Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 08 Sep 2012 23:17
Solista
Registrado: 27 Dic 2010 22:25 Mensajes: 681 Ubicación: En general.... viajando. Y escuchando ópera, claro.
Por cierto: ya comentaba que durante la II República, esta zarzuela pudo llevarse al cine. Lo hizo Jean Gremillon. Buceando en Youtube hay algún fragmento, y entre ellos, nuestro Relato de Rafael.
Por si alguien tiene mucho interés, creo que puede bajarse la pelicula aquí
Otros datos del film...
AREA DE DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN Título original: La dolorosa Director: Jean Gremillon Año: 1934 Productor: Producciones Campa. Género: Película largometraje
FICHA TÉCNICA Id filmoteca: 00154 Intérpretes: Rosita Díaz Gimeno (Dolores), Agustin Godoy (Rafael), Amparito Bosch ( Nicasia), Pilar Garcia (madre Dolores), Eva López (Juanica), María de Anaya ( Sirvienta), Maruja Berges ( Inés), Ramón Cebrian (Perico), Luis Moreno (Padre), F.Mª Linares Rivas (Natalio), Anselmo Fernándes (Tío José), Alberto Lopéz (Tío Bienvenido), Luis LLaneza (D.Serafín) Autor de la música: Sistema de sonido: Tobis Klangfilm Operadores de cámara: Jaques Montherand Otros datos técnicos: Versión cinematografica de la famosa zarzuela con música del maestro José Serrano. Libro de Juan Jose Lorente. Ayudante de dirección: André Barzac Ingeniero de Sonido: Esteban Muñoz Decorados:Jose Maria Torres Maquillaje:Kralt Estudios: CEA ( Madrid) Sistema de sonido:Tobis Klangfilm Distribución Mundial:M.de Miguel
_________________ Audience´s the same everywhere. There´s much bigger response if they understand what you're singing. Supertitles do help in that regard. Sutherland 85
Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 09 Sep 2012 0:38
Solista
Registrado: 27 Dic 2010 22:25 Mensajes: 681 Ubicación: En general.... viajando. Y escuchando ópera, claro.
También adjunto aquí un nuevo resumen de la trama, y los diálogos de casi todas las escenas de esta zarzuela.
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Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 10 Sep 2012 7:51
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
A veces pienso que no he hecho patente en el foro cuánto me gusta el Barroco italiano del siglo XVIII.
Bueno, no voy a engañar a nadie a estas alturas. No me engancha tanto como algún otro periodo de la historia de la ópera, pero sí más de lo que mi escasez de aportaciones en el foro da a entender. En la música instrumental, los allegros barrocos son, para mí, los más auténticamente alegres. Los andantes barrocos, los más nobles y serenos. Los adagios, los más emotivos. En cuanto a la ópera, cuando oigo un aria di caccia, di guerra o di bravura se me van los pies y las manos, siguiendo el ritmo como si fuesen polkas, pasodobles, raps, o cualquiera de los muchos géneros musicales que hacen imposible mantener quieto el cuerpo.
Pero lo que me impacta, lo que noquea mi conciencia y me hace bendecir al primero que juntó dos o tres notas para inventar la música, son cosas como ésta, mi candidata a Obra del año:
Cantante: Annamaria dell’Oste Accademia Bizantina. Director: Ottavio Dantone Versión candidata
Lieto così talvolta fra lacci ancor s’ascolta cantar quell’usignuolo, se la fedel compagna risponde al canto, al duolo, con cui d’amor si lagna, vago di libertà.
Più non rammenta il nido, sgombra ogni duol dal petto, e il dolce antico affetto solo spiegando va.
A veces se oye al ruiseñor cantar contento aun estando cautivo, porque la fiel compañera responde al canto, al dolor, del que de amor se lamenta, falto de libertad.
No añora más el nido, aparta el dolor del pecho y el dulce y antiguo afecto va desplegando a solas.
Uno se deja mecer por la voz de la soprano y envolver por el dulce sonido del oboe, y no se necesita más prueba de que el Paraíso existe.
Por ello, en esta edición de “La Obra del año” abrazo la causa barroca, notoriamente mermada por las ausencias de Carestini y Sutherliano, y me dispongo a hablar durante toda la semana sobre el autor del aria que acabáis de escuchar, que es “Lieto così talvolta” de la ópera ADRIANO IN SIRIA.
El creador de música tan sublime es Giovanni Battista Pergolesi, compositor que, pese a su brevísima vida (1710-1736) y corta producción (sólo seis años de creación; no pudo hacer más), fue uno de los de mayor talento e influencia que ha dado la inagotable Italia. Y aun así, casi toda su obra es una gran desconocida. Menos mal que en los últimos años, y sobre todo a raíz del tricentenario de su nacimiento, se están recuperando sus óperas para los escenarios y los discos.
A este hilo de “Obra del año” podría haber venido cualquier fragmento suyo que no sea de “La serva padrona” o del “Stabat Mater”, que cumpliría tranquilamente el requisito de ser (quasi)desconocido. En el aria elegida se habla de un ruiseñor que ha sido apresado, y aun así, se siente dichoso porque su amada le corresponde. Es una metáfora que utiliza un personaje (Farnaspe) para describir su propia situación. Allá por el viernes descubriremos en qué contexto. Las bazas con que cuenta esta aria, este himno al amor, para optar a “Obra del Año” son una música bellísima, un texto conmovedor y un diálogo entre la cantante y el oboe, que evoca el canto del pájaro enjaulado, sencillamente celestial.
