Ayer tocó el primer reparto, y me he llevado una gran decepción con las supuestas estrellas. Además, me da la impresión de que el público también se quedó un poco desconcertado porque estuvo frío y apagado durante toda la función. Nada que ver con el entusiasmo del otro día.
Tristeza infinita comprobar el estado vocal de Mariola Cantarero. No sé qué le ha pasado a esta chica, pero su voz suena anciana: tremolante, ácida, descompuesta y completamente arañada. Ella intenta recrearse por momentos, pero es un quiero y no puedo continuo

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El Albelo de ayer es el mejor que he visto en directo, lo cual tampoco quiere decir mucho. Fraseó con muy buen gusto (magnífico el
Feliz morada) y regaló agudos con generosidad, pero la voz está apoyada en falso o en blando, y no acaba de tener el trampolín necesario para que el sonido se expanda y se proyecte como debiera. Un ejemplo: se fue al Mi bemol sobreagudo al final del concertante del segundo acto, pero ese esfuerzo hercúleo apenas se escuchó poco más allá de la primera fila de butacas. Y un detalle musical muy feo que debería corregir: no sé si es porque tiene la partitura cogida con alfileres (con el texto se lió en varias ocasiones) o por falta de constancia, pero se muestra inseguro y dubitativo en bastantes ataques de frase, con el consiguiente arrastre de notas.
Juan Jesús Rodríguez es otro cantante que ha ido yendo de más a menos en su carrera; siempre recuerdo su sorprendente (para bien) Conde, de
Bodas de Figaro , en el Real, hará unos diez años, pero aquello no ha tenido continuidad. La voz es estupenda y lujosa, pero el canto es engolado, fibroso y muy poco maleable. Y bajonazo vocal evidente también el de Simón Orfila, que tenía la voz bastante bien colocada hace unos años, y que ahora la tiene en el “occipital izquierdo”.
Minuto de juego y resultado: 0 – 1 para el segundo reparto (de Munck y Gandía), por el momento.