|
Bueno, ahora que parece que el hilo vuelve a sus derroteros, procedo a dar mi impresión de la función del sábado. Yo es que estas agresividades prefiero obviarlas, dada mi innata pusilanimidad (hala, ahí va mi aportación de palabro polisílabo).
Ciertamente, me alegro de haber asistido a la función para conocer esta obra. Es cierto que no está a la altura de sus futuros trabajos y que el sonido y el tratamiento típicos de Janacek se dejan sólo entrever por momentos; sin embargo, a mí esos momentos me hacían esbozar una sonrisa, como la que esbozaría cualquiera que, sabiendo el asesino de una película, ve a las claras dónde va dejando el director las pistas. Era ver dar sus primeras patadas a un Cristiano Ronaldo, si se me permite la comparación (y no soy futbolero). El tratamiento es más bien clásico, con momentos especialmente líricos, como el canto a la luna, o el dúo de los protagonistas. El preludio, a mi parecer estupendo, es buen indicio de lo que va a ser la obra. Es cierto que, por momentos, hay tintes wagnerianos, pero son más bien destellos, potenciados por un tema tan cercano a la obra wagneriana. a mí, fíjense, hubo momentos que me vino a la mente Richard Strauss, por absurdo que les parezca.
La puesta en escena fue, para mí, un acierto. Cierto que había momentos en los que el texto describía acciones que no ocurrían y el tenor se vio obligado a cantar su monólogo del primer acto de forma casi estática; cierto también que el cantar en las escaleras, situadas hacia el fondo, las voces podían verse tapadas por la orquesta, pero no sé yo si eso es problema de la escena... Encuentro enormemente acertado el movimiento del coro, claro, limpio, limitado a movimientos conjuntos que se quedaban congelados, con intención más bien de crear espacios antes que acciones; me recordaron un tanto a las imágenes del coro de El ocaso que se ve en las fotos del montaje de Wieland Wagner en Bayreuth.
En cuanto a los cantantes, creo que opino igual que el resto de foreros que han colgado aquí sus impresiones. Me sorprendió agradablemente Christina Carvin, segura y con una voz que, si bien podía carecer un tanto de graves, se mostaba generosa en los agudos, redondos y con mucho color. No creo que en ningún momento la orquesta la perjudicara. Hizo un gran personaje. Roman Sadnik, efectivamente, para olvidar; tirante, con una afinación sospechosa, tirando a la declamación, con sonidos rozados o, directamente, rotos. A este sí que lo tapaba constantemente la orquesta. Mark S. Doss tiene un color bonito, pero me parece que la proyección es inexistente y resulta bastante ramplón. Sin embargo, qué gusto oír a José Manuel Montero en el tercer acto, perfectamente proyectado y con una voz igualada; su breve papel, tomó más relevancia de la habitual (o de la que supongo sería la habitual, claro)
La orquesta cumplió sobradamente, con un sonido empastado. Sin embargo, no hubo matices, no hubo contraste en las dinámicas, dando una impresión monótona en el discurso. Tal vez sea por la premura con la que tuvo que trabajar Serrate. En mi opinión, buena parte del problema de tapar a los cantantes, fue debido al volumen orquestal (salvo en el caso del tenor, que probablemente fue un caso de culpa compartida). Aun con todo, creo que el resultado fue bastante decente, nada desdeñable teniendo en cuenta que probablemente uno tarde mucho en poder ver otro montaje de esta obra.
En fin, queda ahí mi opinión (siempre "discutida y discutible") y mi bautizo en las crónicas de funciones.
Finalmente, les confieso que abandoné tras esta primera obra. Motivos personales y de amistad así lo requerían. De nuevo mi pusilanimidad... Estoy dispuesto a recibir las pedradas (verbales) por mi deserción...
|