En cuanto a la exposición, el equipo de investigación de Tele(s)Foro se ha echado a la calle, ha ido a Italia y ha entrevistado a cinco edificios y un lugar histórico por cuyas salas y pasillos anduvo el músico, y nos hablarán sobre su vida y obra.
Ya: ahora muchos os veis venir otra paliza de leer una de esas exposiciones que acostumbra a endosaros Loge a ritmo de sermón diario. Pues sí y no. Este año he introducido una novedad en atención a mps de este jaez que me llegan en ocasiones: “Buena presentación. Quién diría que eres paisano de Baltasar Gracián”. Es decir, el que escribió aquello de: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo.”
¿Qué creíais, que no capto las indirectas? Bueno, pues para alivio de impacientes, solaz de presbicias y economía de atención, este año, si queréis, podréis evitaros leer la presentación por escrito (que también estará, por supuesto), ya que habrá una presentación audiovisual paralela. Así nadie podrá quejarse de “longitudes tolstoyanas” ni sospechar de mí como agente a sueldo de Afflelou o de algún otro explotador de dioptrías ajenas.
Espero que esto se me tenga en cuenta cuando se cree el premio UNELO al forero más misericordioso.
Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 10 Sep 2012 10:04
Div@
Registrado: 30 Dic 2005 13:54 Mensajes: 13802 Ubicación: Madrid
Aunque las palabras de su paisano Baltasar Gracián deberían formar parte de las Tablas de la Ley, no se preocupe usted por este asunto, señor Loge. Nadie espera que un wagneriano sea conciso.
Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 10 Sep 2012 13:16
Div@
Registrado: 03 Ago 2009 0:14 Mensajes: 12118
"La roca fría del calvario" es una estupenda romanza que han cantado todos los grandes tenores españoles. El Rafael es uno de los papeles punteros para tenor en un género como la zarzuela en que los barítonos reinan. Además de la romanza, son magníficos su dúo con la protagonista y la escena de la confesión.
Fabuloso también al papel del prior, uno de los grandes para bajo en este repertorio con ese cantabile "El amor, el amor es un veneno de un poder fatal..."
Tuve la oportunidad de ver esta zarzuela hace muchos años con Evelio Esteve como Rafael y el mítico Esteban Astarloa como Prior, justo el día que éste cumplía 76 años de edad y no sé cuántos de carrera.
_________________ "El canto como la belleza que se convierte en verdad" (Friedrich Schiller)
Asunto: Re: Obra del año 2012. Juanete - La roca fría del calvario (
Publicado: 10 Sep 2012 17:22
Div@
Registrado: 28 Ene 2008 1:47 Mensajes: 4793 Ubicación: Costasoleña.
delaforce escribió:
Aunque las palabras de su paisano Baltasar Gracián deberían formar parte de las Tablas de la Ley, no se preocupe usted por este asunto, señor Loge. Nadie espera que un wagneriano sea conciso.
Es más, espero que explique "algo más"...Lo hace muy bien...
_________________ Di pasta simile son tutti quanti.
La música de fondo es el Final del Acto I de “El milagro de la conversión y muerte de San Guillermo, duque de Aquitania”. Quien desee escucharla "limpia" aquí la tiene:
Transcripción de la entrevista
¿Ya graba?
Pergolesi… Sí, me acuerdo de él... Era un muchacho de una familia bastante pobre, que había nacido en Jesi. Se llamaba Giovanni Battista Draghi, pero todos lo conocían como “Pergolesi”, porque sus antepasados habían vivido en el pueblo de Pergola. Cuando se trasladaron a Jesi fueron llamados Draghi della Pergola y con el tiempo, acabaron siendo simplemente Pergolesi. Casa natal de Pergolesi
La familia, aunque humilde, estaba muy bien relacionada. El padre era guarda, o inspector, de las fincas de algunos nobles de Jesi. El chico tuvo mala suerte: antes de llegar a adolescente ya había perdido a sus padres, a su hermana y a sus dos hermanos. El mismo tenía mala salud, y toda su vida cargó con una cojera, posiblemente a causa de la poliomielitis. Bueno, pues cuando se quedó solo en el mundo el obispo de Larino y el Marqués Pianetti se hicieron cargo de él y lo enviaron aquí, a Nápoles, al Conservatorio dei Poveri di Gesù Cristo.
Los conservatorios, por entonces, no eran exclusivamente escuelas de música. Eran más bien hospicios, muy vinculados a conventos y monasterios, donde se atendía a niños y jóvenes desamparados para encaminarlos a una vida útil. Se les enseñaba un oficio pero también se les encauzaba, si mostraban disposición, al estudio de algún instrumento musical y, sobre todo, al canto, para que pudieran participar en las funciones religiosas o ponerse al servicio de reyes, príncipes o nobles. Algunos de estos conservatorios alcanzaron tal calidad en la formación musical que se transformaron en escuelas especializadas.
