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Hace unas horas ha tenido lugar el estreno de Parsifal, ópera que volvía al Real después de casi 12 años, primera de tres funciones en versión concierto que se nos ofrece en una interpretación con instrumentos originales por el Balthasar-Neumann Ensemble.
Se nos ofrecía esta interpretación como una reconstrucción de lo que el público de Bayreuth escuchó en 1882, con instrumentos de la época. Y en el programa de mano se nos da una pequeña explicación sobre los criterios a seguir, bastante interesantes.
Thomas Hengelbrock se ocupó de la dirección orquestal. Fue la suya una dirección orquestal muy rápida, como Pierre Boulez. Y creo que Parsifal es una ópera que no debe dirigirse con tanta rapidez. La dirección durante el primer acto me pareció decepcionante, el preludio transcurrió demasiado rápido, así como el interludio. La verdad es que durante el primer acto se sentía uno que no tenía tiempo de disfrutarlo con la solemnidad que se le supone. La orquesta a mi juicio no tuvo durante este acto un sonido muy óptimo. Parecía escasa, sonaba muy a diminuto; especialmente las cuerdas. El coro tampoco tuvo su mejor actuación en este primer acto: las pocas voces de las que se componía sonaban muy desangeladas. Sólo en los últimos momentos de la escena del grial, especialmente en la frase "Selig im glauben" alcanzó un momento de emotividad. Tampoco el coro de pequeños cantores de la JORCAM tuvo su mejor actuación. Con el coro del Real se habría alcanzado un nivel memorable. Otra cosa fue el coro femenino en la escena de las flores: verdaderamente ágil, potente y de bella sonoridad. Acompañada de la gran dirección que alcanzó el señor Hengelbrock se consiguió una escena de flores que fue uno de los puntos más memorables de la velada.
El segundo acto fue mejor: durante la escena de Klingsor y Kundry, pero muy especialmente durante la escena de las flores se alcanzó la tensión, el dramatismo adecuados. Aquí sí que casaba una dirección rápida con el clima de éxtasis, ira, pasión y sensualidad de lo que en este acto se cuenta. En el acto tercero, tan solemne y estático volvió a resultar inconveniente la dirección rápida. El preludio se pasó en un suspiro, lo que impidió el disfrute de esta bella pieza. Pero la orquesta no desafinó tantas veces como al comienzo. Sin lugar a dudas, respeto mucho el experimento pero en estos tiempos que corren habría sido más interesante enmendar la tarea a los cuerpos estables de nuestro teatro, con lo que el nivel en mi opinión habría sido superior sobretodo si se hubiera encomendado incluso al señor Hengelbrock.
Pasemos ahora a los cantantes. Podría decir que este Parsifal mejor debería haberse llamado "Gurnemanz". Kwangchul Youn fue de lejos el mejor intérprete de la velada. La suya es una voz poderosa y llena de autoridad, además de ser bella. Ya en 2005 me sorprendió su magnífica interpretación del Rey Enrique en aquel Lohengrin que fue la función de mi vida. Conserva en 2013 parte de ese poder vocal que le convierte en una autoridad en el rol. Todo el primer acto fue una lección de canto, con un "Titurel, der fromme Held" de antología. Sin embargo en el tercer acto aparecía fatigado, a veces tapado por la orquesta. Con todo no perdió vocalmente la compostura; recogiendo el testigo del anterior Gurnemanz que se escuchó, Matti Salminen. De hecho en el encanto del viernes santo cerró su interpretación con gran dignidad.
El segundo gran intérprete fue Johannes Martin Kränzle. ¡Qué gran Klingsor! Una voz de emisión gruesa y enorme, una interpretación aterradora. No conocía a este señor hasta esta noche y la verdad es que es el mejor Klingsor que he oido en los últimos 10 años. No sé si ha cantado en Bayreuth pero de no ser el caso debería pensarse en él. Su interpretación fue uno de los condicionantes de ese buen acto segundo. No me extrañaría que hasta el comienzo del dúo inspirase a Hengelbrock y se lograse ese gran nivel. Grande.
