Dos palabras, muy esquemáticamente, que había más gente en el teatro y seguro que ellos se podrán extender: Delirio tifoso en Coruña en un recital que se prolongó por más de tres horas y en el que Celso Albelo demostró estar en un grandioso momento de forma, mucho mejor que hace un año en
Elisir d'amore. La voz del canario suena más varonil que nunca; el centro ha ensanchado notablemente en el último año, y el sobreagudo sigue siendo facilísimo, como siempre lo ha sido. Ninguna sorpresa. Pocos tenores mejores se podrán encontrar para el belcanto romántico que él. Su
Furtiva Lagrima, por ejemplo, es INCONTESTABLE hoy por hoy (
ya quisiera uno que yo me sé cantarla así...) y su escena de Edgardo (que nunca le había escuchado hacer antes) está dicha con un fraseo y una intención al alcance de muy pocos. Sobre sus acercamientos a
Anna Bolena (de los tres mejores tenores actuales para hacer el Percy),
I Puritani (EL Arturo actual) o
Rigoletto (que, sobre todo en el dúo lo pone algo al límite; aunque el
pensiEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEr que culminó la
Donna é mobile era algo interminable) no me detengo mucho. Un TENOR con mayúsculas.
Pero no nos engañemos, que Albelo iba a hacerlo así era visto. Lo que es más sorprendente es la intervención de la señora
IRINA LUNGU, que ya me había causado una gratísima impresión como Adina el año pasado. El concierto de esta noche no es más que la demostración de que estamos ante una de las cantantes más injustamente relegadas al segundo plano de la actualidad. Porque lo tiene TODO para ser una fuoriclasse. Una voz de lírico-ligera con cuerpo, que se apoya mucho en ese matiz lírico, por medio de un color algo oscuro, que no le impide ascender a un (sobre)agudo luminoso y timbradísimo. No será una voz grandísima, pero está tremendamente bien proyectada; canta con sensibilidad, organiza las variaciones con inteligencia... y ADEMÁS de todo eso, también está bastante buena. A esto habría que añadir que es un gustazo escuchar este repertorio que cada vez se adjudica más a soubrettinas con dos gramitos de voz a una voz con carne y cuerpo como es la suya. Aporta una nueva visión a estas páginas.
Una cantante que es muy (pero MUY) superior a las Cantarero, Rancatore, Ciofi, Peretyatko, Netrebko, Machaidze, Gheorghiu, Dessay (a día de hoy...) y quién sabe cuántas más que ahora no se me vendrán a la cabeza, inexplicablemente, están haciendo carreras muchísimo más poderosas. Después de su
É strano! (culminado con un Mi Bemol de aquí te espero, larguísimo y que debió resonar hasta en la Torre de Hércules), recibió una ovación unánime, larguísima, clamorosa y ensordecedora, que la emocionó visiblemente. Hay quien dice que lo único que se le puede reprochar es una dicción a veces algo confusa (he escuchado dicciones peores...). A mí, cuando se canta ASÍ, pues la verdad la dicción me da un poco igual.

. Retengan su nombre urgentemente.
No quisiera olvidarme del gran Daniel Oren, que hizo que la Sinfónica de Galicia sonase como nunca (múltiples comentarios en la línea de "parece otra orquesta", "que Víctor Pablo venga y aprenda" y similares), y, sobre todo, dejó cantar a los cantantes, que en este repertorio es cosa fundamental. Además, para dirigir entra en un curioso estado de enajenación que le lleva a gesticular, cantar con los cantantes, y hacer toda una serie de ejercicios gimnásticos, incluyendo una personalísima versión del
salto de la rana que en su día popularizase El Cordobés: donde el diestro tenía banderillas, el maestro tiene una batuta... El resultado: parece otra orquesta.

Exitazo, teatro lleno y ovaciones para todos.