Cuando Pergolesi vino aquí, sería 1725, había en Nápoles cuatro conservatorios: el de Santa María de Loreto, el de San Onofrio in Capuana, el della Pietà dei Turchini y éste dei Poveri di Gesù Cristo, que era el más nuevo de los cuatro y había sido fundado por un monje franciscano. Lo cerraron en 1743, porque los alumnos infringieron las reglas y se sublevaron contra el rector. Más tarde derribaron las dependencias y construyeron bloques de pisos, y de todo aquello sólo quedo yo, la iglesia que tenía el Conservatorio, también cerrada desde hace décadas y amenazando ruina.
Pero ustedes querían saber sobre Pergolesi, ¿verdad? Bueno, cuando llegó al Conservatorio algo de violín ya sabía. Francesco Santini le había enseñado en Jesi. Aquí mejoró con Domenico de Mateis. Tanto mejoró que en una ocasión su maestro le oyó practicar y ejecutar unos pasajes tan delicados, unas improvisaciones tan bellas, que le abrazó y le preguntó quién le había enseñado a hacer esas modulaciones. Pergolesi respondió que nadie, que le venían naturalmente a los dedos. De Mateis le preguntó si se atrevería a transcribirlo, y al día siguiente, Pergolesi le presentó toda la sonatina elegantemente modulada.
De Mateis se quedó asombrado, y le recomendó al maestro de contrapunto del Conservatorio, que era Gaetano Greco. Poco pudo enseñarle Greco, porque murió pronto, en 1728. Pergolesi pasó a estudiar con Francesco Durante. Durante dominaba el contrapunto: sus fugas, sus ricercare a varias voces producían una plenitud de armonía infrecuente en los demás maestros, pero andaba escaso de inspiración. Sus arias eran lánguidas y sin nervio, las modulaciones y cantilenas ásperas y sin gusto, y el acompañamiento casi siempre pedante. Pergolesi, en cambio, estaba lleno de inspiración y de vivacidad, lograba que se acoplasen perfectamente la fuerza y la armonía de las voces con acompañamientos instrumentales cantabiles; y en las arias era expresivo, breve, fácil y armonioso.
Durante fue llamado a Viena por el Emperador, así que Pergolesi terminó los estudios con su sustituto, que fue Francesco Feo. En 1729 fue nombrado “capo paranza” de la orquesta del conservatorio, algo así como primer violinista. El último año de su estancia aquí, 1731, compuso un oratorio para los padres filipinos, “La fenice sul rogo”, y se graduó con un drama sacro: “El milagro de la conversión y muerte de San Guillermo, duque de Aquitania”. Esta obra le dio notoriedad, y en cuanto la oyó el príncipe Ferdinando Colonna Stigliano, que era un noble al servicio del Virrey de Nápoles, quiso que Pergolesi entrase a su servicio.
Pero eso, mejor que se lo cuente el Palacio del Príncipe Colonna, en la Vía Toledo. Yo ya me canso de hablar. Que son trescientos años contando lo mismo a unos y a otros.
La música de fondo es el aria “Talor del fiume altero” de SALUSTIA, interpretada por Marina De Liso, Montpellier 2008.
Transcripción de la entrevista.
Sobre todo, saquen buenos planos de la puerta con el blasón, y de la escalinata, y del salón. No son los originales, pero es que, después de mi restauración, han quedado como para lucirlos. Fachada del actual Palazzo Colonna
Pues sí, el joven Pergolesi venía por aquí con frecuencia. Mi señor príncipe Colonna, perteneciente a la más alta aristocracia pues era caballerizo del Virrey de Nápoles, lo nombró “Maestro di capella”, y eso que el músico tenía tan sólo 22 años. Pero… Había oído su drama sacro sobre la conversión y muerte de San Guillermo y había quedado encantado. Buena debía de ser esa obra, porque con ella, Pergolesi no sólo consiguió el mecenazgo del príncipe, sino también el de otros nobles, como el duque Caracciolo d’Avellino y el marqués Carolo Maria Pianetti, y además el encargo de una ópera seria para el Teatro de San Bartolomeo, que por entonces era el mayor de Nápoles. El duque Caracciolo d’Avellino
Como libreto se eligió un trabajo de Apostolo Zeno, “Alessandro Severo”, que se había representado en Venecia seis años antes, y que fue reelaborado con el nuevo título de “Salustia”. Después de una preparación muy laboriosa, la ópera se estrenó en enero de 1732. Pero tuvo muy poco éxito y hubo que retirarla al cabo de quince días. ¿Por qué fracasó? Quizá porque el papel protagonista tenía que cantarlo el célebre Nicolò Grimaldi, y no debió de ayudar en nada que se muriera unos días antes del estreno.
De todas formas, el joven ya tenía cierta fama en la ciudad, porque a pesar de ese fracaso, el Teatro dei Fiorentini le encargó otra obra, la que sería su primera ópera bufa: “Lo frate ‘nnamorato”. Se estrenó en septiembre, y ya fuera porque estaba escrita en dialecto napolitano, ya porque el muchacho estaba especialmente dotado para la comedia, el hecho es que logró un éxito fulminante y rotundo, el mayor que obtuvo en vida. Tanto, que la obra se volvió a representar dos años después, con algún pequeño cambio, y aún se representaría de nuevo en 1748, doce años después de la muerte del autor, que eso sí que era excepcional.
