Debo unas líneas sobre
Invasor, de Daniel Calpasoro. Una película trepidante, excesiva en sus escenas bélicas (hay algún momento muy tarantiniano, como cuando Antonio de la Torre le quita a Alberto Ammann un cuchillo que tiene clavado en la pierna y empieza a sangrar a chorro durante un buen rato), que parece más destinada a crear impacto visual y a no dar tregua al espectador en la butaca, a no aburrirle (casi siempre lo consigue) que a construir una intriga de personajes sólidos.
Alberto Ammann discretito como el protagonista (un tipo capaz de poner a su propia familia por delante con tal de contar la verdad, algo que no se sostiene, pero bueno), mientras que Karra Elejalde es un malo estupendo, como acostumbra; y Antonio de la Torre deja destellos de su clase en un papel que podría y debería estar más desarrollado. Inma Cuesta tiene un personaje de relleno, casi tanto como el del soldado sometido a crisis de pánico, cuyo misterio se ve venir desde el segundo dos y solo se resuelve tarde, mal y a rastras en la última secuencia. Muy cuqui la pequeña Sofía Oria (la pequeña Blancanieves de Berger, que vuelve a ser la hija de Inma Cuesta con solo unos meses de diferencia), con un
charme impropio de una cuasidebutante.
Y a mí como coruñés me resulta casi cómico ver un thriller policíaco por las calles de la Coru

. Estas cosas en La Coru no pasan. Impagable ver el copy-paste que han hecho con la ciudad: todo lo que se ve es cierto, pero a veces se ha buscado conectar calles que están a kilómetros de distancia por el mero hecho de hacer bonito. La gran persecución de coches del final comienza en el Paseo Marítimo... y en el lugar donde debería aparecer mi casa, de pronto aparece la cuesta de bajada del Palacio de la Ópera.
Otro detalle muy cómico: como en todo buen policíaco que se precie, hay detalles hollywoodienses impropios de La Coru neno. En un momento, Ammann va a un cyber a llamar a su familia por Skype. En la casa se activa el Skype y la hija responde con toda naturalidad por videoconferencia. Ni que decir tiene que por supuesto el ordenador YA estaba encendido, como si en esa casa no hubiera un teléfono normal, y estuviesen acostumbrados todos a usar el Skype como medio de comunicación primario. Siendo en La Coru, a mí me hizo mucha gracia porque me pareció una situación surrealista.
Ah, y no sé el loft art-decó en medio del monte en el que viven los protas (para que la visualicéis: es algo a medio camino entre la casa de Butterfly y la casa del Cosí Fan Tutte de Claus Guth) existe aquí realmente. De ser así, yo si me toca la lotería me la compro.
Pero, como divertimento, se deja ver. Y acción tiene.