
Mucho se habló en su día sobre este
Rigoletto. Creo que era el debut en el titular de Zeljko Lucic y el debut en Europa de Flórez en el Duca. No es una gran grabación ciertamente y hay que verla con cierta perspectiva. El Rigoletto de Lucic, que vocalmente está bastante aceptable si bien los agudos son un tantín fibrosos, es la nada, no le pasa absolutamente nada, la bellísima cantilena
Deh non parlare al misero pasa sin pena ni gloria, suelta las frases del
Cortigiani como quien dice agua va. No obstante en el último acto está algo más implicado. La grabación es del 2008, creo que no le he vuelto a escuchar ningún Rigoletto más, pero deseamos su mejora. Tras esta serie de Rigolettos, Flórez pegó la espantada en las funciones anunciadas para el año siguiente en el Real, no me extraña. Casi siempre al límite en un papel que sobrepasa su condición de tenor ligero y que se evidencia en los esfuerzos que hace en las grandes arcadas melódicas de
E Il Sol Dell'anima y en el
Parmi veder le lagrime. Un Duca abúlico (no hay absolutamente ninguna pulsión rijosa en la balada del primer cuadro) de acentos monótonos y desapasionados (el recitativo Ella mi fu rapita es más propio de una catequista solterona que de un conquistador). Y para colmo la absurda regie le hace deambular por el escenario con caras de salidorro y con unos pelos indecentes. Diana Damrau presenta una Gilda al borde del colapso nervioso durante tres cuartos de la ópera, es imposible mover más los brazos y la cabeza, cosa que afecta al canto, claro. Algo chillona y con los agudos caidos en el el
Quali affetto, quali cure y bastante mal en el
Caro nome inlegateado, con numerosos y abruptos cortes. Se repone en el
Tutte le feste al tempio, muy mono y variado y en el fiero acento de la vendetta. Bastante bien también en la espectral aparición final. Comprimarios y dirección escénica de Nikolaus Lennhoff de saldo (salvo algun detallito como la sangre en el vestido de la exdoncella Gilda) y con bastante vida y chispa la dirección de Fabio Luisi que tiene en sus manos a una orquesta de primera categoría.
Por cierto, balanceos extrañísimos del sonido en ciertas ocasiones.