El siguiente ejemplo les dará idea de cuánta fama había alcanzado Pergolesi en tan poco tiempo. El año anterior, 1731, había habido en la comarca un terremoto desastroso. Las autoridades de Nápoles decidieron poner a la ciudad bajo la protección del glorioso y portentoso obispo de Ascoli, San Emidio, para que intercediera ante Dios y le pidiera que no se repitieran tales catástrofes. Quisieron solemnizar la ocasión con una misa, y para componerla eligieron a Pergolesi. Seguramente, mi señor, a quien el músico había dedicado sus Sonatas para tríos, movió algunos hilos para facilitar la elección. Pero ésta quedó totalmente justificada, vista la admiración que causó cuando la obra fue interpretada en la iglesia de Santa Maria della Stella. San Emidio
Según testimonios de quienes asistieron al estreno, el compositor desplegó todo su talento, suscitando los celos de todos los profesores de música, con una Misa para diez voces y dos coros que respira por todas partes elegancia, armonía, grandeza y devoción. Así hizo saber a todos que era grande y expresivo en el drama teatral y gracioso en la ópera bufa, pero también grande, noble y devoto para la Iglesia del Señor. Así se ganó también, en noviembre, el puesto de organista supranumerario de la Capilla Real.
Otra medida que tomó la ciudad a causa del terremoto fue suspender las fiestas de Carnaval y cerrar los teatros durante buena parte del año siguiente. ¡Cómo se lamentaba el de San Bartolomeo! ¿Qué? ¿Que quieren hablar con él? Lo tienen difícil porque lo cerraron en cuanto se abrió el San Carlo, y ahora sólo queda una iglesia. Pero a lo mejor, si consiguen la ayuda de un medium, pueden contactar ustedes con él en el mas allá. Si es así, denle recuerdos de mi parte al bueno de San Bartolomeo.
Música: “La serva padrona” 1. A Serpina penserete 2. Aspettare e non venire 3. Sempre in contrasti Patricia Biccire y Donato Di Stefano. La petite bande. Director: S. Kuijken
Transcripción de la entrevista.
Miren, miren cómo era yo por dentro. Qué maravilla de teatro, ¿verdad?
Interior del Teatro de San Bartolomeo
¿A ustedes les parece que era como para clausurarme? Pues lo hicieron, me cerraron en 1737 alegando que estaba viejo y ruinoso. ¡Y eso que no tenía ni 120 años! Para sustituirme construyeron el de San Carlo, que pronto cumplirá 300 años y ahí lo tienen, tan fresco, presumiendo encima de ser el teatro de ópera en activo más antiguo del mundo.
Ahora, como ven, me han convertido en iglesia. Iglesia de Santa Maria della Graziella me llamo. Pero en mis buenos tiempos era el mejor y el mayor teatro de ópera de la ciudad. Aquí estrenaron muchos compositores importantes: Mancini, Fago, Bononcini, Leo, Hasse… y Pergolesi. ¡Ah, sí! ¡Pergolesi! ¿Ya les han hablado de “Salustia”? Bueno, entonces yo les diré algo sobre las piezas que estrenó después del terremoto.
Durante buena parte de 1733 los teatros estuvimos cerrados en señal de duelo por el terremoto que había habido el año anterior, pero en cuanto nos abrieron de nuevo y se pudo volver a representar óperas, allí apareció Pergolesi con una ópera seria que le habían encargado para celebrar el cumpleaños de la Emperatriz María Cristina. La ópera en cuestión era “Il prigioner superbo”. Se podría pensar que tuvo mucho éxito, porque se estrenó el 5 de septiembre y siguió en cartel hasta octubre. Pero en cualquier fuente que busquen leerán que la ópera en sí pasó sin pena ni gloria, y que lo que tuvo un éxito impresionante fue el Intermezzo “La serva padrona”.
¿Ya saben ustedes lo que eran los Intermezzi? ¿Y han oído hablar de “La querelle des bouffons”? Si leyeron la Opera del Mes que dedicó Despinetta a esta obrita en abril de 2011, seguro que sí. Pero, para los que no lo leyeron y para los nuevos, se lo voy a resumir en pocas palabras. Cuando iban a la ópera, los napolitanos no podían estar ni un minuto sin oír música, y por eso, se componían obras breves para los descansos entre acto y acto. De ahí que se les llamase intermezzi. Como el drama principal solía ser una ópera seria, con argumento solemne y complejo, los intermezzi eran todo lo contrario: operitas bufas, ligeras, con las cuales la audiencia se relajaba mentalmente desenganchándose durante un ratito de los graves sucesos que acontecían en la obra principal.
