina de darles la palabra a las criaturas (Mozart, Debussy, Britten...). A veces son mujeres las que cantan esos desagradecidos papeles, pero, con la tendencia hodierna a ensalzar en ópera la verdad teatral, las agencias de representación artística cada vez tienen más clientes que peinan bucles y cuya frecuencia de sonido se acerca inquietantemente a las de los silbatos para perros sin llegar, por desgracia, a ser ultrasónica.
Los papeles infantiles en las óperas más tempranas, e incluso durante gran parte del siglo diecinueve, suelen ser puramente una destilación de la idea abstracta de niño. Incluso meras figuras mitológicas (los amorcillos sabiondos y repipis que aparecen en la obra de Monteverdi, por ejemplo).
Hasta el siglo veinte los niños en ópera no empiezan a representar a verdaderos personajes, dotados por los autores de un poco más de hondura psicológica y todo ese rollo.
Mi lista intenta mostrar ejemplos de niños que no estropean la belleza del discurso musical con su presencia o, incluso, con su voz. Así, por ejemplo, no incluyo la escena de Parpignol, que es ejemplo máximo en ópera del efecto uñas rallando la pizarra.
El orden no es temático ni cronológico, sino que intenta obtener cierta variedad sonora.
1.
http://www.youtube.com/watch?v=eYmYhNrLM6c Britten incluye muchos niños en su obra, a veces en papeles de sustancia, como en la Vuelta de Tuerca. Este es un coro muy bonito de una obra menos conocida. Se supone que lo tienen que cantar coros escolares o aficionados (lo que en Inglaterra se hace con cierta frecuencia).
2.
http://www.youtube.com/watch?v=46E1zp97EKIEn Médée de Charpentier, los niños son figuras puramente ornamentales. Eso me permite incluir aquí un aria para cantantes de los de verdad, sin asomo de rosy cheeks, y así desengrasamos un poco.
3.
http://www.youtube.com/watch?v=iejLyYM6_rE En el Cruzado en Egipto, deliciosa ópera italiana de Meyerbeer, anterior a sus exuberancias galicanas, el nene sigue siendo un simple recurso escénico para retratar con más elocuencia la figura materna. La soprano es Ciofi.
4.
http://www.youtube.com/watch?v=F2Ha1mrrx-M En Rodelinda, de Handel, tenemos otro niño florero, pero éste está destinado a protagonizar de adulto toda una ópera; Flavio. El sabio Handel no deja que el infante abra la boca (aunque en algunas otras de sus obras, como Athalia o Alcina, se muestra menos juicioso y deja cantar a tiernos personajes). En la producción de Glyndebourne con Antonacci, el niño actor se gana el sueldo a base de bien, haciendo gala de un repertorio de gestos que envidiaría la Nazimova o cualquier otra estrella del cine mudo. Pero en este corte canta la Fleming, que me gusta menos, pero es que, si no, veo que me paso de tiempo.
5.
http://www.youtube.com/watch?v=p9ZuCUhfWd0 En esta escena de Der Junge Lord (en la que los niños del pueblo, adiestrados por el maestro, reciben a un ilustre visitante con cantos de vivat, vivat, y luego, al final de la escena, asaltan brutalmente a su criado) Henze corre el terrible peligro de caer en un momento Parpignol y, no nos engañemos, aunque la disonancia le quita algo de azúcar al café, caer cae un poco.
6.
http://www.youtube.com/watch?v=lSq1m-_qR2s Hay óperas, como Brundibar, en las que la presencia de niños en el reparto la imponen atroces circunstancias históricas.
7.
http://www.youtube.com/watch?v=CYOkEtEjFR8En el niño y los sortilegios, Ravel y su libretista sí intentan introducirse en la mente del niño, con un protagonista infantil digamos que razonablemente facsimilar de los que se pueden encontrar en la vida civil, con sus mismos miedos, y hasta con sus rabietas.
8.
http://www.youtube.com/watch?v=WC20svDKZHM De vez en cuando, volvemos al niño figurita de Lladró, particularmente en aquellas óperas que miran hacia atrás más que hacia delante. Canta Patzak, cascadete el hombre, y un niño emite unas sonoridades que pretenden pasar por canto (el aria en sí empieza desde el minuto 1, maomenos).
9.
http://www.youtube.com/watch?v=MPYclDwNuSA Y, por supuesto, los coros infantiles nunca dejarán de representar en ópera presencias angélicas. Aunque sea aportando un poco de color a coros de adultos, como en este jermoso pasaje de la Vita Nuova de Wolf-Ferrari.
10.
http://www.youtube.com/watch?v=xQXFdDKTQHA Esta coda es para ver si a algunos foreros se les quita el repelús a Wozzeck con esta escena conmovedora ahora que la obra visita Madrid.
(Epílogo fuera de concurso: Pero ninguno de los horrores que ofrece el repertorio de ópera con niños llega por fortuna a los extremos de esto:
http://www.youtube.com/watch?v=dTSMCLV8nAM )