Victor von Halem hizo un Titurel normal, no destaco mucho aunque para mi gusto fue la tercera interpretación de la noche. Recordar que grabó este papel con Karajan en 1980.
No me pareció que la voz de Matthias Goerne fuese pequeña pero no sé qué tan determinante pueda ser que estuviera en la tercera planta. Aquí la voz se percibía sonora y bella. Pero en el monólogo en la escena del Grial no me convenció su Amfortas. Bastante tosco e insípido, como si ya tuviera suficiente con cantarlo y hacerse oir. Algo parecido con el monólogo del último acto aunque en la escena del baño sí que lo resolvió bien.
Simon O 'Neill tiene en principio una voz fea. Este señor en los años 50 o incluso 70 cantaría Mime e incluso un escudero. Ahora, no desmerece del todo. Es cierto que no me gustó nada en su primera intervención. Sin embargo en el los actos segundo y tercero su canto se tornó digno. Y así, el aria "Amfortas, die Wunde" le salió potente y los agudos con cierta sonoridad. Y además actuó: sus movimientos, sus expresiones nos hacían imaginar que allí había una puesta en escena y una dirección de actores.
Lástima de la Kundry de Anna Larsson. Sustituía a Angela Denoke en el último momento. Había cantado el rol en 2011 en Bruselas. Pero estaba muy lejos no ya de tener el personaje muy rodado sino de tener la voz adecuada. No voy a culparla de cantar el papel con la partitura en la mano porque quizá no se lo preparó con mucho tiempo. Pero su voz contraltada no tenía la sensualidad del acto segundo ni el salvajismo adecuado del acto tercero. Lo mejor que le salió el aria "Ich sah das kind", que estuvo bonito. El resto, totalmente desangelado. Por no hablar de que se confundía en varias palabras, o que las palabras del tercer acto "Dienen, Dienen" las dijo antes de tiempo así que en total las cantó cuatro veces. Debía estar nerviosa. El público lo entendió y no fue abucheada.
Realmente y pese al empeño no me pareció un Parsifal memorable, por no mencionar lo poco que luce esta obra en una versión concierto; todo Wagner no luce igual sin una puesta en escena -especialmente teniendo en cuenta su duración- pero con Parsifal esto se acentúa demasiado.
Pero no soy quién para ser tan duro; es la primera vez que veo esta obra en vivo. Yo me enamoré del preludio de esta obra a los 12 años, y desde ese momento sentí una conexión especial con la música de Richard Wagner. Durante mi adolescencia se convirtió en mi ópera favorita: la escuchaba muchas veces, todas las versiones que encontraba en mi biblioteca. Yo me perdí la versión de Plácido en 2001 en esta ciudad porque no sabía como ir. De hecho no fui a la ópera hasta siete meses después, con la Lucia de Bros y Moreno. Y desde entonces he pasado otros 12, casi 13 años esperando que alguna vez esta obra se programase. Ya tengo 25 años, y mi relación con Parsifal no es la misma que cuando tenía 15: me acerqué a ella como un adolescente de hoy puede acercarse y con devoción a la mitología (de Tolkien o Lucas) o al fútbol o a un ídolo del pop, y sobre mi fascinación por ella he de decir que la a veces bromeo comparándola con un primer amor. Pero aún la llamo favorita, porque con muy pocas obras -todas las demás por debajo de Parsifal, salvo el Anillo- he sentido esa absorción que una ópera es capaz de hacer con un aficionado, invitándote a conocer su mundo y las posibilidades que ofrece oir a cada uno de sus intérpretes. Y por eso la función de hoy siempre tendrá un lugar en mi corazón. Es el reencuentro entrañable con un viejo y querido conocido de la primera juventud. Espero ver esta obra más veces en mi vida no sólo para superar el nivel de esta función sino para descubrir de la misma otros matices que no he podido ver durante todo este tiempo.
_________________ O Wort, du Wort, das mir fehlt!
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Última edición por angelparsifal el 30 Ene 2013 4:13, editado 2 veces en total
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