“La serva padrona” fue todo un hallazgo. Con un texto genial y divertidísimo de Gennarantonio Federico, el libretista preferido de Pergolesi, y una partitura para sólo dos voces, alcanzó un gran éxito y pronto se representó fuera de Nápoles, y aun de Italia. Ya había muerto Pergolesi cuando llegó a París, en 1752, y los Enciclopedistas (ya saben, Rousseau, d’Alembert, Diderot), exaltaron su espontaneidad, su claridad, su naturaleza, y la tomaron por bandera frente al acartonamiento de la ópera oficial del Antiguo Régimen. Rousseau
En mayo, Carlos de Borbón conquistó Nápoles. Parte de la aristocracia que había apoyado a los Habsburgo se refugió en Roma, entre ellos el príncipe Colonna di Stigliano y otro noble que había ayudado a Pergolesi, el duque Marzio Maddaloni Carafa. El músico se fue con ellos, pero en octubre volvió a estrenar una ópera en mi escenario: “Adriano in Siria”. Quizá fuera para congraciarse con el nuevo rey, ya que Pergolesi escribió la obra para el cumpleaños de su madre, la reina Isabel de Farnesio, y según parece, quiso identificar en la ópera las virtudes morales y políticas del Emperador romano con las del nuevo rey de Nápoles, Carlos III. Palacio del Virrey, en Nápoles
Pergolesi utilizó un libreto de Metastasio que, como todo lo que ideaba este hombre, fue una mina para los compositores. Antes que Pergolesi, y miren que sólo habían pasado dos años desde que lo escribiera Metastasio, ya lo habían utilizado Caldara y Giacomelli. Y después de Pergolesi fueron infinidad. Casi salía un “Adriano in Siria” al año, y acabó habiendo unas sesenta óperas basadas en ese libreto y con el mismo título.
De todos modos, la de Pergolesi presentaba varios cambios en el libreto: las 27 arias del drama se quedaron en 20; dos arias del tercer acto fueron sustituidas por un duetto; y en muchos de los fragmentos se utilizaron textos sustitutivos. Curiosamente, ninguna de las tres arias de Farnaspe tiene el texto originario. Farnaspe que, por cierto, se convierte en el personaje principal y que en el estreno fue interpretado nada menos que por Cafarelli. Y a pesar de ello, el público acogió la obra bastante tibiamente. Hay quien dice que fue precisamente por motivos políticos, porque consideraban a Pergolesi un filoaustríaco y porque se consideró inoportuno el relieve dado, al final de la ópera, al gesto de tolerancia que Adriano tiene hacia el enemigo, por comparación a cómo se las gastaba el régimen de Despotismo Ilustrado de Carlos III. Caricatura de Cafarelli
Para conocer el argumento, lo mejor es que vayan a Jesi y hablen con el Teatro Pergolesi, ¿saben?. La representaron en él hace sólo dos años; se acordará mejor que yo.
Ah, pero antes de despedirles les diré que, al igual que en su anterior ópera, Pergolesi incluyó un intermezzo en “Adriano in Siria” que se titulaba “Livietta e Tracollo”. Y se repitió la historia: el intermezzo se hizo más famoso que la propia ópera, aunque ni mucho menos llegó al nivel de “La serva padrona”.
Bueno, ahora sí. Me vuelvo al polvo y las tinieblas del más allá. Disfruten con lo que están oyendo de “La serva padrona”.
Asunto: Re: Obra del año 2012. Loge - Lieto così talvolta (p.10)
Publicado: 14 Sep 2012 7:16
Div@
Registrado: 12 Ene 2010 18:39 Mensajes: 1806 Ubicación: Zaragoza
El Teatro Pergolesi de Jesi nos cuenta el argumento de “Adriano in Siria”
Las imágenes son de la representación de 2010 en Jesi con Marina Comparato (Adriano), Lucia Cirillo (Emirena), Annamaria dell’Oste (Farnaspe), Nicole Heaston (Sabina), Stefano Ferrari (Osroa) y Francesca Lombardi (Aquilio) Accademia Bizantina. Director: Ottavio Dantone
Música: 1. “Saggio guerrero antico” (aria de Aquilio, Acto II) Francesca Lombardi 2. “L’estremo pegno almeno” (Dúo de Emirena y Farnaspe, Acto III) Lucia Cirillo y Annamaria dell’Oste
Escuchamos el aria candidata a Obra del Año, “Lieto così talvolta”, en una segunda versión, a cargo de Jolanta Omilian
Transcripción:
¡Sí, sí! Hacen bien en preguntarme a mí, porque esta historia pocos teatros la han visto. El viejo San Bartolomeo, que la estrenó, el Teatro de la Pérgola de Florencia en el 85, y yo. Creo que no hay más. Aquí lo puso en escena Ignacio García en 2007, y recuperaron la producción en 2010 para celebrar el tricentenario del compositor.
Vale, les cuento la historia, que, como verán, es Metastasio en estado puro.
La acción transcurre en Antioquía. El Emperador Adriano acaba de derrotar a los partos, cuyo rey, Osroa, está en paradero desconocido. Los romanos han hecho prisioneros a su hija Emirena y a un noble llamado Farnaspe, que fue el personaje del castrato Cafarelli el día del estreno. Aquilio, el lugarteniente de Adriano, informa a éste de que Farnaspe ha pedido audiencia y el Emperador se la concede.
Farnaspe declara que ama a Emirena y pide su liberación, contrariando a Adriano porque éste también está enamorado de la princesa, pese a que oficialmente está comprometido con una joven noble romana llamada Sabina. El Emperador decide hacer venir a Emirena y que ella diga si corresponde al amor de Farnaspe o no. En el primer caso, dejará libres a los jóvenes partos y él tendrá que seguir adelante con su compromiso y casarse con Sabina.
Esta posibilidad no le conviene a Aquilio, el lugarteniente, ya que está enamorado de Sabina. De manera que Aquilio empieza a intrigar. Hace creer a Emirena que el Emperador, aunque no lo aparente, está tan celoso y enfadado que la llevará cautiva a Roma si descubre que ella ama al noble parto. Atemorizada ante tal perspectiva, la joven pide consejo, y el que le da el malvado Aquilio consiste en que finja indiferencia cuando la presenten ante Farnaspe.
Así lo hace Emirena. Cuando Adriano se presenta con Farnaspe, Emirena hace como que no le ha visto nunca. El joven parto no da crédito a lo que oye, y en cuanto se recupera del shock canta la amarga aria “Sul mio cor so ben qual sia” y sale corriendo. Adriano aprovecha que se ha quedado a solas con Emirena para declararle su amor, pero hete aquí que en ese momento llega desde Roma Sabina, la prometida. La aparición le corta totalmente el rollo a Adriano, quien, entre balbuceos, se desentiende de la noble romana alegando que tiene asuntos urgentes que atender y hace mutis por el foro. Sabina queda confusa, pero Aquilio se lo explica enseguida: el Emperador ama a otra, y es precisamente Emirena. Sabina se lamenta con la hermosa aria “Chi soffre, senza pianto”.
Cambia la escena. Ahora estamos en el patio del palacio imperial. Osroa, el rey parto, ha reaparecido, y con la ayuda de un puñado de seguidores acaba de incendiar el palacio de Adriano. Cuando va a huir, se encuentra en el patio en llamas con Farnaspe. Este, viendo el incendio y recordando que su amada está presa dentro del palacio, se lanza entre las llamas a salvarla. Los romanos consiguen controlar el incendio, pero como han visto a Farnaspe merodeando por el palacio, le creen culpable de haberlo provocado y lo encarcelan. Emirena, que, no obstante, se ha salvado, le visita en la prisión. Farnaspe afirma que ha ido a salvarla o morir, ante lo cual la joven confiesa que su indiferencia anterior fue fingida y que sigue amándole.
Y es ahora cuando, reconciliados, Farnaspe canta “Lieto così talvolta” para compararse con el ruiseñor que, pese a su cautiverio, es feliz si es amado. Como ya lo escuchamos el primer día a Annamaria dell’Oste, la cantante que lo interpreta en la versión que estamos escuchando, se lo oiremos hoy a Jolanta Omilian.
En el Acto segundo, Emirena habla con Sabina y le confiesa su amor por Farnaspe. A fin de alejar a su involuntaria rival y quedarse con el campo libre, la joven romana se compromete a ayudar a escapar a los amantes partos. Emirena besa, agradecida, la mano de Sabina.
Sabina y Adriano mantienen una discusión sobre la fidelidad del último. Cuando se van, Aquilio canta su aria “Saggio guerrero antico”, en la que expresa que, con paciencia y estratagemas de guerrero, aún confía en ganarle la partida amorosa a su propio Emperador.
Cuando Farnaspe está esperando a Emirena para fugarse, aparece Osroa disfrazado de romano. El rey parto cuenta a Farnaspe que con ese disfraz ha dado un nuevo golpe: se ha internado en palacio, ha llegado hasta Adriano, lo ha apuñalado y lo ha dejado por muerto. Emirena observa desde lejos la conversación entre los dos hombres, pero a causa del disfraz no reconoce al padre. En ese momento llega Adriano, más vivo que nunca. Y de nuevo hace prender a Farnaspe creyéndole autor del regicidio frustrado. Pero Emirena, para salvarle, acusa a Osroa, que trataba de esconderse, sin darse cuenta de que es su padre hasta que es demasiado tarde. Adriano, furioso, los hace encarcelar a todos.
El comienzo del tercer acto lleva a su punto máximo las maquinaciones de Aquilio. Empieza con un diálogo entre él y Sabina donde el militar la convence de que Adriano, en castigo por favorecer la fuga de los partos, ha ordenado que se vaya, y además sin permitirle siquiera despedirse. En una conmovedora aria, Sabina expone sus sentimientos contrapuestos: por un lado, furiosa con Adriano por haberle sido infiel; por otro, le sigue amando.
Sabina se va, y entra Adriano. Enseguida nos enteramos de que el Emperador no había enviado a su ayudante para desterrar a Sabina sino, al contrario, para evitar que se marchase. Acto seguido Aquilio acomete la segunda parte de su plan: según él, Emirena se muestra desdeñosa con el Emperador para contentar a su padre Osroa, pero Adriano podría ganarse a éste ofreciéndole la libertad y la devolución del trono, y así conseguir que la joven cambie de postura. A Adriano le parece bien, pero cuando le ofrece el pacto a Osroa, éste, en vez de hablar a Emirena en su favor, le dice que odie siempre a los romanos.
Adriano, engañado una vez más por los partos, agarra un cabreo de aquí te espero y decide llevarse al rey encadenado a Roma. Para evitarlo, Farnaspe pide a Emirena que suplique perdón a Adriano, aunque sea al precio de renunciar a su amor.
En la escena final, Sabina está saliendo del palacio para dirigirse a la nave que ha de llevarla a Roma, cuando Adriano la intercepta, extrañado de que no quiera despedirse de él. Entonces se descubre la traición de Aquilio, que, naturalmente, es enviado a hacer compañía a Osroa en el calabozo. Aparecen Emirena y Farnaspe. La joven se ofrece a casarse con Adriano si éste perdona a su padre. Viendo vacilar al Emperador entre el deseo y el deber, Sabina le libera de todo compromiso. Y es entonces cuando, comprendiendo la virtud de la joven romana, Adriano toma su decisión final: se queda con ella, permite que se unan Farnaspe y Emirena, devuelve la libertad y el trono a Osroa, e incluso acaba perdonando a Aquilio.
¿Para un foro? ¿Cómo yo? Ah, de internet. Bueno, no sé qué es eso pero, ya que han venido hasta aquí, les diré lo que recuerdo de Pergolesi.
Sí… Estuvo aquí en mayo de 1734. Había llegado acompañando a su señor, el príncipe Colonna di Stigliano. En Nápoles había subido al trono Carlos III, Borbón, y como el príncipe era partidario de los Habsburgo se exilió aquí, en Roma, que era territorio neutral. Pergolesi paseaba por aquí algunas veces. Tal vez buscaba inspiración, o imbuirse del espíritu de la Roma Antigua, porque pocos meses después estrenó en Nápoles una ópera sobre Adriano. El Arco de Tito, la Basílica Giulia, la casa de las vestales…, todos le veíamos pasar y nos daba mucha pena aquel joven músico que arrastraba la pierna y que llevaba ya en el rostro los signos de la enfermedad que causaría su temprana muerte.
El duque Maddaloni Carafa
Aquí, en Roma, cambió de patrón. Entró al servicio del duque Marzio IV Maddaloni Carafa, que por su matrimonio con Anna Colonna era pariente lejano del príncipe. Y el duque le puso en un buen aprieto, porque, partidario de los Habsburgo como era, quiso manifestar su fidelidad a la dinastía organizando una interpretación de la Misa de San Emidio, que era un santo especialmente venerado por los Emperadores austríacos. Pergolesi dirigió la obra en la Iglesia de San Lorenzo in Lucina, y por eso la Misa en cuestión se llama también “Misa romana”. Según testimonios de algunos que asistieron, la iglesia estaba tan atestada de gente que incluso se temió que se hundiera el suelo. La interpretación de la Misa romana fue un gran éxito para Pergolesi y fue el primer paso para que ganase fama fuera de su ciudad natal, pero, por el contrario, el compositor quedó identificado con los partidarios de los austríacos, lo que supuso un lastre para él cuando volvió a Nápoles. Se dice que fue por eso por lo que su “Adriano en Siria” no triunfó, pese a su música excelente.
Hay una caricatura suya de la época en que estuvo en Roma, hecha por Pierleone Ghezzi, quien retrató primero el rostro y más tarde, en un segundo diseño, añadió de memoria el cuerpo. Se ve a un joven corpulento, vagamente negroide, y con la pierna izquierda encogida, como en los enfermos de poliomielitis. Es una caricatura, sí, pero al menos, es un retrato hecho en vivo, no como muchos cuadros pintados después de su muerte, donde el joven aparece idealizado y muy distinto.
Al término del verano, Pergolesi regresó a Nápoles. Pero el público romano quería una obra suya, y así, en enero del año siguiente estrenó en el Teatro Tordinona un drama en tres actos titulado “L’Olimpiade”, con libreto de Metastasio. ¡Qué bonita fue aquella ópera! ¡Cuánta belleza y cuánta gracia había en el aria “Che non mi disse un dì”, en el duetto “Ne’ giorni tui felici”, y cuánta expresividad en el recitativo sin instrumentos que precede al aria “Se cerca, se dice”, que ninguna persona sensible podría escuchar sin derramar lágrimas. ¡Y qué fuerza la de la propia aria! Pero la mala situación financiera de los empresarios obligó a quitar las partes del coro y a contratar cantantes de segunda, y la ópera no triunfó.
El teatro Tordinona
Otro joven napolitano, Egidio Duni, logró poco después un gran éxito en el propio Tordinona con una ópera titulada “Nerone”, y es curioso, porque la compuso al estilo de Pergolesi. Ambos se hicieron amigos, y Duni trató de consolar a Pergolesi diciéndole que los méritos de “L’Olimpiade” se hubieran apreciado más en un local pequeño que en el gran Tordinona. Así pues, la ópera no se interpretó de manera acorde a su valor musical y acabó en fracaso. Después de eso, Pergolesi abandonó Roma y ya no volvió.
Música: Stabat Mater. 1. Inflamatus et accensus 2. Quando corpus morietur
Versión de Christopher Hogwood con la Academy of Ancient Music. Emma Kirkby y James Bowman
Transcripción de la entrevista.
¡Sobre todo, que salga bien la cúpula! No me la saquen achaparrada, que me han dicho que la tele engorda. Catedral de Pozzuoli
En cuanto a Pergolesi… Es verdad, lo tengo aquí enterrado. Al principio estaba en una fosa común, pero ahora tiene una capilla construida ex profeso. Tumba de Pergolesi
¿Cómo acabó aquí? Pues verán: la desorganización del mundo del teatro en Roma y sus problemas de salud cada vez mayores lo indujeron a volver a Nápoles. Pese estar enfermo de tuberculosis, aún compuso una última ópera, “Il Flaminio”, que se estrenó en otoño de 1735, y ésta sí que fue un gran éxito. El editor del libreto hizo constar que por entonces Pergolesi ya era organista de la Capilla Real.
Tras el éxito de “Il Flaminio”, a Pergolesi le llegó el encargo de la serenata, “Il tempo felice” para la boda de unos nobles, pero la tuberculosis empeoró y tuvo que interrumpir la composición. Pergolesi se trasladó a Pozzuoli, donde se creía que había un clima más sano y podía contar con la asistencia de los monjes del monasterio franciscano del pueblo, un instituto religioso que estaba bajo la protección de la familia Maddaloni. Aquí aún compuso cuatro cantatas de cámara, la Salve Regina y el Stabat Mater, la obra que le hizo más célebre, junto con “La serva padrona”.
La historia que cuenta uno de sus primeros biográfos sobre la composición del Stabat Mater es curiosa y, a la vez, bien triste. En la antigua iglesia del Largo del Palazzo Reale de Nápoles, dedicada a San Francisco de Paula, había una congregación dedicada a la Virgen de los Dolores, que todos los viernes de marzo hacía una celebración en la que se cantaba el Stabat de Scarlatti. Nápoles. Largo del Palazzo Reale
Pero, habiendo oído la música de Pergolesi, los hermanos le encargaron otro a él, y le anticiparon 10 ducados. Después vinieron los cambios políticos, Pergolesi marchó a Roma y se olvidó del asunto. Sin embargo, cuando se instaló aquí, entre los franciscanos, se acordó de la obra que le habían comisionado y se puso a escribirla.
Francesco Feo, que era buen amigo suyo, le visitó un día. Al ver que estaba escribiendo, le riñó y le dijo que ya era hora de que dejase de escribir música. Pergolesi respondió: “¡Ay, querido maestro, escribo un Stabat a dos voces para la Congregación de los Caballeros de San Luigi di Palazzo, que el año pasado me dieron diez ducados. Así que tengo que componerlo, y lo que escribo no vale ni diez reales, así de débil y acabado estoy. Permítame Dios que lo termine!”. Feo volvió a los pocos días y ya lo encontró moribundo. Según dice la tradición, esta obra la acabó el ultimo día de su vida, el 17 de Marzo de 1736, a los 26 años. No tenía dinero cuando murió y fue enterrado en la fosa común de la catedral de Pozzuoli y sus bienes fueron vendidos para pagar el funeral, el entierro y las deudas. “Las últimas horas de Pergolesi”, cuadro de Gustavo Nacciarone
Conclusión.
En vida, la fama de Pergolesi se limitó a Nápoles y Roma. Pero tras su muerte, un puñado de composiciones (“La serva padrona”, “Livietta e Tracollo”, algunas arias, el Salve Regina y el Stabat Mater) se difundieron por toda Europa, que descubrió a este compositor y lo hizo objeto de culto. La sensibilidad prerromántica de mediados del siglo XVIII creó la leyenda del músico grande y desgraciado, genial e infeliz, y Pergolesi pronto se convirtió en un mito. Un mito que aprovecharon comercial y publicitariamente muchos compositores para hacer pasar sus obras por obras de Pergolesi. Aparecieron multitud de apócrifos mientras paradójicamente, se iban olvidando las composiciones que eran realmente suyas.
Sólo recientemente una gran labor internacional de musicología ha recuperado la dimensión real de Pergolesi. Y su auténtica imagen se ha revelado tan fascinante como la mitificada por la tradición. Su música no sólo testimonia una personalidad creativa extremadamente refinada y compleja, sino que supone un vistazo, un examen de una época y una sociedad observada e interpretada desde todos los puntos de vista: la gestualidad plebeya y la burla de sus óperas bufas, el tierno sentimentalismo burgués de las comedias, la pompa y la aristocrática melancolía del drama tardo-barroco y metastasiano, con su pirotecnia técnica, la solemnidad de las grandes composiciones sacras…
Las investigaciones sobre su música y su vida continúan, y siguen revelando un mágico caleidoscopio de una fantasía y una capacidad de análisis extraordinarias.
Antes de despedir a Pergolesi, podemos escuchar una última versión del aria candidata, cantada por Monika Gonzalez
Varias de las anécdotas que se han ido contando sobre la vida de Pergolesi, como la del maestro de violín, o la visita de Francesco Feo a su lecho de muerte, proceden de una de las primeras biografías que se hicieron sobre el autor: "Elogio di Giambattista Pergolesi", de Giuseppe Sigismondo.
El resto lo he obtenido por el procedimiento habitual: teclear "Pergolesi" en Google e ir abriendo todo lo que aparecía. Así, las pocas cosas que se conocen con seguridad sobre él, como el motivo de que a su familia se le apodase "Pegolesi", las habré leído una veintena de veces. En cambio, hay detalles en los que las fuentes se contradicen, y he acabado optando por lo que me ha parecido más lógico. Por ejemplo, no he logrado averiguar con total certeza cuándo dejó Pergolesi de servir al Príncipe Colonna y pasó al servicio del Duque Maddaloni Caraffa, pero, vista la filiación política de cada uno, he considerado que lo más normal sería que hubiese ocurrido durante su estancia en Roma.
En fin, no creo que tenga sentido citar todas las fuentes, pero al menos nombraré las dos más importantes: http://www.centrostudipergolesi.unimi.it/luoghi.php Tratándose del Centro de Estudios sobre Pergolesi, la he tomado como mi fuente principal. De aquí proceden, entre otras cosas, varias de las fotos y los tres párrafos finales, los de la "Conclusión", que han sido transcritos literalmente.
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